Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Europa     
 
 Informaciones.    03/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS DEL CAMBIO EUROPA

Por Jaime CAMPMANY

NO sé si la entrada de España en el Mercado Común, hace quince años, habría planteado a Europa

mayores o menores problemas de los que ahora puede plantear. Me refiero, naturalmente, a los problemas

de índole económica. Los de índole política provenían de una interpretación restrictiva del Tratado de

Roma, y a esa interpretación se acogieron entonces los «seis» para eludir el tema de la incorporación

española a la C.E.E. Sin embargo, la tacha política no evitó que Europa negociara con España un acuerdo

preferencial, en el que se pusieron de manifiesto los problemas económicos que ahora han pasado a

primer plano con motivo de nuestra nueva solicitud.

Bien. Ahora las tachas políticas han desaparecido. Ya no se trata, como en años anteriores, de rechazar

un modelo de democracia «sui generis», de tipo orgánico, con ausencia de partidos políticos, de

sufragio universal, y con una ley de prerrogativa insertar en nuestra Constitución, por la cual cualquier

estudiante de Derecho Político en una Universidad europea tendría que dictaminar que el sistema

español se configuraba claramente como una dictadura. En unos pocos meses se ha reconocido

libertad a todos los partidos políticos, incluido el Partido Comunista —que estuvo fuera de la ley

algunos años en la Alemania de la posguerra— e incluidos también los partidos republicanos. La

Reforma Política, para llegar a esa situación, fue aceptada en referéndum por la inmensa mayoría

del pueblo español. Hemos celebrado elecciones generales, y ahora las Cámaras elegidas por sufragio

universal se ocupan en elaborar una nueva Constitución. Nadie podría rechazar la candidatura española

por motivos políticos con el texto del Tratado de Roma en las manos.

Si algún inconveniente encuentra Europa para aceptar inmediatamente la solicitud española serán

inconvenientes de tipo económico. Es decir, inconvenientes perfectamente salvables, aunque produzcan

incomodidad a algún sector de ciertos países comunitarios. Todo eso puede ser materia de negociación y

de adaptación en un tiempo no muy largo.

Pero Europa debe pensar que una dilación excesiva —ya que no es imaginable una negativa rotunda—

podría resultar nociva para la nueva democracia española. Para los problemas económicos se puede

encontrar el ritmo y las fórmulas de solución. Si no se hace un esfuerzo para encontrarlo, será inevitable

la profunda decepción de un pueblo que empieza a creer en la democracia. Y ¡a Europa democrática será

la responsable.

 

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