Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   Ante una nueva etapa política     
 
 ABC.    19/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ANTE UNA NUEVA ETAPA POLITICA

EN medio del desencanto y de la preocupación general, pienso que no debería pasar

inadvertido el hecho indudable de que comienza una nueva etapa política. Ya sé que mientras

se endurece la situación internacional; mientras se oscurecen los factores de la crisis del

petróleo; mientras tantos empresarios ven disminuir su mercado y aumentar sus pérdidas;

mientras tantos trabajadores ven desaparecer sus empresas, y con ellas sus puestos de

trabajo; mientras ocurre todo eso y otras cosas peores, de asesinatos indecibles y secuestros

intolerables, comprendo qué muchos españoles desesperados esperen poco de soluciones

políticas, y piensen que «cuanto más se cambia, más es todo lo mismo».

Y, sin embargo, no hay otra posibilidad: o nos enfrentamos con la realidad de que «la política

es el destino», por lo menos en el mundo en transición de hoy, o nos vamos al verno corno

Tomás de Kempis. No hay ninguno de los grandes problemas que nos afectan (seguridad

personal, estabilidad económica, posibilidad de trabajo, moral pública, prestigio exterior, etc.)

que no deba resolverse por vías políticas. En las sociedades actuales, desde el nacimiento a la

muerte, nos tropezamos con los poderes públicos y sus burocracias, con sus registros y sus

impuestos, con sus controles y sus expedientes. Hay que pagar la cuota de ciudadanía o

resignarse a que otros nos impongan sus soluciones, y esos otros pueden ser los peores, o ios

que son peores que los peores, es decir, los débiles.

Mientras otros creen que España debe volver a empezar, en uno de sus clásicos, y a menudo

tópicos bandazos de su historia contemporánea; mientras algunos piensan que se trata de ir

tirando y parcheando, al borde de situaciones límite; mientras los de más allá defienden la tesis

de que el problema estriba en llevar aún más adelante la ruptura, y por supuesto, aún más lejos

de los extremistas del fanatismo terrorista, somos cada vez más los que estimamos que los

problemas de España pueden y deben resolverse dentro del binomio con servación y reforma.

Pensamos que las cosas no van, ciertamente, bien; creemos que pueden y deben resolverse

de modo moderno, moderado, constitucional y democrático; afirmamos que en ello sólo puede

hacerse a través de un movimiento de opinión, de muchos ciudadanos dispuestos a crear y

defender una mayoría natural, y a actuar enérgicamente desde ella.

Los tres asertos son de breve y elemental exposición y defensa. Las cosas van mal: no hay

índice que sea bueno. No aumentan las autopistas, las presas o los turistas; crece el paro, el

terrorismo, el consumo de droga. Claro que no es el sistema el culpable; rara vez la guitarra

tiene la culpa de un mal concierto, pero el concertista no puede eludir la responsabilidad y el

reproche.

Las cosas pueden y deben arreglarse, y por las buenas; es decir, por convencimiento y por

consentimiento. Pero no se puede uno quedar ahí; porque si a continuación no contribuye a

disipar la confusión, si no ofrece soluciones, si se obstina en imponer su inútil presencia, si

ciega los cauces para otras soluciones posibles, está atrayendo el rayo de las soluciones

drásticas y de los enfrentamientos. Nosotros creemos que las cosas tienen solución, pero que

ésta incluye la «reforma de la reforma». Hay que aclarar el panorama do las autonomías; hay

que hacer una ley electoral que permita gobernar a la mayoría; hay que hacer una ley fiscal que

fomente la inversión; hay que primar el trabajo, la productividad, la exportación, la creación de

empleos. Hay que restablecer, en fin, la confianza.

La confianza es la figura clave, ei concepto radical, el cimiento mismo de una sociedad libre. En

un campo de concentración, el látigo responde de determinados rendimientos. En una sociedad

abierta todo descansa sobre ia confianza. Las relaciones entre esposos, entre padres e hijos,

entre gobernantes y gobernados, entre acreedores y deudores, todo parte de la confianza. Si

ésta se rompe, falla todo; entonces hay que andar armado, llevar e! dinero en el bolsillo, cobrar

por adelantado; en una palabra, se crea una situación cié recesión y estancamiento genera!.

Cuando las acciones valen la tercera parte (con suerte) que hace tres años; cuando una casa

vale hoy menos que hace un año; cuando nadie piensa en tomar un empleado, es evidente que

hay que hacer algo. Algo, por cierto, que además de firmo tiene que ser imaginativo. Hoy se

diría que sólo tenemos sangradores, corno en la vieja Medicina.

Para levantar el ánimo, para lograr ese cambio que la opinión reclama, hace falta un

movimiento de opinión; muchas mujeres y hombres que se pongan a trabajar; que no esperen

a que la ley del Divorcio esté a punto de pasar al Pleno del Congreso para luchar por la familia;

dispuestos a visitar casas, barrios, aldeas, distritos para decir las verdades del barquero y

reiterar los principios de! sentido común. Tales como que sin estudiar no se hace carrera, sin

trabajar no hay producción que repartir, sin responsabilidad no hay autoridad, sin mérito no hay

disfrute, sin ley no hay paz ni convivencia.

Para desarrollar estas ideas, que hemos defendido contra viento y marea en los momentos

difíciles, y que debamos aclarar ahora que la atmósfera es cada vez más favorable, hemos

compilado dos gruesos volúmenes de «Soluciones para una década», un extenso «libro

blanco» de análisis y de propuestas, y vamos a discutidas en un Congreso abierto y

representativo. Y vamos a abrir nuestras filas a cuantos creen, como nosotros, que España y

no una clase, o una región, o un sector cualquiera es lo verdaderamsms importante. Y que si

de una vez resolvemos nuestros conflictos entre tradición y modernidad, entre unidad y

variedad, entre los que más tienen y los que más sufren, y las mil contradicciones de una

sociedad vieja, pero viva, algo muy fuerte va a resonar de Covadonga a Guadalupe, de Begoña

a Potosí, de Montserrat a Lujan, de la Candelaria a la Ciudad del Cobre, de Sena a Los

Angeles de California, porque se trata de una gran «sinfonía incompleta» que hay que

continuar; porque afecta a más de 300 millones de hispanos, que son parte decisiva del

presente y el futuro de la Humanidad.

Manuel FRAGA IRlBARNE

 

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