Autor: Menéndez del Valle, Emilio. 
   El interés de España y la nueva situación en el Sahara occidental     
 
 El País.    22/08/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

INTERNACIONAL

El interés de España y la nueva situación en el Sahara occidental

EMILIO MENEZDEZ DEL VALLE De la Secretaría de Relaciones Exteriores del PSOE

La República Islámica de Mauritania cometió un error histórico al cambiar totalmente su política sobre el

Sahara en 1975 y alinearse en el reparto del territorio con Marruecos. El error cobraba dimensiones

particulares si se tiene en cuenta que hacía entonces poco tiempo que Marruecos había reconocido

formalmente la existencia del Estado mauritano, existencia obcecadamente negada durante diez años,

dado que el expansionismo marroquí reivindicaba no sólo todo el Sahara, sino también el propio territorio

mauritano.

La escasa visión política de los dirigentes mauritanos de 1975 supuso el inicio de una desastrosa aventura

—de la que hoy el país se desengancha— por un escaso plato de lentejas, la porción de desierto (90.000

kilómetros cuadrados) conocida como Río de Oro por los colonizadores y que, a pesar de su nombre, no

tiene ni lo uno ni lo otro. Los fosfatos, en ingentes cantidades, quedaron bajo control marroquí.

Hay, pues, que felicitarse —por el bien de los mauritanos, por el de los pueblos de la zona y por la paz y

seguridad internacionales de la misma— de que Mauritania haya firmado el 5 de agosto pasado un

acuerdo formal de paz con el Frente Polisario, en virtud del cual dicho país «declara solemnemente que

no tiene ni tendrá reivindicaciones territoriales ni otras sobre el Sahara occidental».

Sin embargo, dicho acuerdo y la prepotente invasión militar marroquí de la parte del Sahara ahora

abandonada por Mauritania crea una situación nueva en el área, que hay que considerar cuidadosamente y

sobre la que España debe definirse. Veamos los principales ingredientes de tal situación y las

consecuencias y observaciones que de la misma pueden derivarse:

Ambos hechos —retirada mauritana e invasión marroquí— implican de facto la invalidación del acuerdo

tripartito de Madrid sobre el Sahara firmado el 14 de noviembre de 1975 por España, Marruecos y

Mauritania. Sus términos han sido alterados por las acciones unilaterales mauritana (tendente a la paz) y

marroquí (proclive a la guerra), que, en cualquier caso, se apartan por completo de lo estipulado en el

acuerdo. Ello independientemente de que uno de los puntos esenciales del mismo -la prevista

autodeterminación de los habitantes del Sahara- no se llevara nunca a cabo, debido a la oposición de los

dos Estados invasores, ahora uno solo: Marruecos.

Internacionalización

Quedan a partir de ahora directamente enfrentados Marruecos y el Frente Polisario. En los últimos

tiempos todo indica que Hassan II pretende simultáneamente una bilateralización y una

internacionalización del conflicto. Bilateralización en el sentido de acrecentar las posibilidades de un

choque armado entre Rabal y Argel; internacionalización en el sentido de que, ante ese choque —

inmediatamente producido o con el fin de evitarlo en el último instante—, potencia o potencias ajenas al

área (muy probablemente Estados Unidos) intervendrían o serían llamadas a intervenir en el mismo.

Esa puede ser la estrategia de Marruecos. La duda estriba en si Hassan la concibe así en la seguridad de

que EEUU apoyará hasta el final y el fondo su postura con el fin de consolidar la presencia marroquí en

todo el Sahara ocupado —a sabiendas de que tal expansionismo es algo que difícilmente puede tolerar

Argelia y, por supuesto, contando con que la actividad guerrillera del Frente Polisario se incrementará al

máximo— o bien está convencido de la imposibilidad de mantener sus posiciones de hoy y actúa como lo

hace para acaparar bazas de cara a una negociación política que dé solución al conflicto. Sin duda, los

próximos días arrojarán luz en esta dirección. Luz que no puede venir de ninguna declaración pública del

monarca alauita por muy solemnemente que sea presentada, sino de los entresijos de la política interior de

Marruecos y de su relación con EEUU y Francia, cuando se manifiesten abiertamente.

Evidentemente, en el conflicto del Sahara la actitud de EEUU es clave. Es de esperar y suponer (aunque

no se pueda garantizar) que esta superpotenicia no cometa los mismos errores que con la OLP y el asunto

de Oriente Medio. Cárter, a pesar de tímidos intentos, no ha asumido todavía la posición realista del

diálogo abierto con los palestinos, debido a la enorme fuerza del grupo de presión sionista y proisraelí

dentro de su país. El no apoyar activamente ni siquiera la creación de un mini-Estado palestino en

coexistencia con el Estado de Israel es un error estratégico que sólo la presión del lobby sionista

norteamericano puede explicar.

Aislamiento marroquí

De modo similar —e independientemente de la opinión del Polisario sobre las futuras fronteras de la

República Árabe Saha-raui Democrática (RASD),— constituiría una segura equivocación política del

Departamento de Estado no ya no favorecer el asentamiento del pueblo saha-raui en la parte sur del

Sahara de la que acaba de desentenderse Mauritania, sino sobre todo, el apoyar, propiciar, tolerar (por

ausencia de presión) o simplemente no condenar la ocupación marroquí de tal territorio. Supongo que el

galopante aislamiento de Marruecos en África, mundo árabe (Siria es ya mili-tantemente prosaharaui),

ONU (el comité de los veinticuatro, descolonización, se ha inclinado por las tesis saharauis), la ausencia

de «un Israel» en el Magreb y de un lobby promarroquí de importancia en EEUU contribuirá a abrir los

ojos de la diplomacia norteamericana en el caso del Sahara. Y ello no puede significar sino la congelación

definitiva de la venta de todo tipo de armas que Rabal pueda utilizar en el territorio, y la puesta en marcha

de las presiones políticas y económicas que obliguen al actual régimen marroquí a abandonar sus

pretensiones expansio-nislas y a buscar decididamenle la paz.

Finalmente, la posición de España. La coyuntura de estas semanas venideras es la última oportunidad

interesanle que se nos présenla para enmendar errores pasados (el acuerdo tri-partito) y para inslrumenlar

una política exterior coherente respecto de la zona en cuestión. Ante el rápido curso de los aconteci-

mientos no valen medias tintas ni buenas palabras o intenciones. Si bien es verdad que en política ex-

lerior nos hallamos condicionados por la polencia hegemónica del bloque en que aclualmenle

nos encontramos (Estados Unidos) también lo es que disponemos de un cierto margen de maniobra. Un

ejemplo lo constituye la absurda decisión (por tomarla un Gobierno de UCD, no por ella en sí misma) de

que España acuda a la conferencia de los países no alineados, en La Habana. Decisión obviamente

contradictoria a causa de la línea geopolítica propugnada por el Gobierno Suárez. Incoherente decisión.

Tanto como los discursos del presidente Suárez en el extranjero acerca de una pretendida aspiración

«antihegemonista» de la polílica exlerior española. ¿Qué polílica? Sin embargo, esa decisión, aunque

incoherenle (o quizá por ello) ha sido «tragada» por EEUU, lo que habría sido imposible de no disponer

del grado de maniobra mencionado.

Dignidad y firmeza

Pues bien, utilicemos esa capacidad autónoma en lo que nos es urgente, inmediato y cercano, geográfica o

culturalmente. Y no, por ahora, en exagerados viajes a Brasil provistos de enorme y superfluo séquito,

incompatibles con nuestros presupuestos y a la postre improductivos. A la vista de los últimos, recientes y

nuevos acontecímienlos, España debe denunciar el desfasado acuerdo de Madrid, reconocer al Frente

Polisario como interlocutor valido, promover acciones diplomáticas y políticas a nivel regional que

favorezcan una solución negociada y justa del litigio, hacerse valer ante la potencia hegemónica de turno

a estos efectos (lo que nunca hemos hecho y hay medios), asumir un papel de dignidad y firmeza que

habrá de ser considerado por Marruecos y Argelia, entablar contactos serios con los representantes de la

RASD de cara al ya seguro futuro de ese país (pesca, cooperación económica futura...) y prepararse para

acluar ante las instancias internacionales (ONU) en el supuesto de una eventual internacionalización de la

guerra, pidiendo en su momento, en caso necesario, la actuación de los órganos competentes de Naciones

Unidas que evite, o por lo menos ponga en entredicho, la injerencia de potencias extrañas.

Este es el momento. Es la última oportunidad de poner en marcha en este asunto una política exterior que

nunca hemos llevado a cabo; es el momento de enhebrar una política para el Sahara y una política para

Guinea Ecuatorial, donde todo nos puede ser favorable; es la oportunidad de sistematizar una acción

exterior decente, congruenle, recíprocamenle fructífera con esos pueblos, en su interés y en el verdadero

interés de España, antes de que sea tarde, antes de que lo hagan otros; por ejemplo, Francia.

 

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