La Constitución     
 
 Informaciones.    18/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

INFORMACIONES

LA CONSTITUCIÓN

EL Consejo de ministros y los partidos políticos estudian con lógico interés el

texto del anteproyecto constitucional. El documento ha sido criticado duramente

por intelectuales y políticos que consideran que una Constitución basada en el

anteproyecto redactado por la ponencia de las Cortes, en lugar de establecer las

bases precisas para estabilizar las cuestiones fundamentales de la convivencia

de los españoles en la democracia, podría desorientar a la sociedad, con el

consiguiente peligro de que esta Constitución necesitara de continuos retoques

conforme evolucionara la vida política del país.

Esta preocupación por la trascendencia del texto constitucional como pieza

maestra de la democracia, aumenta conforme se van cumpliendo los plazos para la

presentación de enmiendas, y así, los partidos políticos celebran reuniones

maratonianas para establecer estrategias que, al defender sus intereses

respectivos, coadyuven también a mejorar aquellos aspectos fundamentales del

texto y evitar la ambigüedad que, por el momento, no definen con precisión

muchas de las más importantes cuestiones que afectan al nuevo modelo político

que se propone.

De un primer análisis del anteproyecto se desprenden tres defectos

fundamentales: no resuelve con claridad el juego democrático de las

instituciones; tampoco define adecuadamente los derechos y libertades

ciudadanas, elevando, por el contrario, a categoría cuestiones accesorias

propias de disposiciones de rango menor. Este anteproyecto parece que pretende

establecer un excesivo intervencionismo del Estado y resuelve con fórmulas

ambiguas el juego de las opciones políticas. Da la sensación de que se ha

buscado el consenso de los partidos integrantes en la ponencia constitucional al

modo y manera de los pactos de la Moncloa. Y así, el texto define por su cuenta

un modelo de sociedad contemporizadora con las fuerzas políticas actuales, que

es una extraña mezcla sin parangón en las democracias modernas. Parece como si

los redactores del anteproyecto quisieran consagrar un principio de buena

voluntad -muy elogiable, por supuesto-, que puede resultar utópico por exceso de

optimismo.

Otras cuestiones de fondo del anteproyecto pueden derivarse del discutible uso

de la semántica en la redacción de artículos tan importantes como el referente a

la definición de la Monarquía. El texto dice Monarquía parlamentarla cuando, en

opinión de algunos grupos, debiera haber precisado el carácter constitucional de

dicha institución. Con esa definición parece como si se quisiera consagrar una

excesiva subordinación del poder ejecutivo al Parlamento, que, por otra parte,

queda definido como un unicameralismo disfrazado, al conferir al Senado

atribuciones muy concretas que la apartan de su función actual colegisladora.

Si a estas cuestiones de fondo se une las imperfecciones técnicas y el excesivo

carácter reglamentista del texto constitucional propuesto, se desprende que

hayan sonado los timbres de alarma y los expertos políticos trabajen a marchas

forzadas para salvar lo salvable del anteproyecto. Esta preocupación ha llegado

al Gobierno y la reunión extraordinaria del Consejo de ministros del lunes

pasado es buena prueba de ello. Con todo, conviene decir que el texto va a ser

sustancialmente mejorado y las enmiendas que están considerando las distintas

fuerzas políticas parece que coinciden en que es preciso aclarar las

ambigüedades, mejorar, en consecuencia, la redacción de los artículos básicos y

conceder beligerancia en lo accesorio. Hay mucho que discutir y corre cierta

prisa ultimar el texto constitucional para completar el proceso predemocrático.

 

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