Seriedad, Europa     
 
 Diario 16.    23/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Seriedad, Europa

Cada vez que un ministro europeo o un alto funcionario de la Comunicad Económica Europea llegan a

España admiran sin reservas el proceso de democratización que vive nuestro país. Cuando un ministro

español acude a Bruselas recibe todo tipo de emocionados abrazos de solidaridad e incluso compromisos

de "apoyar el proceso político español". Europa vibra de solidaridad democrática ante el fenómeno

español. La comunidad política europea nos recibe por doquier con los brazos y las manos abier-tos, pero

a la hora de la verdad la Comunidad Económica aprieta las manos para que no se le escape un duro.

Cuando la CEE baja de los grandes principios a las relaciones cotidianas es para cerrar sus puertas a

nuestros textiles, a nuestra pesca o a nuestra siderurgia.

Los negocios, son en efecto, los negocios y España no puede esperar altruismos en la materia. Este país

no ha extendido la mano en actitud pedigüeña. Reclama simplemente un poco de seriedad. Pide a sus

vecinos más ricos que no se aprovechen de su situación de fuerza para hacerla claudicar. Que no se

empeñe en mantener privilegios o a crear otros nuevos a nuestra costa.

Nuestro embajador ante la Comunidad lo ha dicho claramente: "¡Esto no es serio, señores!" No es serio

que en su propuesta de acuerdo para renegociar el "preferencial" de 1970 pretendan ustedes que abramos

de par en par nuestras puertas a su industria, en lo que son ustedes más fuertes y nos la cierren a nuestra

agricultura, en algunos de cuyos terrenos podemos defendernos a costa de muchos esfuerzos. No es serio

que se hayan tomado ustedes nueve meses cumplidos para parir su propuesta y que pidan ahora que

España conteste en nueve días. A la vista de tan escasa seriedad en el comportamiento comunitario, los

negociadores españoles han rechazado una invitación para viajar a Bruselas estos días.

Nuestro acuerdo con la Comunidad Económica Europea, que ha pasado por tantas vicisitudes, caduca el

31 de diciembre; pero ese detalle no impidió a la Comunidad tomarse casi un año para estudiarlo.

Pretender que España pague esta demora con la precipitación y quizá con la claudicación, es mucho más

de lo que se puede pedir a una nación que desea participar en la construcción de Europa después de un

exilio forzado de cuarenta unos.

 

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