Autor: Contreras, Lorenzo. 
   Facturas al gobierno socialista     
 
 ABC.    18/02/1983.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Cuaderno de notas

Facturas al Gobierno socialista

En este momento político, caracterizado por la huelga de los Cuerpos de elite de la Administración y de

otros segmentos sociales de inferior alcurnia y de inspiración distinta, una de las ponencias del III

Congreso de la Magistratura, recién clausurado en Madrid por el ministro señor Ledesma, hace traslúcida

una posibilidad bastante difícil de concebir en otros tiempos: que el descontento se extienda, con

consecuencias ruinosas, a los propios servidores directos de la Administración de Justicia. Lo decimos

porque el indicado texto, al enfocar el tema clásico de la indigencia de ese complejo e importante mundo,

previene a las autoridades políticas sobre la necesidad de que los próximos Presupuestos Generales del

Estado resuelvan algunos de sus más acuciantes problemas económicos.

Los autores de la ponencia aprobada en aquel Congreso expresan la intención corporativa de utilizar

como medio de presión, si los males no se curan, «todos los cauces legales a su alcance». La idea de una

Administración de Justicia paralizada por reivindicaciones concretas no deja de ser insólita. No parece

sino que todas las grandes facturas sociales acumuladas durante inveterados tiempos van a ser pasadas en

cascada por la ventanilla del Gobierno que preside don Felipe González.

Algún apremio debe llevar esta inquietud de la Magistratura cuando el presidente del Consejo General del

Poder Judicial, alterando posiblemente el protocolo que distingue a los supremos representantes de los

poderes del Estado, visitó hace pocos días, en la Moncloa, al vicepresidente, Alfonso Guerra, que le

concedió un corto tiempo de diálogo.

El «presupuesto» del Consejo General del Poder Judicial, órgano máximo de la Justicia, lo gestiona o

reclama el Ministerio del mismo nombre. No cabe especular con una seria divergencia entre ambas piezas

de la Administración. El señor Ledesma fue miembro del Consejo hasta su designación ministerial. Los

roces con Pío Cabanillas pasaron a la historia gracias a Ledesma, aun a trueque de que el departamento

sito en la calle de San Bernardo quede convertido en mera envoltura administrativa, vacía de las

funciones que otorgan sentido a Ministerios análogos en todos los países de Occidente.

Cambiando de tema, valga tener presente que, por fin, se ha conocido una primera «entrega» o relación de

nuevos embajadores, dentro de la política revisora o combinadora que don Fernando Moran se ha

impuesto. Los reajustes han respondido a lo que se esperaba, con alguna que otra novedad, como, por

ejemplo, la de don Jorge del Pino como representante diplomático de España en Holanda. Se suponía que

este nombramiento tardaría algo más. Pero no ha sido así. El señor Del Pino figuraba en una lista de

«placets» solicitados a distintos Gobiernos extranjeros por el ministro centrista José Pedro Pérez-Llorca.

Es evidente que el señor Moran, a quien tanto se reprocha la inclinación al cambio caprichoso, ha

controlado en este caso su profundo apetito decapitador o traslaticio y ha respetado la preferencia de su

antecesor en el palacio de Santa Cruz.

No cabe dudar razonablemente de la competencia de nuestro nuevo embajador en La Haya. Tan sólo

acaso proceda señalar, con la timidez o sordina reclamada por los datos menores, que el señor Moran y el

señor Del Pino son parientes políticos.

Lorenzo CONTRERAS

 

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