Autor: Prego, Adolfo. 
   Joan Báez     
 
 ABC.    11/10/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ABC. MIÉRCOLES, 11 DE OCTUBRE DE 1978.

JOAN BAEZ

«LOS que vais a morir...», dicen las autoridades al pedir disciplina y silencio a los modestos de las

fuerzas del Orden Público. La veda se levantó hace demasiado tiempo en las Vascongadas, y los

asesinatos han alcanzado una escalofriante regularidad, que incluso podría permitir al Gobierno fijar de

antemano el número de caídos en el «cumplimiento del deber». ¿Qué deber? Tengo entendido que en las

ordenanzas del Ejército norteamericano existe un articulo, que dice: «El soldado de los Estados Unidos no

tiene la obligación de morir por su patria, sino de hacer que los enemigos mueran por la suya», punto de

vista pragmático al que me sumo con entusiasmo. Pero aquí, entre nosotros, los policías armadas y los

guardias civiles tienen reducido su papel a servir de dianas. El remedio a tanta tragedia consiste, al

parecer, en continuar perfeccionando ¡a democracia. Y no logro entender por qué la democracia va a

desanimar a los terroristas, para los cuales nuestra flamante Constitución no es otra cosa que un rollo de

papel higiénico (con perdón).

¿Cuánto puede durar ese proceso de convencimiento de que «no nos moverán», como dice la bellísima

canción popularizada por Joan Báez? ¿Veinte, treinta años? ¿Acaso más, acaso menos? Misterio. La

canción de Joan Baez, entonada desde los escaños parlamentarios y desde los despachos ministeriales

tiene un significado siniestro. Porque no vaya a engañarse el lector pensando que quienes la cantan son

los terroristas. Nada de eso. Son los otros, los que se aterran a la única idea de que con libertades

democráticas y serenidad a toda prueba el problema acabará por desaparecer. Ellos, desde luego, «no se

moverán». A ver quién se cansa antes. He ahí la fórmula salvadora. Como programa es poco sugestiva;

como amenaza, insuficiente.

Corremos el peligro de que el himno de la democracia española acabe siendo esa canción, cuyo estribillo,

que habla de que «no nos moverán» y que tenemos el sólido arraigo de «un árbol junto al río», conviene

perfectamente a la única idea que se lanza a la cabeza de los terroristas, los cuales sonríen... y disparan.

¿No hay por ahí alguien capaz de hablar otro lenguaje más acorde con la realidad de lo que está

sucediendo?— Adolfo PREGO.

 

< Volver