Autor: Aguirre López, José María (AMÉRICO VÉLEZ). 
 Nota internacional. 
 "Cumbres" occidentales en Londres: España, presente en los cálculos de defensa     
 
 Informaciones.    02/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

NOTA INTERNACIONAL

«Cumbres» occidentales en Londres: España, presente en los cálculos de defensa

Por Américo VELEZ (Corresponsal diplomático en Europa occidental.)

BRUSELAS, 2.—Los medios responsables de la Europa democrática no parecen esperar grandes

decisiones de la «cumbre», que a fines de esta semana iniciarán en Londres las potencias industrializadas

del Occidente y el Japón. Los observadores de Prensa del Oeste del viejo mundo la acogen, en general,

con escepticismo. En cuanto a la opinión pública, se muestra indiferente y, en sectores muy extendidos,

incluso ignorante de la celebración del encuentro.

Los problemas nacionales, los económicos en primer término y los políticos en segundo, polarizan la

atención nacional. Se dilucidan crisis de Gobierno en tres países del Mercado Común: Bélgica, los Países

Bajos y Dinamarca; puede afirmarse que, al nivel de régimen, también en Francia y en Italia, y sobre la

eficacia de las instituciones, en lo que respecta a la lucha contra el terrorismo y el afianzamiento de la

seguridad individual y colectiva el futuro está asimismo cargado de incógnitas en la República Federal

Alemana.

Sin embargo, comparada con las reuniones de la misma índole que la han precedido (la de Rambouillet en

noviembre de 1975 y la de Puerto Rico en junio de 1976), la reunión de Downing Street (según se la

designa en los círculos diplomáticos) contiene —o puede contener— elementos nuevos.

Constituye una forma trilateral (Estados Unidos, Europa occidental y Japón) de las fuerzas industriales,

financieras y comerciales de la democracia planetaria, de la que no quedan excluidas, merced al diálogo

Norte-Sur, las nuevas naciones soberanas del «tercer mundo».

Un nuevo Presidente de los Estados Unidos, que acaba de advertir a su propio país y al resto de la

comunidad de pueblos democráticos que ha terminado la sociedad de la abundancia en el Occidente (en el

polo oriental del mapa político de la posguerra última, y aún menos en épocas anteriores, no existió

jamás), va a tomar contacto directo con los líderes de los países afines y aliados del suyo.

Y (cualesquiera que sean sus tendencias contradictorias) la Europa en proceso de integración,

representada por el presidente de la Comisión de las Comunidades y el de turno de su Consejo de

ministros, ambos británicos, participará en el debate. En los sectores comercial y monetario, esa

cooperación presenta ventajas innegables. En la óptica política, equivale a un reconocimiento por los

otros dos vértices del triángulo de que Europa es una realidad y no una casi entelequia, según parecía

estimarlo el doctor Henry Kissinger, reforzando así la actitud soviética de no reconocimiento de los

«nueve» como unidad económica.

La «cumbre» de Londres reafirmará probablemente tres circunstancias que ya se habían acusado

inequívocamente en Rambouiilet y en Puerto Rico: la interdependencia del mundo occidental u

occidentalizado, la ineficacia —y los riesgos— de todas las formas de proteccionismo y el incremento de

la confianza entre países regidos por sistemas de Derecho basados en la voluntad de los pueblos.

Prolongación de los trabajos sobre los grandes problemas financieros, monetarios, comerciales y sociales

del difícil período por el que el mundo políticamente libre y económicamente liberal atraviesa, serán los

que se relacionan con su defensa.

La sesión de primavera del Consejo Supremo de la Alianza Atlántica transcurrirá en la capital de la Gran

Bretaña el 10 y el 11 del mes que comienza. También la diplomacia —y los medios informativos—

designan el acontecimiento con terminología especial: será una «cumbre atlántica».

Más que de cuestiones propiamente militares, el debate del primer día —el del martes 10— estará

marcado por un contenido específicamente político. Facetas particularmente significativas de las

discusiones pueden ser, de una parte, los prejuicios franceses sobre «las tendencias hegemónicas de

Washington», y de otra, los recelos americanos en cuanto a los pruritos «independentistas de París. Un

«aparte» de los Presidentes Carter y Giscard d´Estaing, al margen del plenario, eliminaría probablemente

muchos de los puntos oscuros que perturban las relaciones franco-americanas, creen autorizados

miembros de las respectivas delegaciones. Los de la francesa, sin embargo, subrayan que, a causa de la

precaria situación interna en que el Presidente Giscard se mueve, dispone de una estrecha franja de

opciones. Los gaullistas y los comunistas se la limitan «objetivamente».

En los círculos civiles de la O. T. A. N. trascienden, en cambio, estimaciones esperanzadoras, en cuanto a

la integración relativamente próxima del conjunto de la Península Ibérica al dispositivo de defensa aliado

en el teatro europeo. Las recientes visitas que sucesivamente han efectuado a Washington los jefes de los

Gobiernos de Portugal y de España abren, al parecer, perspectivas satisfactorias.

El tema será, tal vez, examinado en los debates de los ministros de Negocios Extranjeros, de preferencia a

su consideración al nivel de Jefes de Estado y de Gobierno Pero por razones de indispensable discreción

no se mencionará con detalle en el comunicado final y se evitarán alusiones a él en las inevitables, y

siempre propicias a la especulación e incluso a la confusión, declaraciones confidenciales u oficiosas.

«En las imaginaciones y en los cálculos de futuro de los líderes de la Alianza —me decía anteanoche un

veterano del Consejo permanente atlántico—, España no se hallará esta vez tan alejada de las altas

instancias de la O.T.A.N. como lo ha estado hasta hace poco...»

2 de mayo de 1977

 

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