Autor: Magaz Leboucher, Pablo. 
 El corresponsal de ABC entrevista al canciller alemán en plena campaña electoral. 
 Schmidt: "Trataremos de acelerar el ingreso de España en el Mercado Común"  :   
 "Ayudaremos a todos los Partidos Socialdemócratas, especialmente al español". 
 ABC.    02/09/1976.  Página: 1, 56. Páginas: 2. Párrafos: 25. 

EL CORRESPONSAL DE ABC ENTREVISTA AL CANCILLER ALEMÁN EN PLENA CAMPAÑA

ELECTORAL

SCHMiDT: "TRATAREMOS DE ACELERAR EL INGRESO DE ESPAÑA EN EL MERCADO

COMÚN"

«Ayudaremos a todos los Partidos Socialdemócratas, especialmente al español»

Nuestro corresponsal en Bonn está siguiendo en directo la campaña electoral alemana. En el curso de la

jornada de ayer. Pablo Magaz tuvo la oportunidad de conversar brevemente con el canciller alemán, el

socialdemócrata Helmut Schmidt, a quien formuló una seria de preguntas relacionadas con la realidad y

futuro de España y las relaciones entre ambos países.

BONN, 1. (Crónica de nuestro corresponsal, por teléfono.) En una caravana de Mercedes negros

desbocados ha atravesado con Helmut Schmidt y su séquito el «land» de Baja Sajonia, por una diagonal

de sureste a noroeste —entre la frontera de Alemania, la comunista, y el mar del Norte—, haciendo

escalas en Gotinga, Goslar, Verden, Delmenhorst y Emden, Si el político resiste hasta el 3 de octubre el

ritmo infernal de su programa móvil, será difícil que otro alemán le arrebate el cargo de canciller.

El peligro de estas caravanas electorales, en las que viajan la Policía, los candidatos, los guardaespaldas,

los políticos locales y (a Prensa a ciento noventa kilómetros por hora, con los parachoques de los unos en

los guardabarros de los otros para llegar a tiempo al mitin inmediato, no son sólo aparentes. Ayer por la

larde, mientras nuestra columna rodaba entre Delmenhorst y Emden, a pocos kilómetros de nuestra ruta,

uno de los automóviles que acompañaban al jefe de los liberales —Hans Dietrich Genchser— chocaba de

frente confra un deportivo conducido por un soldado del Ejército. En el accidente murieron cuatro

personas, entre ellas el corresponsal alemán Peter Lose, y dos periodistas más resultaron heridos de

gravedad.

De hoy al 3 de octubre Helmut Schmidt y Willy Brandt recorrerán en trenes, helicópteros y automóviles

cuarenta y seis mil kilómetros y harán apostolado político en cien ciudades diferentes.

SONDEOS—Los oráculos modernos en forma de sondeos, estadísticos hablan en Alemania todas las

semanas. La nivelación de las fuerzas políticas —49,5 por 110, de tendencia democratacristiana; 49,7 por

100, inclinadas por la coalición gubernamental— han comprimido los itinerarios y multiplicado el

número de los viajes. Los partidos enemigos luchan por arrancar de su Indecisión al 10 por 100 perezoso

del país con la magia personal da sus respectivos dirigentes. El destino de Alemania está, según las

últimas profecías técnicas, en manos de una minoría inerte formada principalmente por mujeres y

jóvenes. La lucha del 76 se caracterizará por el encono con que los partidos contrincantes perseguirán el

voto femenino.

ENTREVISTA—Entre Verden y Delmenhorst, en una pequeña cervecería de carretera donde se detuvo la

caravana de los mercedes negros para que sus ocupantes recuperasen fuerzas con un precipitado

almuerzo, pude acercarme unos momentos a la mesa donde Helmut Schmidt compartía con los políticos

locales y los especialistas en propaganda del partido un plato combinado de salchichas, huevos fritos y

patatas. Aún vibraban en nuestros oídos los gritos contestatarios de las minorías comunistas da Verden;

los tambores y las trompetas de la banda municipal; las aclamaciones de los afiliados socialdemócratas.

Todavía sentíamos los recientes empujones de la multitud, las órdenes de los policías, las correosas dis-

cusiones entre los viejos reformistas y los mar-xistas adolescentes. Aún persistía el eco de las palmas

estruendosas que habían cerrado la última intervención del canciller, cuyo cubierto estaba rodeado por las

notas del discurso inmediato.

Helmut Schmidt, al observar mi atuendo —vaqueros y camisa negra—, mis cabellos más largos de lo que

aconseja la moda en Alemania, me miró distendido:

—Parece usted un periodista local muy de vanguardia —afirmó irónico mientras sus comensales fijaban

en mí sus ojos y sus sonrisas.

—Pues soy un periodista español.

En los ojos azules, fríos e inteligentes del canciller desaparece una momentánea sorpresa. Contestará con

gran cautela. Desde que sus juicios sobre política exterior provocaron reacciones adversas en Francia y en

Italia se ha tornado sumamente prudente. con este tipo de problemas.

DECLARACIONES DE SCHMIDT

—Señor canciller federal —le digo—, si los socialdemócratas ganan las próximas «lecciones, ¿qué

política hará su Gobierno respecto a España?

Contesta rápido, serio, inexpresivo.

—La misma que antes. Trataremos de acelerar el ingreso de España en la Comunidad Europea, siempre

que se confirmen la liberalización y la democratización completas del país.

—Una vez afirmó usted —recuerdo— que las fuerzas conservadoras en Europa —como los

cristianodemócralas en Italia, los gaulhistas en Francia y los franquistas en España— habían aumentado

con su inmovilismo el peligro comunista. ¿Sigue usted pensando lo mismo sobre la España de hoy?

—Yo no dije eso precisamente. Lo que observé es que bajo tales sistemas se había producido un déficit de

reformas sociales, Los hechos están ahí. Tienen que reconocerlos.

—Señor canciller, ¿apoyará el partido socialdemócrata al grupo socialista de Felipe González con el

mismo interés que a los portugueses de Soares?

—Nuestro partido no cambiará de política en el caso español. Nosotros, socialdemócratas, mantendremos

nuestra solidaridad viva y ayudaremos en el exterior a todos los partidos socialdemócratas, incluido,

especialmente, e! de España.

Se abre la puerta. Las agujas del reloj reclaman la disciplina germana. El canciller recoge sus notas. Hago

una última pregunta.

—¡Qué papel juega España en la defensa de Europa?

—Uno fundamental cubierto perfectamente gracias al Tratado multar con los Estados Unidos.

Se produce la desbandada. Saltamos a los coches. Los Mercedes negros braman por el cernerlo.

MITIN.—En Verden, como en las otras ciudades, encontramos junto a la plaza del Ayuntamiento

pequeños grupos de jóvenes comunistas que reparten hojas de propaganda y venden periódicos marxistas

antes del acto político. Daspués se mezclan entre los espectadores, dispuestos a jugar en bloque el papel

de reventador, protestando a coro contra el millón de parados que hay en Alemania (protegidos por un

subsidio equivalente al 80 por 100 del último salario) y contra las plantas nucleares destinadas a energía

pacífica; acusando al político de belicista (por su aliantismo) o de antisocialista (por la energía con que ha

recortado los ímpetus de los «husos»). El orador interrumpía de buena gana en su discurso para dirigirse a

estos ruidosos mozalbetes con frases burlonas e ingeniosas, que arraneaban compactas aclamaciones de la

multitud.

Algunos observadores franceses desempolvaron para Schmidt el título de «canciller de hierro», que

popularizó Bismarck hace un siglo. .La resistencia, la energía y el pragmatismo son posiblemente virtudes

comunes a los dos hombres de Estado, pero sus orígenes diferentes limitan el paralelismo.

PERFIL.—El padre de Helmut Schmidt era un maestro de escuela. El canciller alemán contrajo

matrimonio a los veintitrés años, en plena guerra mundial, con la hija de una costurera y de un operario

comunista. Schmidt habla el idioma llano y directo de los viejos trabajadores retirados, de los obreros de

mediana edad, de los jóvenes peones que abarrotan los teatros, los estudios, los palacios deportivos y las

plazas por donde pasa. Veintinueve años de carrera política —diputado, ministro de la Defensa, ministro

de Finanzas y Economía y canciller— no han disminuido sus condiciones naturales de actor, ni han

mermado su ironía cortante y espontánea, ni han desgastado su tremenda memoria. Pero los análisis de

política interior que hizo durante su vertiginosa gira electoral por Baja Sajonia —«land» gobernado desde

hace unos meses por un Gabinete regional demócratacristiano minoritario, gracias a los votos secretos de

dos diputados traidores— exigen un espacio de papel ya consumido.

Schmidt ha sabido divertir, interesar y convencer a unos auditorios predispuestos en su favor. Mañana

escribiremos sobre los problemas políticos más polémicos de la lucha electoral alemana, tratados por el

canciller en su viaje. Es imposible saber todavía si la mayoría de los indecisos recordarán lo que Helmudt

Schmidt les aconsejaba en las últimas palabras de sus discursos: «Que el corazón está situado ligeramente

a la izquierda del centro».—Pablo MAGAZ.

 

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