Autor: Fontes de Albornoz, Luis. 
   Frenazo a la negociación España - Mercado Común  :   
 (hasta el mes que viene). 
 Pueblo.    09/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

FRENAZO A LA NEGOCIACIÓN ESPAÑA-MERCADO COMÚN

(hasta el mes que viene)

BRUSELAS. (De nuestro corresponsal, Luis FONTES DE ALBORNOZ.) -Hay que seguir esperando, porque el horizonte sigue sin estar claro: los nueve ministros de Asuntos Exteriores de la Comunidad devolvieron hoy la pelota española a sus expertos (la Comisión Europea y el Comité de Representantes Permanentes), para que éstos continúen la partida de ping-pong, que, con el tema español, les distrae, o les aburre hasta el tedio, desde hace varios años.

El tema sigue siendo complicado y los propios expertos comunitarios siguen sin encontrarle una salida, las propuestas hasta ahora -para poner al día el acuerdo comercial España-C. E. E. de 1970- fueron rechazadas por España, faltas de interés para nosotros. Tal y corno está, tal y como se firmó, el acuerdo España-C. E. E. marcha y, más o menos, ha venido resolviendo los problemas comerciales hispano-comunitarios desde 1970. ¿Por qué modificarlo entonces?

La respuesta es la siguiente: en 1973, la C. E. E. -que solo tenía hasta entonces seis Estados miembros (los del Benelux, Francia, Italia y Alemania Federal- se amplió a nueve Estados (con la entrada de Inglaterra, Irlanda y Dinamarca). Hasta hoy, los tres últimos llegados mantenían con Madrid relaciones comerciales bilaterales y aplicaban a los productos españoles los mismos derechos de aduana que si no hubieran entrado en el Mercado Común. Pero, el 1 de julio próximo se les termina, a estos tres, el permiso para tratar a España como antes de ser miembros de la Comunidad Económica Europea.

Eso quiere decir que, desde el 1 de julio de 1977, ingleses, irlandeses y daneses cobrarán en aduana a nuestros productos los mismos derechos (muy altos para la agricultura, española y más bajos para los productos industriales) que los Seis originarios miembros de la Comunidad, con los que firmamos.

Si esa operación -aumentar aduanas en lo agrícola y descender en lo industrial- se hace automáticamente, la agricultura española y nuestra exportación a esos tres países saldría perjudicada, incluso muy perjudicada. Para evitarlo, evitar ese automatismo, que es lo que los expertos llaman "adaptación técnica del acuerdo", se impone la negociación entre Madrid y Bruselas. Porque, además, tampoco los ingleses ni los daneses quieren quedarse sin nuestras naranjas o nuestros vinos (Jerez, Navarra y Tarragona). Porque lo cierto es que, de aplicarse a estas producciones españolas los derechos arancelarios C. E. E. (en vez de los derechos nacionales ingleses y dinamarqueses), los precios subirían como la espuma, la gente no podría comprarlos, los españoles perderíamos esos mercados y los dos países comunitarios en cuestión encajarían, casi seguro, nuevas oleadas de inflación.

En consecuencia, los Nueve comprenden que se impone la negociación con Madrid para llegar a una adaptación técnica, pero también económica del viejo acuerdo, de manera que ni unos ni otros salgamos perdiendo. Y así llevamos ya casi cuatro años, con el agravante de que ahora, el tiempo apremia, el 1 de julio está encima, la situación económica y comercial general sigue mal y la situación política no aconseja tampoco ahora la negociación y firma de acuerdos de envergadura..

Por otro lado, al otro extremo, están los italianos y franceses, interesados enormemente en buscar nuevas salidas para sus vinos y sus frutas y hortalizas. El mismo Barre, primer ministro francés, lo confirmó hace unos días. ¿Cómo admitir, en toda la C. E. E. -porque las peticiones de Londres y Copenhague serían aplicables a todo el territorio comunitario - , la entrada de los muy competitivos productos españoles si, ya sin ellos, la crisis es manifiesta? Estamos ante un nuevo intento de cuadratura del círculo y, además, con mucha urgencia. Si el 1 de ju-lio seguimos como estamos, para los Nueve la situación sería de "ilegalidad manifiesta" y, ante el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, cualquiera de ellos, Italia, por ejemplo, puede denunciar al otro (lease Inglaterra y Dinamarca), por no cumplir lo previsto en el tratado de adhesión firmado en 1972 y vigente desde 1973. Los Nueve volverán a reunirse dentro de un mes, aunque quizá vuelva a hablarse de España antes.

PORTUGAL

La jornada, por lo demás fue intensa ayer en Bruselas. El Consejo Comunitario adelantó un "si" con muchos "peros", a la que se espera muy próxima petición portuguesa de adhesión al club europeo.

Imposible, políticamente, rechazar la candidatura portuguesa que se les viene encima, después de tantas promesas a los demócratas lusitanos. Ahora bien, también parece claro que las cosas irán despacio y con grandes dificultades, porque, entre otras cosas, los portugueses presentan un gran fardo de problemas económicos y sociales que los Nueve no saben cómo van a poder resolver. Por último, parece obligada la alusión, siquiera, al "abrazo" de reconciliación que judíos y franceses se dieron ayer en Bruselas, con ocasión de la firma de unos nuevos convenios financieros y de cooperación tecnológica y comercial entre Israel y los Nueve.

LA AMPLIACIÓN DE LA C. E. E.

La Comunidad Económica Europea es favorable a su ampliación con el ingreso de nuevos países miembros, pero reconoce las dificultades y estima que los problemas deben ser tratados a fondo con los candidatos a la integración.

El tema de la ampliación fue puntualizado ayer por Roy Jenkins al presentar al Parlamento Europeo el programa político de la Comisión Europea, el órgano ejecutivo comunitario que el ex ministro británico preside desde el 5 de enero de 1977.

"La Comisión será favorable a la ampliación, pero insistirá en que los problemas se afronten abiertamente y no se soslayen de manera superficial", dijo.

Tras subrayar que la existencia de candidatos al ingreso constituía un orgullo para la C. E. E., porque era "un signo de convergencia, tanto para la democracia corno para el progreso económico", Jenkins precisó que "las perspectivas de la ampliación representan también una responsabilidad y una dificultad".

 

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