Autor: Urbano, Pilar. 
 Los hombres de la Constitución. Jordi Solé Tura. 
 Los comunistas no haremos batalla contra la Corona  :   
 Necesitábamos el consenso para hacer una Constitución que todos o casi todos votasen y que nos alejase los fantasmas del enfrentamiento nacional. 
 ABC.    19/01/1978.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 61. 

ABC. JUEVES. 19 DE ENERO DE 1978 PAG. 9

LOS HOMBRES DE LA CONSTITUCIÓN

JORDI SOLÉ TURA

«LOS COMUNISTAS NO HAREMOS BATALLA CONTRA LA CORONA»

«Necesitábamos el consenso para hacer una Constitución que todos o casi todos

votasen, y que nos alejase los fantasmas del enfremamiento nacional»

A las nueve menos cuarto de la mañana atravieso un Madrid todavía gélido y

brumoso. He quedado con Jordi Solé Tura en el Palace. Le encontraré apurando el

último sorbo de café caliente de su desayuno. El Palace, en los días de «faena

legislativa», es parada y fonda de los señores diputados: esmeradísimo servicio,

precios especiales asequibles a las dietas y avisos telefónicos garantizados.

Jordi, comunista maoista «bandera roja» en sus años mozos, ha evolucionado hacia

las aguas moderadas del eurocomunismo, «bandera blanca», dentro del P.S.U.C.

Pues comunista «en secreto» (cuando no había otro modo de serlo «por la

descarada». que en la cárcel) bajo la amable piel de sociólogo y profesor de

Derecho Político.

Había ganado la más importante cota estratégica del comunismo español en esta

hora: sentarse como uno más ante la «mesa de redacción» de la Constitución.

-Me han dicho, Jordi, que la obediencia a las consignas del partido te embridaba

la libertad de actuación en la ponencia...

-¡Eso es falso! En todo caso, si por alguna causa estuve embridado, como te han

dicho, no fue por mi partido, sino porque al representar allí a un grupo

minoritario no tenía posibilidades de hacer prosperar mis opciones, y hube de

moverme en un correlato de fuerzas que me eran desfavorables.

-Según eso, más minoritario era Fraga y actuó siempre a lo plenipotenciario...

¿Buscabas apoyos, o más bien eras buscado?

-Ha habido de todo. En ocasiones busqué la continencia de intereses con el

camarada socialista Peces-Barba y con el catalán Roca Junyent. Otras veces se me

requirió, por parte de U. C. D., para acuerdos concretos respecto a la forma de

Estado, la libertad religiosa, fórmulas para los derechos de educación... En

materia de derechos y libertades ciudadanas y de regulación de las competencias

del Parlamento llegué a acuerdos incluso con Fraga.

- LOS FANTASMAS DEL ENFRENTAMIENTO

- ¿Un consenso como vía única? ¿Nadie podía imponer la ley del fuerte?

- ¡Algo así, algo así! Eramos conscientes de lo que nos jugábamos...

Necesitábamos hacer una Constitución que la votasen todos, casi todos. Y que nos

alejase del fantasma de) enfrentamiento naeional.

- Ese fantasma, ¿fue teniendo nombres concretos?

- Sí. Había - ¡hay! - que evitar que la Constitución le redujese a un debate

dramático entre «República-Monarquía», «Católicos-Anticlericales», «Unidad-

Separatismo», «Aborto Sí-Aborto No». De ahí el esfuerzo de los siete por

desdramatizar, por ir a posturas moderadas, incluso en ocasiones ambiguas,

que permitiesen el imprescindible; «consenso». Y, como resultado, hay

artículos muy genéricos; otros, tremendamente minuciosos: hay algunos puntos muy

vitales, como los que se refieren al matrimonio y a la familia, donde todo está

esbozado, pero sin perfilar: no se dice si va a haber o no divorcio, si se

legalizará o no el aborto, si se abolirá o no la pena capital... Incluso en el

tema de las autonomías se observa un reconocimiento de las regiones y

nacionalidades pero con ciertas reticencias centralistas. Yo diría que esta

Constitución se sitúa en el futuro, pero con grandes cautelas del pasado.

Reanudamos hoy la publicación de la serie «Los hombres de la Constitución:

ABC no comparte necesariamente» las opiniones de los entrevistados, pero

considera un deber hacia sus lectores proporcionar la visión particular de cada

uno de los siete políticos que trabajan en la redacción del texto

constitucional.

«Hay que evitar que la Constitución encienda el debate d r a mático "Unidad-

Separatismo", "República-Monarquía", "Católicos - Anticlericales", "Aborto,

sí-Aborto, no"»

-CATALANISMO Y COMUNISMO, INDIVORCIABLES

-¿Cuál ha sido tu experiencia humana y política al hacer este anteproyecto

democrático?

-Enseñar Derecho Constitucional en un país donde no hay Constitucional es algo

poco agradable. Colaborar en la Constitución me apasionaba. Sé que me ha

afectado intensa y profundamente. Y se ha traducido de modo muy positivo en mi

equilibrio interno. Yo diría que «me he realizado» al hacerla. Como hombre de

partido, me he enriquecido con la experiencia nu-va de un tipo de consultas,

discusiones y negociaciones que son una práctica política muy viva. Además, me

ha deparado la ocasión de reflexionar a fondo sobre el papel del comunismo en

esta hora española.

-¿Quién primaba en ti como ponente: el catalán o el comunista?

-En mi son aspectos indivorciables y profundamente identificados:

por ser comunista y por ser catalán del P.S.U.C. soy federalista. Pero

yo, en la Ponencia, defendía, «sensu stricto», las posiciones de mi

partido.

• BAJO EL ENVOLTORIO DE UNA PALABRA

-Hablemos de la fiebre autonómica. ¿Qué queréis que haya bajo el envoltorio de

la palabra «nacionalidades»? ¿No corremos, unos por otros, el riesgo grave de la

escisión nacional?

-No, yo no veo ese riesgo. Contraponer unitarismo y nacionalidades es una

querella inútil... Precisamente lo que más ayuda a fortalecer la unidad del

Estado es la descentralización, la adecuada delimitación de competencias y

facultades para el autogobierno y el reconocimiento del conjunto diferenciado de

nacionalidades y regiones como ingredientes de España. Unidad sin el centralismo

burocrático que hincha a unos y deja a otros en la miseria. Ese sí que es el

único camino para la escisión de las dos Españas. Y no estoy pensando en la

«azul» y la «roja», sino en la rica y la pobre, la superdesarrollada y la del

paro y el hambre. Por ello creemos necesarios los autogobiernos y la corrección

de los desequilibrios económicos. Y esto sí que debe propiciarse desde el Poder

central.

-¿Queréis los comunistas que España sea un Estado federal?

-Sí, en el futuro. Un Estado federal sería la solución de equilibrio entre el

centralismo y las autonomías periféricas. Recalo de nuevo en el riesgo que me

apuntabas... Mira, yo mismo insistí para que en la Constitución se fijase la

unidad y la solidaridad de los pueblos de España, a fin de evitar la tentación

de enfrentamientes y tendencias independentistas. Autonomías, sí; federación,

también. Pero en el marco de un solo Estado.

-El título de Territorios Autonómicos, ¿te parece suficientemente holgado para

vuestras pretensiones?

-En un principio vi la tendencia rígida a dibujar un mapa de regiones y a

establecer un Estatuto-marco para todas las autonomías... Entonces me uní a la

línea que ha prevalecido: definir los poderes del Estado central ydejar el

resto de las competencias en un margen holgada para que los territorios

autónomos elaboren sus propios Estatutos y se engarcen al tronco central.

Creo que este Título va a cambiar mucho a su paso por la Comisión y el Pleno del

Congreso; y aun después, en el Senado, a la vista de los votos particulares

enmiendas que se han presentado.

- «UN PELIGRO PARA LA CORONA...»

-Tú, que ibas escribiendo todo cuanto sucedía en torno a «la mesa de los siete»,

¿tienes remarcados los momentos de tensión culminante?

-Señalaría dos momentos. La primera disensión del tema «Autonomías», que fue un

cuadro de total desacuerdo. Yo pensé que allí no había nada que hacer. Y otro

momento grave, ya en las últimas sesiones, cuando Roca sugirió que el

nombramiento de candidato para la Jefatura del Gobierno lo hiciese el Rey. A mí

me pareció, y me parece, peligroso comprometer a la Corona en esas decisiones

políticas y exponerla a críticas. Además, preveo que será un factor

desintegrador del sistema de partidos.

-¿Por qué?

-Porque forzará a la creación de camarillas y tendencias «anti» o «pro»

Zarzuela. Y el Rey ha de estar muy por encima...

(Ah! también muy por encima están las nubes... ¡Y se las ve pasar!)

-Yo sólo entiendo un nombramiento automático del Jefe del Gobierno, desde el

mismo Parlamento. Sin que el Rey maniobre.

-En las Repúblicas, ese nombramien-to lo hace el Jefe del Estado. ¿Por qué

negárselo al Monarca?

-Porque un presidente de República «caduca» cada seis o siete años. Y ahí se

olvidan sus errores. Pero un Rey, que puede equivocarse, no puede ser

sustituido... más que derrocando la propia Monarquía. En fin, yo me opuse y mi

partido presentará un voto particular en contra.

«Esta Constitución se sitúa ante el futuro, pero con grandes reticencias y

cautelas del pasado»

«Nosotros somos federalistas, pero en el marco de un solo Estado»

- DE AQUELLOS PACTOS A ESTOS CONSENSOS

-¿Es cierto que los comunistas habéis dicho «amén» a la forma monárquica del

Estado como moneda de trueque del Pacto de la Moncloa? ¿Que aquellos pactos

traen estos consensos...?

-Ya desde agosto, es decir, antes del Pacto de la Moncloa, expusimos todos los

ponentes nuestra concepción de la forma de Estado. Los comunistas pensamos que

lo primordial no era, ni es, contraponer ahora República-Monarquía, sino

consolidar la precaria democracia. La verdadera división del país está entre los

restos franquistas no democráticos y los demócratas. Si la Constitución es

democrática y consagra un parlamentarismo eficaz, no haremos batalla contra la

Corona.

Creemos que la Constitución, globalmente, es un paso serio y positivo. Y no

somos partidarios de crispar la situación con actitudes testimoniales

republicanas...

-Como hacen los camaradas socialistas, ¿no? Pregunta descarada que requiere

respuesta sincera: ¿Queréis los comunistas cambiar el sistema de sociedad en que

vivimos?

-Sí. En nuestro ánimo y en nuestro idearium está la transformación de la

sociedad española hacia un modelo socialista. Pero esto es todo un proceso largo

y complejo de coexistencias que ha de hacerse desde el orden constituido.

- «NO QUEREMOS VUELTAS DE TORTILLA»

-Hablemos del paso registrado en el borrador definitivo. Entre la fórmula de

«Estado no confesional» y la de «libertad de creencias» no hay religión estatal.

¿Cómo se produjo?

-Se filtra el borrador. Se pasa a la segunda lectura. Los obispos y padres de

familia toman postura y la expresan. Ello incide sobre el partido del Gobierno

que cuida a su electorado. Los ponentes de U. C. D. cambian de actitud y

proponen otra fórmula. Yo, por mi parte, preferiría decir que «el Estado no

tiene religión», como se decía en la Constitución de 1931, pero admito la

redacción actual. No queremos entrar en enfrentamientos y discriminaciones, y

menos aún en «vueltas de tortilla» o en remoras heridas viejas. No queremos

repetir una experiencia como la que siguió a 1931; persecución religiosa, quema

de conventos, expulsión de religiosos...

-No queréis ahora, pero lo hicisteis entonces.

-Nosotros no intervinimos en la redacción de la Constitución Republicana del 31.

Esa experiencia de la II República fue nefasta.

-¿Y vuestra posición en materia de enseñanza? ¿También «amén»?

-No. «Amén» no. Somos partidarios de la escuela pública, pero no cerraremos las

escuelas privadas ni las subvenciones cuando sean necesarias. Pero, eso sí, sin

la obligatoriedad constitucional. «Se podrá subvencionar...» No «se

tendrá que subvencionar. ..»

(O sea, el favor que hay que pedir, no el derecho que cabe exigir.)

-Esta superley, carta magna para el pueblo, ¿se corresponde con la sociedad que

somos hoy?

-Refleja bastante bien las fuerzas surtidas de las urnas del 16 de junio y su

mutua controtroversia. Hoy las Cortes son cuña democrática en un sistema «de

. tes». Aquí se está eligiendo entre quedar en el pasado o pasar a la orilla de

lo nuevo. La Constitución es hija de esa dualidad. Pero aun así es mas

democrática y progresista que la situación en que estamos».

- «PENA DE MUERTE, NO; ABORTO, SI»

-Los comunistas, ¿sois abolicionistas?

-Sí. Y la abolición de la pena de muerte debe reflejarse en la Constitución.

-¿Sois abortistas?

-Sí. Queremos que se legalice el aborto. Y conste, Pilar, que soy consciente de

la catarata de protestas airadas que estas palabras mías pueden desencadenar. Sé

que no es político que los comunistas aparezcamos ahora así como partidarios del

aborto.

-¿De modo que el derecho constitucional a la vida se traduce, para vosotros, en

beneficio del delincuente, pero no en protección del inocente... no-nacido?

-Para nosotros el aborto es parte de una política indispensable: la

planificación familiar, a cargo de la Seguridad Social. Por supuesto, yo no

abogo por una práctica abortista indiscriminada y libre, sino regulada por ley.

-Una última cuestión. Ese Senado, con facultad de «veto» legislativo, que cabria

llamar la Cámara de los Noes. ¿será un Parlamento eficaz, según lo dibuja la

Constitución ?

-Como Cámara duplicativa del Congreso, no sirve para nada. O desaparece o tiene

otra función. Ahora bien, como asamblea de representación de la autonomías es

una Cámara cuasi-federal, con facultades legislativas reducidas, pero

interesantes. Además, el control del proceso autonómico que en el anteproyecto

se encomienda al Gobierno, debiera ser incumbencia del Senado, y también

encomendarle la corrección de desequilibrios entre las diferentes autonomías.

El «bandera blanca», euro-psuc, sale flechado hacia una reunión de

parlamentarios. Me ha contado que sus exhaustivas notas, al hilo de las 232

horas de trabajo «a puerta cerrada», quizá algún día lleguen a ser pasto de

polilla o flor de libreria.

- Pilar URBANO.

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6 MIQUEL ROCA JUNYENT

 

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