Autor: Mendoza Cortina, Martine de. 
 Declaraciones en exclusiva del señor Valery Giscard d´Estaing. 
 La liberalización y la apertura contribuirían a que España formase parte del Mercado Común     
 
 ABC.    18/05/1974.  Página: 29-30. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

ABC

MADRID, SÁBADO

18 DE MAYO DE 1974 - NUM. 21.258 SIETE PESETAS

DECLARACIONES EN EXCLUSIVA DE VALERY GISCARD D´ESTAING

LA LIBERALIZACION Y LA APERTURA CONTRIBUIRÍAN A QUE ESPAÑA FORMASE PARTE

DEL MERCADO COMÚN

Es propósito de Francia, facilitar la integración española en la Comunidad Económica

El notable desarrollo económico español hace a esta nación compañera deseable para Europa

LA ARMONIZACIÓN DE ESTRUCTURAS DE LOS PAÍSES COMUNITARIOS PERMITE

ENCARAR PARA 1980 LA CREACIÓN DE UN CONTINENTE CONFEDERADO

Ofrevcemos a nuestros lectores, en exclusiva mundial, una entrevista concedida por el ministro de

Finanzas y candidato a la Presidencia de la República francesa, señor Valery Giscard D´Estaing, a Martine

de Mendoza Cortina.

—¿Piensa usted, señor ministro, que la nueva línea de «liberalización y apertura» del Gobierno del

presidente Arlas ayudará la entrada de España en el Mercado Común?

—España es parte integrante de Europa; ha ilustrado su pasado y ahora tiene, día a día, un peso

económico más importante en el mundo. Ciertamente, pues, pronto será parte del Mercado Común, y

todos los esfuerzos de «liberalización y de apertura» a que usted alude no pueden hacer otra cosa que

contribuir a ese momento. En lo que a mi se refiere, deseo que este acontecimiento se produzca lo antes

posible.

—¿Puede Francia aporta; su ayuda a la integración España en la Europa moderna?

—Yo diría que es un poco la vocación de Francia el facilitar esta integración: en primer lugar, por razón

de su posición geográfica; luego, como consecuencia de los lazos que la Historia ha forjado entre nuestros

dos países, y por fin, porque el notable desarrollo económico de España hace de esta nación un

«partenaire» cada día más interesante para el conjunto de los países del Mercado Común.

—¿Cómo ve ei papel de Francia en relación con Europa y particularmente con los países ribereños del

Mediterráneo?

—Creo que ambas, Francia y España, que mantienen relaciones privilegiadas con varias naciones situadas

del otro lado del Mediterráneo, jugarán un papel más, y más importante en esta zona de! mundo. En

primer lugar, deben ayudar a tales naciones en su desarrollo económico y social; igualmente deben ayudar

a promover el advenimiento de una cierta forma de «comunidad mediterránea», que no hará otra cosa que

concretar ¡a existencia de intereses económicos y políticos comunes a todas las naciones ribereñas del

Mediterráneo. Creo, en fin, que esta zona mediterránea constituirá el lazo de unión normal entre Europa y

el conjunto de África, aportando así una contribución positiva a la paz mundial. Permítame añadir que

deseo ver terminado, lo antes posible, el conflicto actual entre Israel y las naciones árabes vecinas;

mientras que dure este conflicto pondrá en peligro la paz mundial por la intervención de las dos potencias

más importantes en favor de uno u otro de los campos. Se puede contar con Francia para hacer todos los

esfuerzos que están en su poder para acelerar el fin de esta guerra y aportar su ayuda al arreglo final.

—¿Qué piensa de la idea gaullista de «la Europa de las patrias»?

—Con esta frase «la Europa de las patrias», el general De Gaulle, en su momento, querría simplemente

indicar que cada país europeo tenía sus propias estructuras políticas, económicas y sociales, y que, por

consiguiente, haría falta mucho tiempo para hacer de la Europa occidental una sola nación. Esto era una

prueba de realismo. Desde entonces, los países del Mercado Común han empezado a armonizar sus

estructuras, lo que nos permite encarar para mil novecientos ochenta ¡a creación de una Europa

confederada. Digo bien confederada —y no federada—, porque, como había previsto el general De

Gaulle, y como lo demuestran actualmente ciertas reacciones de nacionalismo económico, cada nación

tiende a preservar cierta independencia, que es precisamente la aportación de la estructura confederada.

—En política exterior, señor ministro, ¿cómo enfoca las relaciones con Estados Unidos?

—Desde la guerra de Independencia americana, Francia es «la amiga» de Estados Unidos, y esta amistad

es indisoluble. Esto no impide que tengamos en ciertos terrenos concepciones diferentes. Los intereses

económicos de los países europeos no coinciden siempre con los de los Estados Unidos, corno lo

demuestra, por ejemplo, la crisis de la energía. Pero no nos debemos dejar hipnotizar por esas

divergencias ni exagerar su importancia. Las naciones, como las personas, deben saber mantenerse en

calma y dar pruebas de un espíritu de tolerancia —tanto en el fondo como en la forma— cuando no están

de acuerdo. Es preciso, igualmente, tener en cuenta tos sentimientos de ciertos países vecinos del nuestro,

que tienen a veces un concepto algo diferente del nuestro respecto de sus relaciones con Estados Unidos.

—¿Cómo ve el papel de Europa en el mundo?

—Como ya le dije, creo en una Europa confederada, aun cuando las dificultades por-

que atraviesa actualmente el Mercado Común puedan, desde e! exterior, dar la impresión de un cierto

«reventón». Pero estas dificultades son episódicas, y cuando exista la Europa confederada, por supuesto

que tratará, en un plano de igualdad, tanto con los Estados Unidos como con China o la URS.; jugará, por

consiguiente, un papel primordial en el mundo, y creo que esto contribuirá a un mejor equilibrio general

entre las naciones.

—¿Cómo piensa1 resolver los problemas económicos y monetarios planteados por !a crisis del petróleo y

de las materias primas?

—Usted me plantea, de hecho, dos preguntas. Hay un problema monetario internacional, que la crisis del

petróleo no ha hecho más que agravar; y luego, hay un problema económico que se plantea en términos

diferentes para cada nación, según que se disponga o no de tal o cual materia prima esencial. El problema

monetario sólo podrá resolverse a escala mundial mediante la instauración de un nuevo sistema que tenga

en cuenta las realidades actuales, y de manera particular, la existencia del oro, al cual todos los hombres,

en todos los países, continúan atribuyendo un importante valor. Las reglas de ese sistema habrán de

imponerse a todas las naciones, cualesquiera que sean su poderío y su influencia.

—¿Respecto al problema esconómico?

—Por lo que respecta al problema económico, sólo podremos resolverlo en Francia bajo dos condiciones:

1. Desarrollando nuestras exportaciones, y entre éstas, sobre todo fas de los productos que comportan él

mayor número de «valores añadidos»; si todo va bien, creo que el equilibrio de nuestro comercio exterior

estará restablecido en unos dos años. 2. Al ayudar a (a creación de este nuevo sistema monetario

internacional, del que le acabo de hablar, sin el cual el comercio internacional no podrá continuar su

desarrollo. En mi opinión, ésta es «la prioridad de las prioridades» en el plano ínter-nacional.

—Bajo su mandato, ¿qué política social considerarte usted especialmente desde el punto de vista de

los enfermos, de los Inadaptados, de los ancianos, y de los subnormales?

—Si soy elegido, pienso Instaurar «un mínimo de recursos» para todos los franceses, incluidos, por

supuesto, todos aquellos que, a causa de su edad, de su estado de salud, o de su inadaptación vital no

pueden desempeñar un empleo. Este mínimo seria revisado periódicamente en función de las alzas

eventuales de los precios, de tal manera que estas categorías de franceses particularmente desfavorecidos,

no sufran de una disminución progresiva de sus recursos por causa de la inflación.

—¿Qué piensa, señor ministro, de la teoría del señor Sisco Mansholt sobre «el crecimiento económico

cero»?

—Creo que el señor Sisco Mansholt tiene razón al llamar la atención sobre el hecho de que las materias

primas no son inagotables. Pero pienso igualmente que antes de poder afrontar una sociedad nueva

«menos devoradora de energía y de materias primas» es preciso ante todo combatir las injusticias,

reduciendo notablemente fa diferencia existente entre las remuneraciones más elevadas y los salarios más

débiles. Luego, sólo lo conseguiremos pacíficamente en el marco de una economía mundial en expansión

cuyos nuevos frutos estarán repartidos más justamente entre las naciones y entre los hombres.—Martine

DE MENDOZA CORTINA.

 

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