Derecho de España en Europa     
 
 ABC.    06/11/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. DOMINGO, 6 DE NOVIEMBRE DE 1977.

DERECHO DE ESPAÑA EN EUROPA

De entre los contactos y entrevistas que el presidente del Gobierno español ha mantenido en su viaje a

Bonn y Bruselas, destaca, por lo específico de su interés, la celebrada el viernes en la capital comunitaria

con Roy Jenkins, presidente de la Comisión de la C. E. E.

Decimos esto porque consideramos pasada ya la hora de las solas palabras, de las meras declaraciones de

intención y buenos propósitos respecto de la aceptada candidatura de España para su ingreso en el

Mercado Común como miembro de pleno derecho. Ha llegado, ciertamente, el momento de definir y

concretar los términos y los plazos en que habrá de producirse el acceso español al reducto comunitario.

De ahí el más alto interés de los diálogos de Suárez y Jenkins; de ahí, asimismo, el limitado y reducido

alcance de los diálogos a la orilla del Rhin entre el canciller alemán y el presidente del Gobierno español.

Bien está, ciertamente, que en Bonn se nos vuelva a decir que por parte alemana existe un apoyo

incondicional a la candidatura española. Pero actitudes como ésta tenían su sentido pleno y suficiente

durante el tiempo que tenían todavía quiso las objeciones de principio a la pretensión de España en

Bruselas. Son más que palabras lo que ahora necesitamos de quienes se dicen amigos nuestros.

No tiene la República Federal de Alemania intereses inmediatos que colisionen en el Mercado Común

con los de España, como lo hacen los - agrícolas - de Francia e Italia. Tampoco parece, y ello es lógico,

que Bonn suspire por sufragar los intereses agrícolas franco-italianos en el supuesto de que se produjera

la integración de España sin que previamente se hubieran reordenado las estructuras agrarias de la

C. E. E. La República Federal está en su perfecto derecho de no adelantarse a pechar con el precio de la

solución de los problemas que tiene la «Europa verde» de los «Nueve», ni tampoco con los todavía

mayores atolladeros que suscitará la ampliación del Mercado Común a diez, once o doce miembros.

Tampoco tiene por qué aceptar España la posibilidad de que se le brinde una puerta lateral o trasera para

su entrada en la C. E. E.; porque los problemas de la C. E. E., a la C. E. E. corresponde solucionar, lo

mismo en lo que afectan a su economía que en aquello que corresponde al propio tenor del Tratado de

Roma, como documento fundacional y constitucional de la unidad de Europa. Los países fue ahora

constituyen la Comunidad no tienen pues fundamento de derecho alguno para preterir los derechos de

España, ni material ni procesalmente.

En decirlo expresamente así y en subrayarlo deben centrarse, desde que España es una democracia

parlamentaria, las proclamas de amistad de quienes se dicen sus abogados y paladines.

 

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