Autor: Urbano, Pilar. 
 Los hombres de la Constitución. Manuel Fraga Iribarne. 
 Se trata de fundar un Estado moderno, realista y eficaz  :   
 La Monarquía está sirviendo para lo que tenía que servir. 
 ABC.    27/01/1978.  Página: 13-14. Páginas: 2. Párrafos: 44. 

ABC. VIERNES, 27 DE ENERO DE l978-. PAG. 13

LOS HOMBRES DE LA CONSTITUCIÓN

7 MANUEL FRAGA IRIBARNE

"SE TRATA DE FUNDAR UN ESTADO MODERNO, REALISTA Y EFICAZ"

«La Monarquía está sirviendo para lo que tenía que servir»

LA inteligencia de Fraga es una cosa seria. Su carácter, su maf carácter a

veces, también. Un hombre rudo y díscolo, hosco y cortante,que va flechado a

su tarea, que detesta la abulia, la lisonja, la pérdida de tiempo, el verbalismo

ocioso. Y que no se detiene a quedar bien con nadie. "¡Eso le pierde a Fraga!,"

he oído decir mil veces. Pero él, como sí lloviera: duro y firme en sus

compromisos, celoso defensor de su equipo de colaboradores, con quienes es, sin

embargo. implacablemente exigente. Incapaz de la traición, está Fraga

metafísícamente impedido para la adulación. "La mejor virtud de un político —

me dijo hace ya tiempo— es esa mezcla de seriedad, sinceridad y honradez. Eso no

defrauda nunca".

Et freno de su exuberancia es. sin dada, su inconfesada timidez.Es más raudo él

en vivir que el recuerdo en hacer su nido; por eso no tiene rencores. Campechano

y llamativo, da un puñeíazo sobre la mesa para invitar a todos a una queimada, o

pide en público perdón "exigiendo" ser inmediatamente perdonado, o corta de

cuajo el cable de un teléfono molesto, o se presenta a redactar una Constitución

llevando la suya propia en el bolsillo. Tiene una sonrisa encantadora y una

mirada -hermosa y lejana-, cargada de enigmas. Se piense o no se piense como él,

hay una cosa clara: Fraga tiene poder. Y España no puede despilfarrar hombres

así.

«Procuré ir al consenso, no hacer divismo, y salvar lo esencial»

«La palabra "nacionalidad" sólo tíene que ver con la palabra "nación". Y en

España sólo hay una nación: España»

—Tuve serias tentaciones de no ser ponente constitucional, porque como

secretario general de mi partido necesitaba de todo ese tiempo, que no fue poco.

Pero me pareció una responsabilidad, excepcional,

importante, y decidí ir a ella. Ningún tema de los allí tratados me ha quitado

el sueño y ninguno me dejó indiferente. Y le habla un profesor veterano en la

materia y un hombre qae ha tenido tareas de Gobierno como ministro de Franco y

como ministro del Rey.

—¿Cuál era su posición y cuál su actitud en la Ponencia? —Ante todo y sobre

todo, la de representante de mi partido. Naturalmente, yo era allí también un

Drofeso de la ciencia política que ha dedicado mucho tiempo al estudio del tema

constitucional, que ha viajado y que ha comparado situaciones e instituciones...

Esa era mi posición. ¿Mi actitud? Primero, intentar en todo momento crear un

«compromiso» en cuanta fuera,, posible. No hacer divismo por cuestiones de

detalle, sino ir al consenso, defendiendo, claro está, los principios en los que

uno cree. En segundo lugar, colaborar para que la Constitución funcióne y sea

aceptada por el pueblo español. Nuestra historia constitucional, desde l808, es

larga, pero poco fecunda. Hemos tenido muchas Constituciones sin arraigo y hay

que evitar que ello se repita. Y, por último, contribuir a la fundación de un

Estado moderno, eficaz.

—¿Fue usted un ponente "duro de roer"?

—No creo que allí nadie hará sido más duro de roer que los demás. Yo, eso si,

tenía un proyecto constitucional en la cabeza y fui exponiendo mi propuesta

antes de empezar a tratar cada título. Otros no lo tenían y otros, si acaso, sí

lo tenían, lo sacaban "por entregas". Por lo demás, yo solía estar más en

actitud de mayorías que de minorías. Asi que no entiendo por qné suponen ustedes

que fuí "duro de roer". Lo que sí he mantenido con fimteza es mi posición en lo

que me parecía esencial para el futuro do la Constitución. Asi, con la cuestión

de las autonomías, la forma monárquica del Estado, la economía social de

mercado... Uno de los temas que defendí minoritariamente fue el del Senado. Yo

era partidario de una Cámara Alta más tradicional con más funciones

colegisladoras; pero acepte l propuesta que ha resultado, que registró un

consenso general en la Ponencia.

• «NO SE DESPOJA AL REY.

—Me han dicho que usted quería detallar y pormenorizar el título que se refiere

a la Corona....

—Yo llevaba, sí, un título más extenso y más moderno que el que ha salido.

Algunos de los artículos son de mi proyecto

—¡Queda el Rey muy despojado de

facultades de Poder?

—Al Rey no se le despoja de nada. Va a tener los poderes que le dé la

Constitución. Y en pleno siglo XX los poderes del Rey no pueden concebirse más

que así: como una Monarquía parlamentaria, que hemos definido como poder

arbitral, moderador.

—El aluvión de criticas que se desencadenó tras la filtración del borrador

primero. ¿Influyó en el segundo? —No. Después de una primera reacción irritada,

decidimos continuarl nuestros trabajos tal como pensábamos antes.

—Sin embargo, dos puntos muy importantes fueron sustanclalmente modificados: la

aconfesionalidad del Estado y la facultad del Rey para nombrar al jefe del

Gobierno.

—Son dos temas distintos y, en mi opinión, ninguno de ellos tuvo que ver con la

publicación del borrador. En el tema religioso no hubo cambio de actitudes, sino

que faltaba la definitiva redacción del artículo. U. C, D. no había dado todavía

su texto y no lo hizo hasta la tercera lectura Ese tramo de la Constitución fue

el de más ardua elaboración. En cuanto al otro punto, el nombramiento real de

jefe de Gobierno, fue una propuesta nueva, un cambio, si, del representante

vasco-catalán Roca. El grupo vasco-catalan ha estado siempre muy próximo en

posiciones a Union de Centro Democráticoe, y tengo la impresión de que fue

U.C.D. quien le impidió su apoyo para reconsiderar a fondo

el tema.

• «NI ABOLICIÓNISTA, NI ABORTISTA»

—¿Es usted abolicionista? ¿Se ha de interpretar así el "derecho a la vida"?

—No soy abolicionista. Y por una sencilla razon: si cuatro hombres con la cara

tapada y un pasamontañas pueden condenar a muerte a un industrial, a un primer

ministro, a un almirante... ¿por qué cuatro jueces con toga no pueden imponer a

aquellos terroristas la misma ley? Yo soy partidario de que la pena de muerte —

que en sí es algo terrible— quedo para casos muy cualificados. Posiblemente en

la mayor parte de los delitos comunes, salvo agravantes muy serios, yo no la

aplicaria. Pero no veo coherencia alguna en que el terrorismo pueda disponer a

su antojo de la pena de muerte y, en cambio no recibirla. Por ello digoo que no

soy abolicionista ni en la Constitución ni en la ley; pero sí estimo que la pena

capital debe quedar como un recurso último extraordinario.

Cabe atender a la evolueióa social; en el siglo XVI todos los pueblos de España

tenían su verdugo y su horca, y se llevaba a cabo alguna ejecución cada año. En

estos tiempos, y en los últimos años, las sentencias de pena de muerto que se

han aplicado han sido mínimas; ha habido años

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sin ninguna ejecución; otros, de una o dos, incluyendo los casos de jurisdicción

militar. Sin embargo, repito, mientras haya personas dispuestas a matar, la Ley

debe guardar ese último reducto.

—¿Es usted partidario d e l aborto legal? —Soy absolutamente

contrario al aborto.

• «TENGO MI CONCIENCIA TRANQUILA»

—¿Cuál fue su postura, como ponente, al debatir le cuestión de la libertad

religiosa y de la a confesiónalidad del Estado?

—Para mi el valor de ese artículo es que

han firmado todos, sin reserva alguna. Se basa en la libertad religiosa, que es

principio básico del pensamiento cristiano, y en el reconocimiento del hecho

histórico y sociológico de ciertas creencias religiosas. Da pie a acuerdos

concretos, específicos, con los grupos relevantes al atender a las creencias

mayoritarias. Y, por otra parte, llamo su atención sobre la frase «dentro del

orden público», acorde con la declaración del Vaticino II sobre la libertad

religiosa.

—Entonces, usted, como católico, hijo de la Iglesia, ¿cree que la Iglesia puede

estar satisfecha con ese articulo?

—Yo, como hijo de la Iglesia, tengo mi conciencia tranquila. Pero no soy yo

quien ha de decir a la jerarquía eclesiástica española lo que tiene que

decir y hacer. Y desde luego, lo que hace falta es que lo diga oficialmente.

Pero esté usted segura: mi partido, Alianza Popular, una minoría en Cortes, hará

suya la tesis que oficialmente defienda la Iglesia católica.

—¿Por qué la República no podría «consolidar la democracia en España»?

—Más que decirle «por qué la República

podría...» prefiero decirle «por qué la

república no pudo». Y le recuerdo los dos fracasos republicanos, en l873 y en

l93l. Primera República, con cuatro presidentes eminentes en dos años, ¿cuál fue

el resultado? Una guerra civil, el cantón de Cartagena, etcétera; l93l: la

Corona se deja desterrar sin resistencias. Estalla el júbilo republicano, dentro

y fuera. ¿Resultado? Dos guerras cíviles, una en el 34 y otra en el 36. El

balance no puede ser más catastrófico. Yo no veo por qué vamos a averiguar más.

¡La República no pudo! España, a lo largo de muchos siglos, ha vivido

compenetrada con la forma monárquica. Y en este momento lo que está

perfectamente claro es que la Monarquía está dispuesta a convivir con todos los

partidos políticos.

—¿Es usted monárquico? ¿Lo es su partido?

—Soy monárquico y lo es mi partido, sin discusión alguna. ¡Sin duda de ninguna

clase!

— En algún momento de su vida no lo ha sido... ¿Desde cuándo es usted

monárquico?

—¡No, no, no! Yo, en ese punto, no he tenido que hacer «conversión» de ningún

tipo. Mi vida política se ha desarrollado toda bajo un Régimen que fue una

preparación de la Monarquía; sobre ello no tengo la menor duda.

• NO ES AMBIGUA, SINO FLEXIBLE

—Las declaraciones de casi todos los ponentes, y la opinión crítica general,

coinciden en calificar de ambigua la Constitución que ustedes han elaborado.

¿Algo que objetar? —Si. Yo niego rotundamente que sea ambigua.

—Pero de unos textos «módulos» podrán derivarse legislaciones ordinarias muy

diferentes, según la interpretación que se le quiera dar. ¿No es eso ambigüedad,

señor Fraga? —No, mi querida amiga; yo a eso le llamo flexibilidad, sensibilidad

constitucional. Yo entiendo que una Constitución debe ser un Cuerpo legal que

defina las instituciones básicas, quetrace las orientaciones fundamentales, que

tome grandes decisiones sobre el seno de la sociedad, pero que admita más de una

interpretación dentro de los límites últimos de la propia Constitución y de los

que dé el Tribunal de Garantías. Es bueno que no esté tan amarrada por su

precisión que se haga preciso reformarla cada vez que se produzca un movimiento

importante en la marcha del país. Yo creo que, sin cambiar la sustancia básica

del sistema económico-social, caben interpretaciones diversas a medida que los

distintos partidos vayan pasando por el Gobierno. Y eso no es malo, no es un

defecto de la ley. Lo que no es serio es querer atar tanto y detallar tanto que

acabemos metiendo la legislación en la Constitución.

• «NO SERA TAN FÁCIL DERRIBAR AL GOBIERNO»

—Se ha calificado a la Constitución «nascitura» de «dictadura del Parlamento» y,

aun más concretamente, del Congreso: «Monarquía congresional... ¿Con razón?

—También en esto discrepo. He leído, sí, el artículo de Sánchez Agesta en ese

sentido que usted me indica, como si el Congreso acaparase poderes sobre el Rey,

el Gobierno, los Tribunales de Justicia..., y creo que no corresponde a la

realidad. Esta época no es precisamente de esplendor para los Parlamentos. Por

el alcance de sus funciones y necesidades ha crecido tanto el volumen de las

Administraciones públicas que los Parlamentos pesan hoy mucho menos que el siglo

pasado. Y sí se examinan los mecanismos constitucionales para la formación del

Gobierno, se aprecia que no es tan fácil derribarlo. Tiene el Ejecutivo, en esta

Constitución, una fran estabilidad por el procedimiento de los «votos

constructivos de confianza»; porque si es fácil ponerse de acuerdo en el

Parlamento para echar abajo un Gobierno, no lo es tanto llegar al acuerdo para

proponer una alternativa. Y respecto al despojo de poderes del Senado, en favor

del Congreso, debo declarar que estas «Cámaras Altas» están perdiendo facultades

en todo el mundo, y ya no son tales «Cámaras Altas», salvo en el Senado de los

Estados Unidos, sino unas «Cámaras secundarias», que eso es hoy la Cámara de los

Lores. Esta Constitución va a ser muy realista, muy moderna, con un poder

ejecutivo ni de-masiado consolidado ni demasiado inestable, pero que es el que

gobierna, aunque con el control de otros órganos: Congreso, Senado, Tribunales.

Se hace posible, en efecto, el control y la crítica del Gobierno, y su reemplazo

si las cosas van mal; pero también el voto constructiva aporta la garantía de

que no hayan excesivos juegos parlamentarios. Yo defiendo ese sistema.

• UN JUEGO GRAVE: LAS NACIONALIDADES

—Su voto particular sobre las autonomías, ¿por qué rechazan la palabra

«nacionalidades»?

—Sin negar el hecho de las autonomías. que es el tema decisivo de la

Constitución, y nosotros reconocemos y apoyamos, la redacción no nos satisface.

Rechazamos el término «nacionalidades» y pedimos que se hable siempre de

«regiones autónomas». La Constitución española del año 3l habló solamente de

«regiones autónomas», y lo mismo la italiana; la única Constitución del mundo

que habla de «nacionalidades» es esta nuestra de ahora. La palabra

«nacionalidad» sólo tiene que ver con la palabra «nación». Y yo creo que en

España no hay más que una nación, que es España. En ella caben perfectamente

todas las regiones autónomas, sea cual sea su personalidad histórica, telúrica,

política... Yo, seriamente, no creo que sean compatibles las «nacionalidades»

con la unidad y la soberanía de España. La palabra «nacionalidad» o no quiere

decir nada, y entonces, ¿a qué esa exigencia de incluirla en la Constitución?, o

quiere decir algo muy arriesgado, que deja abierta la vía de la desintegración

de un Estado constitucional en diversos Estados separados. Y todo lo que sea

jugar con estos temas es jugar con algo muy serio y muy grave, que es la unidad

que hemos heredado y mantenido desde los Reyes Católicos

—Pilar URBANO

 

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