Autor: Sebastián Bueno, Pablo. 
   No a Europa (y II)     
 
 Diario 16.    18/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

No a Europa (y II)

Pablo Sebastián

Hemos iniciado en estas páginas el análisis de los riesgos de presentar la candidatura de España, con

urgencia, al ingreso en las Comunidades Europeas. En la primera parte señalé la necesidad de abrir un

serio "debate Europa" a escala nacional, el riesgo de ser simple candidato en el umbral de la CEE, la

opertunidad hispana de crear una nueva política exterior y las razones de los "nueve" para justificar todo

retraso en la ampliación de la Comunidad (ver DI6 día 16-7-77). Estas líneas concluyen este primer

análisis con los peligros de la candidatura y la necesidad de un pragmatismo político en este terreno.

4. Los riegos del candidato: A Grecia y a Portugal les han colgado, les guste o no, diez y doce años

de espera, respectivamente, en la puerta de la CEE, y ello contando con que no haya recaídas graves en la

vigente crisis económica. Las Comunidades y, vía Londres y Bonn, los Estados Unidos han creado, así,

una zona de estabilización política al este y al oeste del occidente europeo, salvando el riesgo de

enfrentamientos armados en los respectivos cambios de regímenes políticos de helenos y lusitanos, y

evitando, también, una progresiva destrucción del ya dolido flanco sur de la OTAN. Ambas naciones

permanecen política y militarmente neutralizadas (Grecia, aún pendiente de su conflicto turco-chipriota,

pero por la vía de la CEE también controlada en este sector) y económica y comercialmente inermes y sin

capacidad de iniciativa —Portugal, miembro de la EFTA y con libre cambio industrial (no agrícola)

firmado con la CEE y Grecia con un acuerdo de asociación que le ha servido de muy poco en su proceso

de acercamiento a la Comunidad.

España es diferente. Bien distinta de Grecia y Portugal, ambos Estados hoy candidatos formales al ingreso

en la CEE, y, por ello, elemento apetitoso que los grandes de la CEE —Gran Bretaña, Francia, Alemania

federal e Italia-— y los Es-dados Unidos desearían neutralizar, si no "sine die" sí por algunos años. ¿Y

por qué no en el umbral de la CEE a la espera de tiempos mejores?

España es bien diferente: puerta estratégica militar del Mediterráneo; 35 millones de consumidores que

compran el 60 por 100 en Europa—; país con capacidad de acción en el diálogo Norte-Sur por lazos con

América Latina y países árabes; país capaz de asumir un protagonismo nuevo en el Mediterráneo,

molestando a Francia e Italia: país hoy ideológicamente neutral fuera de bloques; país capaz de

desencadenar una potente política exterior y comercial (con América, árabes, Japón, EFTA, Comecon,

naciones africanas y asiáticas, etcétera); país con suficiente personalidad, imaginación y capacidad

humana como para alterar las alianzas1 establecidas a todos los niveles; país número diez en la escala de

los industrializados del mundo y con aranceles industriales altos y apetitosos para las naciones

desarrolladas.

Si España acepta endosarse la etiqueta de candidato quedará neutralizada en la puerta de la CEE,

calificada ya de "pro europeo´´ y de "no neutral", de pro atlántica (de facto), porque, se quiera o no, la

CEE y la OTAN —a través del euro-grupo aliado y de la Agencia de Armamentos— tienen conexiones

suficientes, y perderá su credibilidad de independencia y de autonomía ideológica a los ojos del resto del

mundo.

No quiero, con ello, entrar en el debate sobre lo bueno y lo malo de estar aliado o no con la CEE y la

OTAN, sino señalar que pagar el precio de ambas alianzas sin estar dentro de ellas, como país miembro

de pleno derecho, es un alto y caro riesgo.

Queda claro, por otra parte, que Washington, París, Bonn, Londres y Roma, con alguna mueca, quedarían

encantados de ver a la Península entrar en el cortejo de candidatos con la esperanza de arrancarle, poco a

poco, sus aranceles industriales, ventajas comerciales y políticas, neutralizando su posible acción exterior

y todo ello a cambio de algunas migajas en lo laboral, otras en lo agrícola e inventando para lo político y

comercial una solución mágica como la que ya se prepara en Bruselas: la institucionalización de un

estadio intermedio entre la candidatura y la adhesión que permita una presencia simbólica en el

Parlamento Europeo, Comité Económico y Social y en el Consejo de Cooperación Política Exterior

confirmando así el encierro de la diplomacia hispana— y todo ello, insisto, a título de simbólico y nunca

como nación miembro de la CEE con todos los derechos y obligaciones que cualquier otro Estado

miembro de las Comunidades.

5. Realismo político: Las dos fuerzas políticas con mayor representación parlamentaria, la Unión del

Centro Democrático y el Partido Socialista Obrero Español, tienen, en su mano, y en especial la UCD, por

permanecer en el Poder, la responsabilidad del "debate Europa", Tienen la tentación histórica de ser los

primeros que presentaron la candidatura. Para la UCD esta iniciativa tiene otro aliciente nada

despreciable, el de recibir con un simple "sí" político, aunque no definitivo, la legitimidad política que

borre y homologue su ex franquismo. Para el PSOE existe el compromiso contraído con sus partidos

homólogos europeos y la promesa electoral de llevar a España con urgencia a puerto europeo. En uno y

otro caso, la tentación es tan alta como la responsabilidad. Hasta ahora, la palabra "Europa" se utilizó

como señuelo de la democracia como elemento importante en la construcción de la política interna.

Ahora, Europa debe permanecer sólo en el marco de la política exterior. El tiempo inmediato tiene la

palabra. El momento es bueno para el pragmatismo y para lo que los europeos llaman la ´realpolitik".

 

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