Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La hora de la Constitución     
 
 Informaciones.    16/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA HORA DE LA CONSTITUCIÓN

Por Abel HERNÁNDEZ

DECÍAMOS que Adolfo Suárez y Felipe Gonzalez acor- daron acelerar los trabajos

constitucionales para intentar culminar el proceso democrático el 15 de junio,

primer aniversario de las elecciones. Si es posible, antes de esa fecha los

espoñoles tendrán que acudir dos veces a las urnas (además de las elecciones

sindicales) ; una, para refrendar la Constitución, y la segunda, para elegir

democráticamente los gobiernos locales y provinciales. Seria, si los buenos

propósitos se cumplieran, la primavera de las urnas. Los españoles,

que siguen bastante ajenos al sejemaneje político, pueden llegar al hastio. Son

otros los problemas que les acucian.

Los partidos políticos, sobre todo les grandes, preparan febrilmente sus

enmiendas .al proyecto constitucional. Quedan diez días para que se cierre el

plazo. LA U.C.D. acordó este fin de semana su estrategia. Está a punto de

abrirse el gran debate nacional. Esto, en teoría, porque en la práctica los

asuntos importantes se pactan antes en los despachos. Los pactos, los acuerdos

secretos y las componendas están a la. orden del día y dejan mortecino al

Parlamento. El mano a mano Felipe-Suárez, que, por lo demás, lo consideramos

positivo, es suficientemente gráfico. Hoy, el Gobierno, en Consejo de ministros

extraordinario, se ocupa precisamente de la Constitución.

Así las cosas, un pensador serio, lúcido e imparcial, el senador regio don

Julián Marías, arremete implaca- blemente contra el texto constitucional. Sus

juicios no son nunca baladies. V sus advertencias están haciendo mella en

Importantes sectores de opinión. Un su prime- ra entrega, publicada en «El

país», titulada «La gran renuncia», explica su total desencanto. Basten estas I

citas: «Este anteproyecto es el primer golpe serio al optimismo político que me

ha sostenido durante los dos últimos años (...). La Constitución que se dibuja

sería incapaz de despertar el menor entusiasmo de ningún tipo (.„). Parece el

resultado de un» serie de compromisos, que, a su vez, comprometen la realidad

política de España (...). Si el Congreso tiene instinto de conservación —d.el

país, de la democracia, de su pro- pía función—, deberá rechinar la totalidad y

emne?.ar de nuevo. No imparta haber perdido seis meses; la vi- da es siempre

"ensayo y errar". Lo que Importa es per- der uno o dos siglos de nuestra

historia futura."

Ayer, en la misma tribuna, el intelectual Marías cen- traba sus crítica* en un

aspecto concreto y especialmen- te sensible: nación y nacionalidades. Sus

observado- nes son Impecables; "España ha sido la primera na- flón Que na

existido, en el sentido moderno de la pa- labra; ha sido la creadora de esta

nueva forma de co- munidad humana y de estructura política, hace un poco más de

quinientos años». Pues bien, «el anteproyecto arroja por la borda, sin

pestañear, la denominación cinco veces centenaria de nuestro país». Lo de las

«na* cionalidades» parece de broma. Esta palabra nunca ha tenido tí sentido

que se le quiere dar: «El artículo del anteproyecto no solo viola la realidad,

sino el uso lin- guístico». Los que aluden al libro «Las nacionalidades»,

de Pi y Margall, es que no han leído este libro. El orí-

gen de la. palabreja puede estar en Stuart Mill. "Parece demasiado que tan

livianos motivos determinen la Cons- titución de la nación española,

introduzcan una arbi- traría desigualdad entre sus miembros y pongan en peligro

la articulación inteligente y fecunda de un I sistema de autonomías eficaces,

fondadas en la reali- dad, na en oscuros rencores o en la contusión mental.»

¿No será, maestro Marías, que signen siendo verdad los versos de nuestro

Machado: «Humildes ganapanes sin danzas ni canciones; palurdos y gañanes..»? La

igno- |

§ancia y las viejas pasiones obnubilan, como casi siem- pre, la razón de España.

Debemos curarnos de espanto.

J&

INFORMACIONES 16-I-78

 

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