¡Da gusto leer la prensa!     
 
 Arriba.    02/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

¡DA GUSTO LEER LA PRENSA!

ROMA. (De nuestro enviado especial,) - Chico, no sabes lo cómodo que es sentarse a una mesa a hablar

cuando se es demócrata.» Este comentario, de cualquier diplomático español en cualquier ciudad de las

recorridas por Adolfo Suárez, tuvo ya reflejo en Holanda, Dinamarca y Francia, pero en Italia, país al que

iba destinado, en concepto de cristales rotos en sedes españolas, una parte sustancial del presupuesto

nacional en el pasado, se han roto los módulos. Uno no sabe si los italianos son excepcionalmente

exagerados, o expresivos, o - y uno se inclina por esto último - de vedad las cosas cambian bastante de

cariz en el mundo exterior tras unas elecciones generales.

Suárez tuvo ayer temprano, por la mañana, prueba de esto cuando recibió a un grupo de senadores y

diputados, nueve padres y una madre de la Patria en total, englobados en el comité promotor del Instituto

Italia-España. Los promotores quieren promocionar la cooperación - dicen - «política, económica,

financiera, cultural, tecnológica y social». Los promotores, además de demócrata-cristianos, son

socialistas y comunistas, y están pidiendo a gritos a sus colegas parlamentarios españoles que les

secunden.

La segunda sensación la pudo tener el Presidente del Gobierno al ver la lista de invitados al almuerzo que

le ofreció Andreotti. No es una exageración decir que antes había que cazar invitados a lazo. Hoy, además

de Andreotti, estaban allí los ministros de Asuntos Exteriores, Agricultura, Comercio Exterior; los

presidentes del Senado y el Tribunal Constitucional; los ministros de Hacienda, de Gracia y Justicia, del

Tesoro, de Defensa, de Transportes y Aviación Civil; senadores y subsecretarios; el presidente del

Parlamento Europeo, los presidentes del Instituto de Reconstrucción Industrial, del ente eléctrico y del

ente nacional de hidrocarburos, con lo que estaba toda la industria pública italiana. La privada estaba

representada por el presidente de la Fiat, Agnelli; por Leopoldo Pirelli, que también suena mucho, y por

el presidente de la Olivetti, con lo que ya tenemos el trío multinacional más potente del país. Por el lado

militar, los jefes del Estado Mayor de la Defensa y del Ejército y los comandantes generales de

Carabineros y de la Guardia de Finanzas.

En la recepción «de devolución» de Suárez la lista sube hasta el centenar y medio de personajes,

incluyendo así todos los anteriores y ampliando a sus «status», aumentando el número de senadores y

diputados, entrando en juego los partidos políticos de izquierda de MSI, a los banqueros y añadiendo

diplomáticos, periodistas y clerecía.

Por lo demás, da gusto leer los periódicos del día. Ahí van doce ejemplos: El diario democristiano «II

Popólo», que dice que «el viaje de Suárez no busca resultados vistosos que hicieran posible abreviar los

tiempos para la admisión de España en la Comunidad. Se trata más bien de una ofensiva diplomática que

tiende a obtener el reconocimiento político del salto dado por España en dirección a la democracia». Dice

que «la admisión de España es un objetivo que debe ser perseguido y preparado con el escrúpulo y el

respeto que se debe a un país que ha conseguido dejar a sus espaldas pacíficamente un triste y

mortificante pasado».

«La República» dice que «la adhesión española a la CEE es más un hecho político y cultural que de

cuentas económicas..., la ocasión para enderezar el eje económico de la Comunidad en favor de las

regiones meridionales». El financiero «II Sole-24 Ore» dice que «Suárez no encontrará en Roma

hostilidad ni oposición de principio». El comunista «L´Unita» dice que «es evidente que un acuerdo entre

Italia y España en el terreno europeo tiene que ser visto con favor por quienes comprenden que es

también a través del peso diverso que podrían tener los países del área mediterránea como se puede

inducir a las demás capitales de la zona norteeuropea a prestar la debida atención a las exigencias y

necesidades. Los problemas de tipo económico (de la adhesión española) no son dificultades insuperables.

El no responder «no» a España es, ante todo, una ocasión para tratar de cambiar a Europa, orientando su

ampliación en el sentido de los más justos equilibrios».

«II Giornale» dice que quienes temen la competitividad de los productos agrícolas españoles «cometen el

error de no tener en cuenta el valor político relacionado con la construcción de una Europa mayor». En

«La Stampa» se dice que la adhesión española permite «reequilibrar por el Sur el significado geopolítico

de una comunidad que tiene su centro de gravedad tendencial al centro norte, y sobre todo en Alemania»,

y que los problemas para la adhesión española deben ser considerados como «obstáculos provisionales

superables». En «II Giorno» se pide «evitar que la adhesión suponga un golpe de gracia para las

agriculturas del sur de Italia». Dando la adhesión por hecha, en «Avvenire» se repite la tesis de las

ventajas y desventajas de la adhesión y se piden medidas transitorias de salvaguardia. «II Messasgero»

encuentra en Italia un «evidente interés en favorecer la aceptación de las peticiones de ingreso».

«II Secólo D´ltalia» dice que «a España no se le puede decir que no, a menos que no se deseen, con esta

nueva España, relaciones todavía más estúpidas que las estupidísimas que tuvimos con la franquista». En

«II Tempo» se afirma que en el Gobierno italiano hay «la precisa voluntad política de facilitar la

aceptación». Finalmente, en el socialista «Avanti» se ataca duramente a quienes con su «sí, pero...» a

España podrían intentar aplazar, «sine die», la entrada española en la Comunidad. El diario señala dos

razones de peso para la adhesión española: «La necesidad, ante todo, de robustecer la democracia en

España y en Europa es mayor, pero existen las tesis de quienes piensan que Italia tendría las de perder en

caso de una España comunitaria.» Esta tesis es desmentida, en primer lugar, por las quejas que las mismas

partes formulan, justamente, contra la diabólica política agrícola común que castiga gravemente a nuestra

agricultura, en ventaja de las del Norte, y en segundo lugar por el hecho de que España es ya un

competidor incluso más temible. Italia tendría mucho que ganar..., si se mirara con ojos no miopes, lejos

de ser perjudicial el ingreso español para los distintos productores. Con el pasar del tiempo les

favorecería, incluso a breve plazo.

Viernes 2 septiembre 1977

 

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