Debate sobre el anteproyecto constitucional. 
 Nación y nacionalidades, problema delicado en el anteproyecto constitucional     
 
 El País.    08/02/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

EL PAÍS,miércoles 8 de febrero de 1978

POLÍTICA

Debate sobre el anteproyecto constitucional

Continuamos hoy la publicación del debate realizado en EL PAÍS sobre el

anteproyecto constitucional, cuya primera parte apareció ayer en estas páginas.

Los asistentes al debate examinan, en esta ocasión, uno de los problemas

fundamentales de toda Constitución, como es el sujeto del poder constituyente,

lo que conduce al examen de cuestiones tan importantes como las de nación y

nacionalidades. EL PAÍS dedicará sucesivas mesas redondas al estudio de otros

temas constitucionales importantes, sugeridos por los asistentes a este primer

debate. Figuran entre ellos los referidos a la reforma del texto constitucional,

las funciones del Senado, las previsiones sobre el estado de excepción, las

atribuciones de los sindicatos, la constitucionalización de los partidos

políticos y las garantías constitucionales, además de las autonomías, que son

objeto del texto publicado hoy, en cuanto a las líneas generales del tema.

EL PAÍS, Problema fundamental en toda Constitución es la definición del sujeto

del poder constituyente. Desearíamos conocer sus opiniones sobre esta cuestión

en re1ación con el antepryecto constitucional.

"Nación" y "nacionalidades",problema delicado en el anteproyecto constitucional

Manuel García Pelayo. En el primer artículo aparece España como sujeto del poder

constituyente. Se traía de una denominación cuyo sentido parece excluir del

texto constitucional la expresión nación española; pero España es una

denominación trasde la cual pueden albergarse intencionalidades políticas muy

distintas e incluso no han faltado quienes la interpreten como una expresión

geográfica. En torno a este lema hay indudablemente motivaciones emocionales,

pero en las que no voy a entrar aquí. Diré solamente que la idea de la nación

española como sujeto del poder constituyente, iniciada en las Cortes de Cádiz,

asi como la de soberanía nacional, tienen una rica tradición en la historia del

constitucionalismo español, bien que rectificada por la Constitución de 1931.

Por otro lado, el anteproyecto es confuso, ya que en un lugar había de España,

en otro de pueblo español y en otro de los pueblos españoles. En mi opinión, sin

una referencia a la nación española se abre un equívoco en cuanto al sujeto

jurídico del poder constituyente. La indecisión que, en este punió, preside al

anteproyecto, da la impresión de que se sustituye la expresión nación española

por la de Estado español. Pero el Estado es una noción fría, abstracta,

designadora de una organización o de un aparato que sólo puede legitimarse por

referencia a la comunidad nacional. Soy consciente de que el concepto de nación

es plurifacético, pero no creo que desde ninguna perspectiva pueda negarse la

realidad histórica, social y cultural de la nación española, enriquecida, desde

luego, por las peculiaridades regionales, más o menos desarrolladas.

Gonzalo Fernández de la Mora.

En este sentido habría que unificar criterios y decir muy claramente si

verdaderamente somos una nación, como yo creo que lo hemos sido hasta ahora. Ha

sido un esfuerzo secular el de llegar a una conciencia nacional unitaria y,

naturalmente, con respeto a las autonomías y a los valores culturales,

históricos y de todo orden en las distintas regiones, debemos afirmar el

principio de la unidad nacional, El concepto de «nación», si no me equivoco,

está en todas las Constituciones españolas desde la de 1812 hasta la de 1876.

Ortega definió la nación como una empresa. España es una común empresa en la

historia, por lo menos desde el siglo XV.

Ramón Tamames. Creo q ue es un problema quizá un tanto metafísíco y que

podríamos adentrarnos en una discusión sin fin y de ámbito nacional. Y no tengo

la menor dificultad de emplear la palabra nacional en el lenguaje normal, como

los economistas hablamos de cuentas nacionales y esa expresión no se podrá

sustituir por las cuentas del Estado, que son otra cosa. En este sentido, desde

el punto de vista general, quién va a dudar que España es una nación. Está en

las

Naciones Unidas, estamos dentro de un sistema internacional. Pero cuando

empezamos a hablar entre nosotros, fuera ya del contexto internacional, es

verdad que las cosas empiezan a complicarse un poco, por el peso que en todo lo

nuestro tiene la historia.

España es un concepto geográfico y político muy antiguo, por mucho que se quiera

decir otra cosa, pues tiene su origen nada menos que hace 2.000 años, desde que

los romanos decidieron llamarnos Híspania.

Frente al concepto de nación española se puede tener una actitud más diversa. La

concepción tradicional de Esparta no es la de nación. Durante la Monarquía los

reyes, asimismo, yo no recuerdo que se llamaran dentro de España Reyes de

España, eran reyes de las Españas, de Castilla y León, de Aragón, de las Indias,

etcétera. La nación es un concepto que surge después, en ía Constitución de

Cádiz, que lo toma de la Constitución francesa de 1791. Que se sepa, antes, a

los españoles no nos habían hablado de la nación española, y creo que no está en

lo más profundo de nuestras tradiciones.

La palabra las Españas. que se ha empleado mucho y que se sigue empleando a otro

nivel del lenguaje, da ta idea de una diversidad realmente importante dentro de

esta unidad geográfica y unidad política que es España y que puede poner en

duda. Yo diría, además, que la expresión de nación española, que es muy muy

eufónica y efectivamente emocional, y a mi me gusta; pero comprendo que hay

personas y grupos políticos en España que pueden pensar que con ese

planteamiento de nación española se les quiere poner en duda otras cosas que son

muy suyas, como son los sentimientos de ser catalán, vasco o gallego.

Además, en la última Constitución democrática que tuvo España en 1931, la

expresión nación española no aparece, que yo recuerde. Claro, tuvieron la opción

de emplear la referencia República española, y con la República española

empezaban muchos artículos, y cuando había que hacer referencia a lo antes

conocido por nación española, utilizaban la expresión República española, sin

otras connotaciones, desde luego, y sin incidir sobre los sentimientos de

vascos, catalanes, gallegos, etcétera. Lo cual no era una casualidad, sino que

de hecho había un reconocimiento de algo que se había negado sistemáticamente a

los pueblos de España en las Constituciones anteriores.

La Constitución de 1812 tiene un proceso muy particular de elaboración, y llama

nación española tanto a los ciudadanos españoles del hemisferio americano como a

los del hemisferio europeo. Se hablaba de nación española en un sentido muy

amplio, sin precisar, haciéndose eco del enorme impacto que en la Revolución

francesa tuvo el concepto nación. Pero, sinceramente, lo que se mencionaba en la

Constitución de Cádiz era hasta dudoso que fuera una nación española; todo ese

conjunto de pueblos, tan diferentes y en muchos casos con tan escasa relación.

Me parece que en 1931 hay una recuperación de la verdadera conciencia y

problemática de tos pueblos de España, y asi pueden recuperar políticamente su

personalidad Cataluña, el País Vasco y otras regiones y nacionalidades, incluso

creo recordar que en el «Estatuto de Nuria», tal como lo plantearon los

catalanes, aparecía la expresión nacionalidad catalana, y que luego, cuando se

consiguió que los catalanes aceptaran que el estatuto no mencionara la

nacionalidad catalana, pero porque había una República española con un derecha a

las autonomías dentro de ella, con lo cual se obviaba lo que era quizá más

difícil de aceptar: que hubiese una nación española que pudiera poner en tela de

juicio sus particularismos.

Entonces, en 1931-1936, como desapareció la expresión nación española, en cierto

modo se renunció también al término nacionalidades y se habló solamente de

regiones. Pero como hoy eso no sucede, porque no se babia de República española,

se emplea el término de nacionalidades y regiones simplemente porque responde a

un sentimiento bastante profundo. Aunque se diga que las nacionalidaes de Pi y

Margall corresponden a un título de un libro semiolvidado, creo que es algo más

enraizada. En resumen, que a mí me parece que tal como está el anteproyecto de

Constitución, en este punto se ha hecho un esfuerzo y nadie ha objetado la

palabra España, lo cual todavía hace unos años determinadas fuerzas de la

Oposición no habrían puesto nunca en una Constitución. Hay, pues, una España,

con las nacionalidades y regiones que la integran.

Elias Díaz. Resumo mucho. Para mí el problema del sujeta está claro: el pueblo.

En éste es en quien reside la soberanía. Y si planteamos el tema de la «nación»,

a mí me parece más importante utilizar la palabra España. Ahí está resumido todo

el proceso histórico. Y hoy, en cierto modo, y a otro nivel, en la expresión

«Estado español». Nación es algo de menor entidad y significado que «pueblo

español». Creo que no hay que mitificar la nación (de la que, por otra parce,

salen y han salido nada beneficiosos nacionalismos). Por otra parte, creo que

eliminar el término nacionalidades plantearía hoy problemas políticos bastante

graves.

Elías Diaz. Pienso que hay que quitar la palabra «pueblo» del articulo segundo,

reservar esa expresión para el «pueblo español» (articulo primero) y dejar a su

vez el término «España», con el que se abre —y esto es importante— la

Constitución.

Gonzalo Fernández de la Mora.

Soy contrario al término y al significado «nacionalidades» en la Constitución.

Ramón Tamames. Pienso que no hay tal antagonismo. Entre pueblos y pueblo y entre

nacionalidades y nación. La nacionalidad común es la española. Eso está fuera de

toda duda.

Alfonso de Cossío. Creo que la palabra nacionalidad o nación es una palabra en

cierto modo ambigua, pero que tiene un sentido teórico político muy definido.

Porque cuando nace la teoría de las nacionalidades lo que se está buscando es

pueblos que tienen una unidad cultural y una unidad de lengua, que están

divididos y quieren unirse. De forma que la palabra nación no coincide con la

palabra Estado y tiende a identificase con ella. El verdadero problema no es

utilizar la palabra nación, sino establecer un régimen de autonomía en un grado

mayor o menor, romper o no romper la unidad de ese Estado.

Manuel García Pelayo. Insisto en que España lo puede ser todo. Se ha argumentado

aquí que se ha excluido el término nación española por no molestar a algunas

regiones. Si esto es asi puede haber otra parte de España que se sienta molesta.

El inconveniente que le veo a la expresión pueblo es que es un concepto

atomizado, implica una suma de individuos; en cambio, la nación implica la idea

de una comunidad.

Elias Díaz. Aclaro que no es que el término nación -referido a España— moleste a

nadie. En modo alguno. Los socialistas catalanes siempre han mantenido que no

hay ningún problema en utilizarlo. Pero no se haga como pretexto para asi poder

excluir el término «nacionalidades», que puede ser más o menos científico, pero

que hoy, a nivel político, parece tener un significado bastante claro.

 

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