Autor: Sebastián Bueno, Pablo. 
   No a Europa (I)     
 
 Diario 16.    16/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

No a Europa (I)

Pablo Sebastián

Presentar la candidatura de España al ingreso en las Comunidades Europeas constituye, hoy por hoy, una

tentación superior a la que, por ambición o táctica, difícilmente podrán escapar las formaciones políticas

que obtuvieron los mejores resultados en las elecciones del pasado 15 de junio. .El debate Europa, que no

deberá huir de la influencia del nuevo Parlamento —como escapó la reforma administrativa por decreto-

ley real—, está a punto de comenzar y debería inscribirse en el ámbito de lo constitucional —como

ocurrió en Gran Bretaña, Dinamarca y Noruega, recientemente— para conseguir una sanción netamente

mayoritaria, a favor o en contra, bien en las propias Cortes —tres cuartas partes o dos tercios del

Congreso y del Senado— o bien por medio de un referéndum.

El debate Europa tiene, en estas líneas, un "no" de principio que bien podría abrir esta seria discusión en

el plano de las ideas, porque, afortunadamente, el terreno de las realidades no parece urgente ni inmediato

y permitirá a los españoles participar en el análisis de la discusión europea, que será, sin duda, definitiva

para el presente y el futuro del Estado.

Cinco serán los puntos primeros que justifiquen la negativa a la Europa comunitaria: No a la candidatura,

primera política exterior, las razones de los ´´nueve", los riesgos del aspirante y realismo político.

1. No al candidato: España debe incorporarse sin ningún titubeo a la construcción de la Europa política,

independiente y de los pueblos del viejo continente. A esa Europa que nunca unió la guerra que

acaudillaron los primeros políticos de nuestra Historia y que hoy aparece, más que nunca, como

imprescindible motor de la defensa de los derechos del hombre, de la cultura y como gran mediador entre

las superpotencias militares, económicas e ideológicas del capitalismo y del comunismo, encabezadas por

los primeros responsables del eje Este-Oeste, los Estados Unidos y la Unión Soviética. Europa tiene

también, y desde hace sólo cuatro años, una nueva responsabilidad en el concierto mundial: la de

mediador en el diálogo Norte-Sur, entre la rebelión justa de las naciones subdesarrolladas y el Occidente

industrializado.

Por todo ello, quede bien claro

que el "no" se refiere pura y simplemente, a la eventual conversión de España en candidato "sine die" al

ingreso en las Comunidades Europeas. O miembro de pleno derecho en la CEE o nada de presentar la

candidatura como Grecia y Portugal lo hicieron a más de diez años vista, condicionando su presente e

ignorantes de su futuro inmediato. Insisto. NO A LA FIGURA DE ESPAÑA, PAÍS CANDIDATO AL

INGRESO EN LA CEE.

2. Primera política exterior: Baste recordar con rapidez la política exterior de España de los últimos

cuatro decenios y sus resultados en sus puntos clave (bases U.S.A., Concordato, CEE, Gibraltar y

relaciones con el Este) para confirmar que hasta hoy no se ha hecho otra cosa que política interior con la

que debería haber sido política exterior. La mala conciencia del régimen de Franco, sus artes y el alto

precio pagado fuera para justificar lo de dentro convirtieron la labor de nuestra diplomacia —y de una

elevada proporción de este Cuerpo administrativo del Estado, por complacencia propia— en una

aportación negativa para el interés del Estado. ¿Qué duda cabe que la política exterior parte de la

interior y de la realidad nacional del momento en que se vive? Pero, en este caso, la realidad interna era

impresentable fuera y destruía por sí sola este argumento natural, a la vez que impedía la posibilidad de

construir un "criterio", siempre necesario para la política exterior y muchas veces independiente de los

propios condicionamientos internos (las alianzas, pactos, acuerdos, relaciones diplomáticas, etc., abundan

en esta ideal).

España no podría derrochar sin error, en unos meses, toda una actividad exterior (prohibida durante

cuarenta años en tan sólo unos meses de vida de la nueva legalidad, que deben servir para concluir la

normalización total de nuestras relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con el resto del mundo.

3. Las razones de los "nueve": ¿Por qué ser candidato al ingreso en la CEE cuando la propia CEE no

desea esta candidatura ni está en condiciones de encajar, en plazo corto o medio, la plena integración de

España en las Comunidades? ¿No es mejor permanecer al margen de la opción europea,

conservando la independencia política e ideológica, a la espera de que la CEE pueda ofrecer un "sí"´ de

rápida aplicación?

El vigésimo aniversario de la firma del Tratado de Roma, celebrado la pasada primavera en la capital

italiana con la presencia de los jefes de Estado y de Gobierno de los "nueve", confirmó al máximo nivel la

imposibilidad real de toda ampliación del territorio comunitario. El propio Giscard d´Estaing (después lo

han confirmado otros políticos europeos como Chirac, Den Uyl, Tindemans, Moro, Marchais y

Mitterrand) decía en Roma: "La ampliación de la CEE exige un replanteamiento institucional de las

Comunidades y de sus reglamentos y políticas internas."

Como lo explicó el propio presidente de Francia, ello quiere decir que las instituciones que fueron en su

momento buenas para los "seis" de la Europa de los años cincuenta y sesenta ya quedaron estrechas para

la Europa de los "nueve" y mucho menos servibles para la eventual Comunidad de los "diez", "once" o

"doce".

A ello, Bélgica, Holanda y Luxemburgo añaden un "matiz" de máxima importancia: "Ampliar la CEE sin

cambiar el actual sistema de DECISIÓN del Consejo de Ministros (ahora sometido al derecho de veto)

supone sacrificar, en el tiempo indeterminado, la unidad y la independencia política de la idea europea."

Los "pequeños" prefieren, sin duda, ser Europa que miembros de una CEE sometida al veto y poderío de

los grandes y a riesgo de convertirse en una simple zona de libre cambio si amplían, con urgencia, sus

fronteras.

En cuanto a las razones de reformas de las políticas internas, aducidas por Giscard d´Estaing, bien valen

unas líneas: Giscard se refiere a las necesarias reformas de las políticas agrícola, laboral y regional, entre

otras (recuérdese que Grecia, España y Portugal aportan a la CEE amplias zonas de competencia agrícola,

unos tres millones de parados y un elevado porcentaje de regiones en pleno subdesarrollo), y ello para una

Europa en crisis es importante.

Todo esto, reforma institucional y de políticas intracomunitarias, bien podría ocupar a los Gobiernos,

Parlamentos de los "nueve" e instituciones comunitarias propiamente dichas más de uno o dos decenios.

 

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