Autor: Fernández del Campo, José Luis. 
 EL Mercado Común y la cultura (IV). 
 "El genio de Europa" y la cultura     
 
 Informaciones.    26/07/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 25. 

El Mercado Común y la cultura (IV)

"EL GENIO DE EUROPA" Y LA CULTURA

Por José Luis FERNÁNDEZ

El éxito de la Comunidad Económica Europea en sus primeros años de funcionamiento no llegaba a

satisfacer las aspiraciones de quienes veían en la Comunidad algo más que un complicado entresijo de

intereses económicos. Ya hemos señalado en un artículo anterior que el informe sobre la Unión Europea

de 26 de junio de 1975, elevado por la comisión al Consejo, a propósito de una opinión pública adversa y

escéptica respecto a la marcha de la Comunidad. ¿Y la cámara de las ideas?

En mayo de 1973, el grupo liberal del Parlamento Europeo presentó un proyecto de resolución sobre

salvaguardia del patrimonio cultural europeo. En los nueve puntos del proyecto se proponían una serie de

medidas que iban desde la confección de un inventario completo de las obras de arte hasta la defensa y

armonización de los conjuntos inmobiliarios. El proyecto pasó a estudio de la Comisión de Asuntos

Culturales y de la Juventud y se elaboró una proposición de resolución que el Parlamento Europeo aprobó

por unanimidad el 13 de mayo de 1974. Aparte las apelaciones generales a los nueve Estados miembros

para conceder una mayor importancia a la defensa y promoción de las creaciones culturales, los puntos

más interesantes y concretos de los 18 apartados de la resolución del Parlamento eran los siguientes:

— Establecer, según criterios comunes, inventario del patrimonio cultural europeo.

— Eliminar los obstáculos administrativos que entorpecen los intercambios de bienes culturales.

— Suprimir los impedimentos jurídicos, administrativos y sociales que dificultan la libre prestación

de servicios por los trabajadores culturales.

— Armonizar el régimen fiscal que los Estados miembros aplican a los bienes y servicios culturales.

— Homologar las legislaciones nacionales sobre protección del patrimonio cultural, así como las leyes

sobre derechos de autor.

— Crear un fondo financiero para conservar y restaurar monumentos y emplazamientos de interés

cultural.

— Estudiar la aplicación de técnicas nucleares para la conservación de las obras de arte.

— Adoptar medidas oficiales contra los robos y el tráfico ilegal de obras de arte y de bienes

arqueológicos.

— Establecer modalidades de cooperación en el campo de la formación y especialización de

restauradores de monumentos y de obras de arte.

Como caso excepcional en los anales de las Cámaras deliberantes hay que registrar la aprobación, por

unanimidad, de la resolución, lo que demuestra no sólo el anhelo sentido por todos los parlamentarios

sobre la necesidad de asentar el sector cultural en la C.E.E., sino la evidencia de que el consenso, que

anda tan en boga, resulta más fácil en el área de la cultura que en la de los textiles o la siderurgia.

Con acertado criterio, el comisario Guido Brunner, que tiene a su cargo, entre otros, el sector de la

investigación, la ciencia y la educación en las Comunidades Europeas, entendió que la resolución

parlamentaria iba más allá de unas medidas sobre la protección del patrimonio arquitectónico y que, en

realidad, preconizaba «una acción comunitaria en el sector cultural».

Al mismo tiempo, el Parlamento Europeo expresaba el deseo de que «el problema de la protección del

patrimonio cultural europeo y otros problemas del sector cultural, para los cuales es posible y deseable

una acción comunitaria, sean inscritos en el orden del día de las reuniones del Consejo de ministros de las

Comunidades Europeas...», e invitaba a la comisión a proponer al Consejo una serie de medidas concretas

para su aplicación dentro de los términos del Tratado de Roma.

A la vista de las orientaciones del Parlamento Europeo, la Comisión de las Comunidades elaboró un

documento de trabajo con el planteamiento inicial de lo que podía ser una acción comunitaria en el sector

cultural.

Sobre dicho documento, el Parlamento Europeo aprobó, de nuevo por unanimidad, el 8 de marzo de 1976,

una resolución de ocho apartados en la que expresaba su satisfacción por el trabajo realizado y

puntualizaba los siguientes extremos:

— Lamentar la ausencia de un calendario concreto para la realización de las acciones culturales

proyectadas.

— Estimar que la promoción de los intercambios culturales es un medio excelente para que los

ciudadanos de la Comunidad tengan una conciencia más acentuada de su identidad europea.

— Aconsejar que las acciones proyectadas se presenten bajo forma de propuestas concretas a corto plazo,

ya que, en definitiva, se trata de aplicar el Tratado de Roma en materia de simplificaciones de

formalidades administrativas, de libre circulación de trabajadores, de eliminación de obstáculos fiscales y

de homologación de legislaciones.

— Cuidar especialmente la difusión de la cultura entre loa jóvenes, siempre más abiertos a la cultura

de otros países, y pedir un incremento sustancial de los créditos previstos para el intercambio de jóvenes

que trabajen en sectores culturales.

— Estimar que la comisión debe también emprender otras acciones orientadas a difundir ampliamente

entre los ciudadanos la cultura de los otros países de la Comunidad, sea mediante la trascripción de obras

literarias o contribuyendo a promover manifestaciones y representaciones de espectáculos culturales por

medios audiovisuales.

Por último, el Parlamento expresaba su deseo de que la comisión examinara con la mayor diligencia por

qué medios u en qué sectores sería posible integrar, en tiempo oportuno, la política cultural de los Estados

miembros dentro de la Unión Europea.

El Parlamento Europeo plantea en este último punto un objetivo de mayor alcance en el horizonte cultural

de la acción comunitaria. Evidentemente, la Comunidad Económica representa, en el ideario europeísta,

una etapa de tránsito hacia la instancia política de la Unión Europea; en el contexto del Tratado de Roma

no cabe otra instrumentación cultural que la que permite desarrollar unas normas jurídicas concebidas

sobre todo para la construcción de un conjunto económico y social integrado.

Pero es lógico pensar que los planteamientos de una acción cultural en el seno de la C.E.E. exijan una

revisión a fondo, y que el cuadro institucional económico progrese hacia esta formulación política que

sería la Unión Europea. El Parlamento, pues, se limita a señalar con anticipación, dando muestras de fina

sensibilidad política, la tarea futura que debe abordar la comisión, sobre todo en cuanto a los medios y

sectores culturales susceptibles de ser integrados en el marco de la futura Unión Europea. Que esta Unión

tendrá en su momento una política cultural, parece indudable. Que pueda haber, en cambio, una cultura de

la Unión Europea resulta más difícil. ¿Cómo se definirá esta integración? El debate queda abierto para el

análisis de los estudiosos y para las especulaciones proféticas. En cualquier caso, la definición de la

identidad europea, fundamentada «en la variedad de las culturas en el cuadro de una misma civilización»,

previene contra los riesgos de los conjuntos armónicos integrados. Suscribimos la frase de Denis de

Rougemont de que «la única unión conforme al genio de Europa es la unión en la diversidad». Al menos

en cuanto a la cultura, claro.

 

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