Autor: Fellah, Salah. 
   El Magreb y los pueblos (2)     
 
 El País.    11/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

El Magreb de los pueblos/y 2

SALAH FELLAH

Escritor y redactor del órgano central del FLN «Revolución Africana»

Esta vitalidad de la revolución argelina no podía dejar indiferentes a los regímenes vecinos, deteriorados

y sin recursos (que favorecen los intereses de la oligarquia nacional y del capitalismo extranjero, en

detrimento de los pueblos, manteniéndolos en un subdesarrollo medieval, y para los cuales libertad y

justicia aparecen como sueños inalcanzables).

Es muy cómodo recurrir a las quimeras del «Gran Marruecos» y sus «fronteras históricas», gritar contra el

peligro argelino para anestesiar la conciencia política de los pueblos. Es más fácil ofrecer un Corán y un

emblema nacional, empapar al pueblo con sermones seudorreligiosos para hacerle partir en cruzada, que

ofrecerles empleos, escuelas, hospitales y un modo de vida decente y digno. Esta es la diferencia abismal

y la línea de demarcación entre nosotros y nuestros vecinos. A partir de aquí todo el resto se puede

deducir. Es admitir también que la idea de un cierto concepto del Magreb no es compartida por todo el

mundo. Argelia sola no puede hacer el Magreb, y ante la falta de voluntad y de disponibilidad de los

otros, ¿cómo puede ella añadir una dimensión magrebina más firme y constante a su política? Sobre qué,

en efecto, puede articularse una gestión magrebina si no es sobre el encuentro de voluntades y sobre la

coherencia de alternativas, tanto internas como externas. La ausencia de una voluntad externa de nuestros

vecinos, demasiado ocupados por sus problemas caseros, la divergencia y el alejamiento de las

alternativas y las orientaciones políticas, no dan pie a una aproximación, ni siquiera superficial, que

pudiera desembocar en la vía de la supranacionalidad. Además, esta situación se muestra intrínsecamente

conflictiva, pues si la revolución argelina es lo suficientemente fuerte como para acomodarse con la

presencia al este de un liberalismo libremente escogido por el pueblo hermano de Túnez, y al oeste con

una monarquía de origen divino de otra era, la reciprocidad no existe, ni puede existir. El socialismo

argelino introduce en la escena política y social magrebina una formidable dinámica que cataliza las

energías revolucionarias de unos pueblos sometidos y oprimidos durante demasiado tiempo para no estar

ávidos de cambios y prestos a introducir los éxitos y las conquistas de los campesinos y los trabajadores

argelinos con los que se identifican y reconocen. No es una casualidad el que en cada crisis una coalición

secreta haya reunido siempre algunos regímenes extranjeros y, sobre todo el marroquí, contra Argelia. Y

el análisis revela que no se trata de una simple reacción nacionalista, que se podría calificar de sana, si no

fuera por la carga agresiva de inspiración extranjera. La coincidencia de un cierto número de

acontecimientos recientes, de origen diverso, y la conjugación de numerosos factores externos, muestran

que el Magreb, en el cual Argelia es la más firme muralla, sufre una agresión en un contexto internacional

preciso.

Es que el imperialismo más arcaico vuelve a reemplearse en el Mediterráneo occidental. En este

Mediterráneo, considerado un poco como el vientre madre de la OTAN, la fachada africana toma un

interés estratégico considerable, a condición, claro, de que Argelia sea neutralizada y que España sea

alejada de toda responsabilidad regional en provecho de otras potencias.

Pero volvamos sobre la idea magrebina. La reapolitik, que la ha sostenido hasta el presente, apunta en el

espíritu de algunos a llevar una cohabitación más que otra cosa, con todo lo que esto comporta de

inacabado y provisional, y en el cual era necesario vigilar la evolución y evitar las alertas continuas que la

amenazaban de tal forma que la conciencia magrebina que podía surgir resultaba atrofiada o estéril. ¿Y es

éste el porvenir que se prepara a los pueblos del Magreb? ¿Y es ésta la conciencia magrebina que se

propone legar a las generaciones futuras? Creer esto sería despreciar a los pueblos, porque hoy el Magreb

de vidad y espíritu secular de sacrificio. La tormenta que amenaza nuestra región tendrá, por lo menos, el

mérito de la clarificación.

Cuando Argelia, que no está falta de paciencia, ni de tenacidad, ni de fe en la comunidad de destino de los

países y los pueblos, propone hoy el Magreb de los pueblos, no se trata de un eslogan oportunista

propagado por sus deseos de desencadenar una tempestad, ni de una fórmula vacía, sino de un nuevo

camino que dirige el porvenir y defiende lo esencial. Los más altos dirigentes acaban de afirmar de nuevo

que Argelia no pone en cuestión el principio constante de su política de ni exportar su revolución y de no

servir de tutor a los pueblos de la región. El concepto del «Magreb de los pueblos» introduce cambios

significativos en la medida en que debe apoyarse sobre la adhesión y la voluntad popular que encuentre,

llegado el momento, las fórmulas adecuadas de su expresión, lejos de las pasiones y de las reflexiones

epidérmicas y dependiendo de una realidad social y política que reestructura y remodela la cara del

Magreb, insertándolo en un nuevo espacio histórico, basado en los nuevos valores de libertad, justicia y

progreso. Esta visión de un Magreb liberado y próspero, construido por lo que los pueblos tienen de

común y de diferente, se proyecta en las estructuras mentales para edificar una conciencia magrebina

todavía difusa o temporalmente anestesiada y es, en la medida en la que este proyecto se logre, en la que

se reanudará la problemática de la unidad.

 

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