Constitución e integración     
 
 ABC.    22/01/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC, DOMINGO, 22 DE ENER O DE 1978

ABC

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Editor PRENSA ESPAÑOLA, S. A.

CONSTITUCIÓN E INTEGRACIÓN

A la hora de escribir una Constitución debe recordarse que alguna de las más

logradas y famosas, la británica, no es una Constitución escrita y que, como

dijo el conde de Maistre, la Constitución más vigorosa de la antigüedad fue la

de Esparta, donde no se escribía nada.

No es menos cierto que otra Constitución de gran éxito, la norteamericana, es un

Código escrito y rígido. Lo que se quiere decir es que una Constitución es algo

más que sus normas escritas. El mundo está lleno de Constituciones frcasadas en

pocos meses, a pesar de su perfección técnica; o bien, conservadas con fines

puramente semánticos o propagandísticos, sin relación alguna con la realidad.

Una Constitución verdadera es, en su origen, un pacto entre las fuerzas

políticas y sociales dominantes, en una crisis histórica; de esta semilla, que

va arraigando si esas fuerzas mantienen una cierta cohesión y mutua tolerancia

durante un periodo mínimo, puede ir saliendo un árbol vigoroso, bajo el cual los

ciudadanos se sientan protegidos. Entonces la Constitución llega a ser algo que

todos instintivamente reconocen como suyo; como un escudo que defiende; como un

arca de la alianza que supera las diferencias; como un cimiento de la vida

política, concebida como un proceso de integración.

La Constitución o es una fuente de confianza recíproca, o no es más que un papel

mojado. Por eso son tan importantes los momentos fundacionales. Esta vez puede

ser la última, después de tantos fracasos anteriores. Ningún partido debe

olvidar sus responsabilidades ante los españoles, y no sólo ante sus bases, en

esta fase trascendente, a la hora de formular votos particulares o reservas.

Una Constitución no puede ser, por lo mismo, un Código en el que estén resueltos

todos los problemas. Hay que dejar muchas cosas a ta ley ordinaria. Allí deben

estar las Iniciales de los grandes capítulos. Derecho civil, penal,

administrativo, social, etc. -que luego ha de escribir el legislador-: los

límites que la ley no podrá traspasar y los principios en que ha de inspirarse.

Ha de ser una puerta grande abierta hacia un futuro de seguridad y de esperanza.

Algo que nos anime a creer más en el porvenir de España; a trabajar en ella y

por ella, a invertir, a esforzarnos. Que nos dé garantías de que podremos vivir

tranquilos y con esperanza de prosperar.

En un célebre discurso, Pitt dijo que el viento y el frío podrían entrar en la

cabaña de un inglés, pero el Rey no, sin

su permiso. Una Constitución no puede garantizar a todos la felicidad, pero sí

la posibilidad de vivir dignamente como personas libres; de desarrollar la

personalidad; de fundar una familia y educarla con arreglo a sus creencias y

principios; de ejercer una profesión, oficio o empresa, con libertad de trabajo:

de poseer y transmitir los legítimos resultados y justos beneficios del propio

esfuerzo.

La Constitución habrá de garantizar, a la vez, una razonable igualdad de

oportunidades, evitando que razones de origen, de sexo, de educación, o

cualesquiera otras, sean motivo de discriminación o de privilegio.

Debe, asimismo, hacer que los poderes públicos sean fuertes y eficaces y al

mismo tiempo limitar las posibilidades de abuso de la autoridad. Y, para ello,

distribuirla en distintos órganos de función y escalones territoriales, que se

completen y vigilen.

Si esto se logra, la Constitución será integradora de diferencias, superadora de

conflictos y promesa cierta de paz y de progreso.

España ha vivido muchos procesos de integración y desintegración. Unida por

Roma, la desagregaron germanos y árabes, Desde el siglo XV, y los Reyes

Católicos, la integración ha ido avanzando, con dificultades. Nuestra generación

va a tener su gran oportunidad; integrar o desinteqrar. Ocioso es decir lo que

conviene a España y a los españoles. Los padres de la patria tienen la palabra.

 

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