España, ante Europa     
 
 Informaciones.    21/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

INFORMACIONES |

ESPAÑA, ANTE EUROPA

PREVIO acuerdo del Consejo de ministros del sábado el titular del palacio de Santa Cruz, don Marcelino

Oreja, viajará el próximo martes a Bruselas, capital del Mercado Común, para presentar la adhesión de

España a la Comunidad Económica Europea, Quince años exactos después de que otro prestigioso

responsable diplomático, don Fernando María Castiella iniciase los primeros contactos públicos con los

organismos comunitarios europeos.

Tan largo lapso prenegociador ha sido debido a que la anterior situación política no era aceptada por el

marco democrático que caracteriza a todos los países del Mercado Común, En esta posición ha habido

siempre dos aspectos diferentes que importa distinguir: la repulsa de las formas políticas no democráticas,

condenadas, por los principales documentos que regulan las relaciones intercomunitarias como el Tratado

de Roma, y las propias contradicciones económicas, en virtud de las cuales estos países se han

aprovechado de una situación privilegiada, utilizando las tarifas exteriores para proteger sus mercados o

para progresar a costa de posiciones que hasta entonces estaban ocupadas por las exportaciones agrarias

españolas.

Es lo que explica que, resuelto el primer obstáculo político, emerja con toda su crudeza y desnudez el

problema económico. No es sólo la derecha, sino la misma izquierda; ahí están las declaraciones de los

señores Mitterrand y Marchais, quienes claman contra las consecuencias que puede tener para la

economía de sus países la entrada española. El anterior Régimen español no era más que una magnífica

coartada ideológica —respeto a los principios democráticos— de una oscura y egoísta postura económica.

Dualidad de planteamientos que dejarán ya de estar presentes en los trabajos que va a iniciar a partir de

este martes en la capital belga don Marcelino Oreja.

Importa resaltarlo porque después de tantos años de «ser diferentes , hay amplios sectores sociales de

nuestro país que ven la Comunidad Económica Europea como una panacea milagrosa que multiplicará

nuestros escuálidos y contados peces y panes económicos. Muy poco vamos a tardar en comprobar que no

hay paraísos, sobre todo en materia económica. Los negocios son los negocios, y los representantes del

Estado español van a tener que bregar duramente para defender los intereses de la economía española,

máxime en un momento y hora en que nos debatimos con una grave crisis económica.

Esta idealización del mito europeo origina asimismo la confusión sobre las modalidades de ingreso en

este macroorganismo comunitario. La adhesión no es la integración —que sería aquí y ahora totalmente

inviable— y sólo supone el primer paso de un largo proceso hacia nuestro ingreso de pleno derecho. A

medida que se recorra tendremos que ir readaptando nuestro mecanismo económico, sobre todo en lo que

se refiere a su incapacidad competitiva, a las realidades mercantiles que le aguardan en Europa. Tanto

para la agricultura como para la industria y los sectores terciarios esta positiva adhesión va a suponer

tantas posibilidades de beneficios como de problemas. En sus manos y cerebros estará hacer o no

probable la primera o segunda posibilidad.

Las tareas políticas, aunque serán más fáciles, no dejarán de ser complicadas. Debido a las características

de nuestro proceso democrático, en que el Gobierno y todos los partidos políticos han suplicado la

homologación, vamos en plan subalterno o de pariente pobre recién bautizado a la democracia. El

padrinazgo de la derecha germana o francesa sobre nuestra propia derecha, el mayorazgo del socialismo

alemán sobre el P.S.O.E. y el vasallaje comunista español a sus hermanos protectores italianos o

franceses, han creado una situación de dependencia que hay que superar en esta nueva hora de la política

exterior española. Junto a ellos nos veremos envueltos en las polémicas que suscita la elección del

Parlamento europeo y, sobre todo, tendremos que realizar verdaderos equilibrios entre la política de Bonn

y París, que pugnan por hacernos caer en su órbita de cara a la hegemonía sobre el Mercado Común

(recuérdese que todavía no hemos optado por el sistema Pal alemán o Secam francés de televisión en

color, etc.).

En definitiva, integrarnos en Europa es integrarnos en una situación compleja, crítica en lo económico,

político y social. Pero la realidad es que no hay ninguna otra opción. Nuestra geografía, historia, política,

economía, nos llevan a la Comunidad Económica Europea y a no estar ausentes de la constitución de esa

difícil quimera que es todavía la unidad política. Volver las espaldas a Europa sería tanto como

volvérselas a nuestra propia realidad.

 

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