Autor: Urbano, Pilar. 
 Los hombres de la Constitución. Miquel Roca Junyent. 
 Es una constitución bisagra que cierra y abre épocas  :   
 Antepongo las razones de Estado al sectarismo de partido. 
 ABC.    22/01/1978.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 68. 

ABC. DOMINGO. 22 DE ENERO DE 1978. PAG. 9

LOS HOMBRES DE LA CONSTITUCIÓN

6 MIQUEL ROCA JUNYENT

>ES UNA CONSTITUCIÓN BISAGRA QUE CIERRA Y ABRE ÉPOCAS»

:Antepongo las razones de Estado al sectarismo de partido»

AQUELLA mañana no acudió a dar su ciase en la Facultad. Y ya no volvió nunca. Le

habían expulsado por motivos políticos. Eran los tiempos de Franco y las hoces

censoras segaban por entonces en los pastizales universitarios: cátedras

políticas y rebeldías en flor.

«Que se apruebe la Constitución no me parece razón suficiente para disolver las

Cortes.»

En adelante, su mendrugo de pan se lo ganó Miguel Roca ejerciendo como abogado.

«Y de eso vivo ahora..., aunque la política de partido y los trabajos del

Parlamento apenas me dejan acercarme al despacho.» Es una «cria» de la política

de catacumbas. Un ejemplar de la «nueva clase» política. Cierto parecido con

Giscard y veinte años menos. Un temple sin vehemencias, que jamás se desquicia.

Un hombre serio; seriamente joven y.... con esa leve arrogancia del que ya ha

experimentado su "auctóritas". Podría llegar a ser hombre de Estado. En su

mirada fría yo he visto agazapada la ambición. Pero sabe esperar.

• UNA CONVERSACIÓN CON EL REY

—Sí, dije que no quería ser ministro de Suárez, porque..., no se trata de ser

ministro, sino de serlo en el Gobierno que uno quiere.

—¿Y es el diputado de «no-U. C. D.» que más dialoga con Moncloa, y Castellana,

tres?

—El exigió desde el primer momento que «a la Constitución se recibiese la

palabra «nacionalidades». Y acató sin objeciones la formulación monárquica del

Estado español Incluso sería él mismo quien propusiese a la Ponencia residencial

en el Rey la facultad de elegir candidato para la Jefatura del Gobierno.

—Esa determinación tuya fue después de haber estado en la Zarzuela con Don Juan

Carlos, ¿influyó el Rey en tu decisión?

—El Rey, en nuestra conversación, en ningún momento trató de influir en mis

posiciones de ponente. La decisión fue resultado de mi libre reflexión. Por otra

parte, yo estoy dispuesto a reconsiderar ese artículo, si se me oponen

argumentos validos y no el insincero prejuicio del «borboneo»..,, que, en último

caso, no supone una crítica lógica de la Constitución, sino un recelo hacia los

Monarcas Borbones. Aquí, de fondo, hay un problema de sinceridad: ¿se confía o

no en los Borbones, como titulares de la Monarquía española?

—Ese recelo no manifiesto y las presiones socialistas y comunistas en la

Ponencia ¿son la causa de que la Monarquía aparezca en la escena constitucional

con tal austeridad de poderes? —No, no. La Monarquía ha de introducirse en la

Constitución de modo digno y con clara conciencia de que lo importante es

constitucionalizar la forma monárquica del Estado, sin particularidades y

prerrogativas excesivas, que podrían originar críticas fáciles. Pero,

sinceramente, creo que en el texto que hemos laborado nosotros los poderes del

Rey pueden parangonarse con los del presidente de cualquier República

democrática europea y con los de otras Monarquías, clásicas y actuales, salvo

en el caso de la sueca, muy consolidada, que aun así ha permitido recientemente

una restricción de facultades en favor del Ejecutivo.

«¿UN PRESIDENTE POR GENERACIÓN ESPONTANEA?»

—¿Por qué propusiste que el Rey eligiera al candidato para 1a Presidencia del

Gobierno? En el primer «borrador», «la acción» debía transcurrir en el

Parlamento y a bote pronto: Cortes recién constituidas que sin debate previo

comenzaban la ceremonia de urnas para elegir jefe de Gobierno... —¿Y no te

parece absurdo el sistema? No puedo creer que un parlamento en frío, recién

abierto, se ponga de acuerdo para hacer surgir, por generación espontánea, al

presidente del Gobierno. La fórmula tiene que ser otra. «Alguien» debe tomar esa

iniciativa. Alguien por encima del Parlamento. El presidente del Congreso o el

Rey. ¿Por qué no el Rey? ¿Por qué privarle de una facultad de Jefe de Estado, si

lo es? —Para el ponente comunista, Jordi

Solé, puede prestarse a «camarillas» en torno al Rey.

—Ese no sería problema del Rey, sino de los partidos que «camarilleasen».

Supongamos que el Rey nombra para Jefe del Gobierno a un hombre que no es el

secretario general de tal o cual partido. Todo será una cuestión de disciplina

de partido: que el elegido diga a al Rey que no. Pero no reconduzcamos al

pretexto del «borboneo» y de las «camarillas» las debilidades propias. Además,

el Rey ya cuidará, por inteligencia y prudencia política, de hacer propuestas

aceptables, que vayan a ser aceptadas. Sus decisiones serán necesariamente

objetivas. Así sucede en Inglatera, en Holanda, en Bélgica...

• NO RUPTURA, SINO SUSTITUCIÓN

—Me dicen que tú has sido en la Ponencia el hombre conciliador... —Si, creo que

sí.

—¿Qué sentías, en esos largos meses, de «gestación» jurídica? —Responsabilidad.

Te parecerá tópico, pero me he sentido responsable, como nunes en mi vida. Una

palabra, una expresión desafortunada podía originar conflictos graves. Además,

los «redactores» de ese «borrador» no pensábamos en hacer una salida de

urgencia, para tres o cuatro años, sino, en edificar algo durable, para treinta

o cuarenta años, como mínimo. Y, al menos en mi caso, he antepuesto siempre la

razón de Estado, al sectarismo de partido.

—Una superley de consenso, con ciento cincuenta y nueve artículos negociados,

que ha precisado más «toma y daca» para llegar a los acuerdos que para su

redacción, ¿puede durar cinco años y un día, sin que nadie salga con el reclamo

de su reforma? —Creo que si, que puede durar. Si a nadie satisface enteramente,

tampoco a nadie disgusta del todo. Mientras en el país uno, parte de la sociedad

política no se alce con la absoluta mayoría sobre los demás, tendremos que

funcionar con el consenso. En cuanto a los ciento cincuenta y nueve

artículos..., una Constitución bisagra, como ésta, que cierra una época y

abre otra, que instala una Democracia en un Estado no democrático,

necesariamente tenía que ser extensa. En España no ha habido ruptura —y no juzgo

si ello ha sido bueno o malo—, sino sustitución del Estado. Expresarlo es la

Constitución y con el consentimiento de todos, exigía un texto largo, muy

matizado. Y, no lo niego, ambiguo.

• UN CHEQUE AL LEGISLADOR

—Hay ambigüedades en el anteproyecto que suponen un arriesgado cheque en blanco

al futuro legislador... —Si, especialmente en el título dogmático, sobre el

Estado, y en el de los derechos y deberes ciudadanos. En otros tramos de 1a

Constitución, las discrepancias han sido técnicas, incluso políticas; pero en

los derechos fundamentales del hombre, se daba disparidad de ideologías, de

concepciones, del poder y del hombre, se contraponían distintos modos de

entender la vida. Para llegar al consenso y salvar cada quien su propio programa

de partido, hemos tenido que arbitrar fórmulas que permitan después

interpretaciones múltiples. Pero nos ha parecido mejor la ambigüedad que tratar

de imponer redacciones contundentes que, al final, abrirían vías no

constitucionales para, quienes se sintiesen marginados.

—Si, pero la falta de diafanidad y determinación en el supremo cuerpo legal

puede pagarse muy cara. La minoría vascocatalana ¿cómo interpreta ese

párrafo quince, uno: "Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física"?

—Para nosotros no supone, o al menos no expresa, la abolición de la pena de

muerte. Por ello hemos formulado un voto particular para que se añada un párrafo

aboliendo la pena capital en tiempos de paz. En tiempos de guerra se producen

particularidades que podrían hacer transaccionable este precepto. En

cuanto al aborto, tampoco se puede suponer prohibido el aborto. Ese «todos»,

en el context o del «borrador» se utiliza siempre como referido a

«personas físicas», los nacidos, no los «nasciturus».

—Y tú, personalment, ¿qué opinas? —Que e] aborto es un tema ético, y los temas

éticos no deben constitucionalizarse. Sin duda, es hoy el tema más polémico de

los derechos de las personas. Y si lo lleváramos a la Constitución, podíamos

encontrarnos conque el gran debate nacional se centraría exclusivamente en

«aborto sí-aborto no». ¡Absurdo! Jugando limpio, no quiere que la Constitución

impida que sobrc el tema aborto pueda legislarse, en la forma que las Cortes

decidan en su momento.

• LOS TEMAS «FRÁGILES»

—En el anteproyecto, la sociedad familiar, el matrimonio como institución y el

niño, quedan en cierta penumbra de indefensión. ¿Opinas lo mismo?

—Debo reconocer que una omisión importante del anteproyecto es sin duda el de

los derechos del niño, que mencionas. Y sería positivo dedicarle un articulo

entero. No obstante el más importante derecbo del niño, ser libre e igual

con independencia de su filiación, se ha constitucionalizado: los hijos

naturales se equiparan a los legítimos.

—A la hora de discutir el articulo dieciséis, ¿qué tesis defendiste? —Yo era

partídario de la aconfesionalidad del Estado: que el Estado no tengaa

religión.

—Esa fórmula. que es la misma del año treinta y uno. ¿no podría traducise en la

práctica, como un laicismo beligerante contra la Igiesia y sus personas

—No, porque en la misma Constitución del treinta y uno ya había una actitud

beligerante, hostil y prohitiva hacia la Iglesia; Instututos religiosos,

enseñanza religiosa.

—Me han contado este dlálogo, sucedido en el "a cal y canto» de la ponencia: Un

ponente "Señores, advierto í¡que al reconocer la libertad de «creencias,

ideologías y filosofías, abrimos una puerta a la masonería,..» Otro ponente. «Si

la masonería exíste en este país, y se registra legalmente, yo no tengo nada

que oponer a que se le abra la puerta.» Lo comento con Roca, Junyent. Me dice

que en efecto, si la masonería se declara en registro según ley, deja de Ser

sociedad secreta y él, a título personal, no tiene tampoco nada contra los

masones.

•—Ademas, no creo que tengan fuerza en España. Al menos no tienen 1a fuerza que

en Inglaterra y Francia. A Mitterrand, que su hermana sea un alto grado masón no

le impide ser el líder socialista,

—¿Eres católica, Miquel? —El Antcproyecto de la Constitución dice que nadie

podrá ser compelido a declarar sus creencias religiosas...

—¡Ah!, eí anteproyecto aún no es ley. Y yo te pregunto...

—Tienes razón, no es ley todavia. Pero ya antes de ser ponente me he negado a

contestar a esa pregunta porque pertenece a dimensión íntima, que ni los hombres

públicos están obligados a desvelar.

(¡Ah! ¡Los hechos, señor diputado, los hechos acaban desvelándolo todo!

—Le Iglesia católica, como institución a la que pertenece la gran mayoría de los

españoles, no queda determinada en e1 texto de la Constitución; mejor dicho,

desaporece en el anonimato colectivo de «todas las creencias», ¿por qué habéis

evitado ese señalamiento?

—Pienso que se puede enmendar esa redacción, e incluir la palabra "mayoritarias"

junto a «creencias». De cualquier modo, en el ánimo del legislador, la tutela y

protección del hecbo religioso lleva implícita una consideración de sus

respectivas trascendencias sociales.

• AMENAZA DE VOTAR «NO»

—¿Lo que más te preocupa, del texto elaborado?

—Algunos aspectos de las autonomías: la falta de competencias en los territorios

autónomos para el ejercicio de la Justicia; el veto suspensivo que el Gobierno

puedc ejercer sobre la legislación de las autonomías; la posibilidad que se

reserva el Estado de crear centros docentes en estos territorios, que podría

resultar una clara interferencia negativa con la politica cultural y educativa

en las autonomías.

—Qué no haya un mapa de regiones ni un Estatuto-marco para las autonomías es una

baza para tu macuto. ¿Quedarán las cosas como están sobre el papel?

—¡Eso me pregunto yo! El P. S. O. E. ha presentado un voto, al que puede unirse

la U. C D., en la línea de incorporar detalles de las competencias de los

Estatutos autónomos. y me preocupa., parque ese no es el tratamiento que hasta

ahora se le había dado al tema. En caso de que prosperase, la minoría

vascocatalana se reservaría también la posibilidad de votar contra la totalidad

de la Constitución.

—¡Cisco!

—Lógicamentc, si prospera la formulación monárquica del Estado, el P. S. O. E.,

para ser consecuente con su voto republicano tendría que nacer como nosotros, si

las autonomías no quedan reguladas satisfactoriamente: votar en contra de la

Constitución.

(Entonación sibilina. Expresión irónica, cauta y fría. Nada, de esto va a

suceder. Roca será. requerido una vez y otra por Abril Martorell, por Pérez

Llorca. por Clávero Arévalo_... porque ¿Cómo va a votar NO a la totalidad? Y aún

peor ¿Cómo va a enredar con el voto republicano del P. S. O. E. que se zanjará

entre los. pupitres de la sala de Comisiones? ¡Astutísimo intrigante Roca

Junyent; el dueño de los votos decisivos y neutrales en el Congreso! El sabe

cuál es su poder y juega fuerte.)

• VOZ Y VOTO PARA LA JUVENTUD

—¿Y a ti que te parece el voto republicano socialista?

—No creo en la alternativa «teórica» Monarquía-República, porque no estamos

haciendo un libro, sino... un Estado. Habría que encarar la cuestión

"prácticamente": sustituir o no la Monarquía. Los costos sociales de esa

sustitución serian tan altos que tendría que estar muy justificada su necesidad.

Y no lo está. Si la Monarquía se da, como está dándose, en un contexto

democrático, ¿por qué cambiarla? Hay una mayoría de españoles no beligerantes en

esta materia, ni republicanos, ni monárquicos, que no entenderían un

enfrentamiento gravc por esta razón.

—¡Eres monárquico? —No. No lo soy.

—¡A quién beneficia el voto de los dieciochoañeros?

—Beneficia a la sociedad, en general. Necesitamos que el máximo número de

personas tengan sus vías de participación social y política. Que haya el minimo

de marginados. La juventud sin voz ni voto es una fuerza operativa, pero extra

parlamentaria.

¿Nuevas Cortes para el desarrollo legal de la Constitución? ¿O que éstas agoten

su legislatura con ese trabajo? —Es un tema que exige cautela. En mi opinión,

que se apruebe la Constitución no es razón para disolver las Cortes. Pero

podrian darse circunstancias sobreañadidas que lo aconcejasen.

—¿Qué circunstancias? —La minoría que hoy nos gobierna puede estar en

precariedad. El Pacto de la Moncloa, necesariamente, agotará sus efectos. Habrá

que ir a la formación, de nuevas coaliciones de poder. Y si no se logran..,, no

hay más camino que unas nuevas elecciones.

—Y el actual Senado, al aprobarse la Costitución, ¿se disuelve parque no

responde a lo que marca la ley, o se congela hasta que exista la Cámara de las

Regiones?

—Es un problema de disposiciones transitorias, que no hemos querido regular sin

anates oir a los enmendantes.

Me cuenta Miquel Roca alguna, anécdota de las sesiones de la Ponencia: «Con

Fraga se trabaja muy bien. Gregorio Peces Barba era, pongo entre comillas

«insoportable»; lo que no resultaba exactamente a su gusto lo vetaba. Herrero de

Miñón es un gran cerebro. Un renacentista... nacido a destiempo. Gabriel

Císneros, hombre de Martín Villa, y de Suárez —al menos más que los otros dos,

Herrero y Pérez Llorca— creo que tiene la coafianu del Rey... ¡Es curioso!

Pienso que, aunque estábamos haciendo algo importante, nadie se ha inflado de

vanidad.—Pilar URBANO.

«Por inteligencia y prudencia política, el Rey cuidará que sus proposiciones

sean aceptables y aceptadas.»

«Pienso que los temas éticos, y el aborto lo es, no deben

constitucionalizarse.»

 

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