Europa, una opción nacional     
 
 ABC.    27/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EUROPA, UNA OPCIÓN NACIONAL

Una etapa fundamentalmente distinta para la política exterior española acaba de comenzar. Marcelino

Oreja llegaba ayer a Bruselas con algo más que la estricta petición de ingreso en las Comunidades

Europeas. Era toda una cobertura institucional —de libertad institucionalizada, de democracia activa y

plena— lo que nuestro ministro de Asuntos Exteriores aportaba como patrimonio moral para la cobertura

de nuestras pretensiones y aspiraciones ante la sede comunitaria.

«La opción adoptada por el Gobierno de solicitar el ingreso de España en el Mercado Común es

auténticamente nacional», declaraba en Barajas el ministro de Asuntos Exteriores. Ciertamente, la opción

europea ha sido el lugar donde en los últimos quince años se han encontrado las fuerzas políticas

españolas de cualquier signo, tanto las democráticas como las autoritarias. No vemos mayor justificación

o sentido, por tanto, a las manifestaciones que días atrás hacía en Bruselas un político socialista,

censurando la iniciativa del Gobierno de solicitar la adhesión a las Comunidades sin haber debatido

previamente la cuestión en las Cortes.

Si el propio P. S. O. E. es partidario de la integración española, ¿a qué cuestionar tal decisión, si ella, por

demás, no genera compromiso alguno de inmediato para el Gobierno o para el Estado? El tema, en

nuestra opinión, no rebasa los límites de una estrechez partidista, que de nada positivo nos va a servir a

los españoles si se generaliza su uso y empleo en el futuro de nuestro diálogo y negociación con la C. E.

E.

La lidia de los intereses va a ser muy dura en Bruselas cuando la negociación para el ingreso comience

propiamente, quizá dentro de un año. Se precisará entonces de una visión y de unas vivencias enterizas y

compactas sobre lo que al país, en su conjunto, conviene. Habrá que tomar nota desde ahora mismo, por

ejemplo, de cuáles han sido las reacciones y los comportamientos de las distintas fuerzas políticas

francesas, en la derecha y en la izquierda —socialista y comunista—, cuando se ha tratado de medir

nacionalmente lo que significaría para los intereses franceses la entrada de España en el Mercado Común.

No debemos los españoles dilapidar en la proyección externa de las discrepancias políticas —legítimas de

otro punto— ese patrimonio moral en que consiste el estar ahora constituidos en una democracia.

Disponemos ahora de la, diríamos, coartada dialéctica necesaria para defender, al nivel institucional

preciso,el gran paquete de nuestros intereses nacionales dentro del conjunto geográfico, histórico,

económico y político al que pertenecemos. Europa no es para nosotros una alternativa más o menos ideal,

más o menos utópica o entusiasmante; es un dato que está ahí. Es el perfil y la concreción de la realidad

más inmediata para nosotros.

 

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