Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
 El orden público. 
 La guardia civil     
 
 Informaciones.    18/02/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL ORDEN PUBLICO

UN las últimas semanas, el tema del orden público ha cobrado especial relieve.

Aprovechando un indudable

incremento de delitos y delincuentes, como consecuencia de ía agravación de la

seria crisis socioeconómica por ía que atravesamos, se está montando una intensa

campaña que pretende identificar el desorden con la democracia y enfrentar a los

agentes del orden público, encargados de la defensa de un orden público

democrático, con los partidos políticos.

Aunque es evidente que toda esta argumentación carece de peso, hemos creído

conveniente pedir a los partidos con representación

parlamentaria un análisis sectorializado sobre las fuerzas de orden público.

Así, A.P. (Guardia Civil), Partido Socialista Obrero Español (Cuerpo General de

Policía) y P.C. (Policía Armada) enfocan su atención sobre cada uno de estos

sectores bajo una común óptica: unas fuerzas de orden público profesionalizadas,

dotadas de los últimos medios técnicos, convenientemente remuneradas y

fundamentalmente apartidarías.

Lamentablemente, a pesar de habérseles solicitado una colaboración con quince

días de antelación, no hemos conseguido la opinión de U.C.D. ni del mismo

Ministerio del Interior.

LA GUARDIA CIVIL

Por Manuel FRAGA IRIBARNE

(Secretario General de Alianza Popular)

LOS fines de la Guardia Civil, semejantes a los de la Gendarmería francesa o los

Carabineros italianos, son básicamente de las fronteras, la Policía rural, y el

constituir un segundo escalón de la Policía normal, previo al uso de la fuerza

militar, en casos de grave desorden. La eficacia del benemérito Instituto ha

hecho que sobre esas funciones primordiales se hayan ido acumulando otras, tales

como el control de armas y explosivos, el resguardo fiscal, la supervisión del

tráfico en carretera, etc.

La Guardia Civil surgió, en medio de la grave crisis política de nuestro siglo

XIX, como consecuencia de dos factores principales. El primero fue la

inseguridad general de vidas y haciendas en España después de la guerra de la

Independencia, del desarrollo de las guerrillas y de los enfrentamientos a

muerte en las guerras civiles. Para hacer frente al bandolerismo resultante,

hacía falta una especie de nueva Santa Hermandad, y la Guardia Civil cumplió

perfectamente este primer cometido.

Un segundo factor fue la inestabilidad del orden político, en medio de

constantes cambios constitucionales, inestabilidad de los partidos y fragilidad

de las nuevas instituciones. La desconfianza de los liberales frente a las

tropas del Rey y frente a las viejas milicias forales hizo surgir la institución

de la Guardia Nacional, de origen francés, y que entre nosotros se denominó

Milicia Nacional. Pero así como en Francia la Guardia Nacional se convirtió

pronto en conservadora de los intereses de las nuevas clases medias, carácter

que aun conserva hoy en los Estados Unidos, en España se mantuvo con una gran

propensión desestabilizadora. Instrumento de los progresistas y base de todas

las bullanzas y motines, pronto el general Narváez comprendió que todo el

intento de moderar y estabilizar el sistema liberal pasaba por la supresión de

unas fuerzas voluntarias e indisciplinadas, por otras profesionales y sometidas

a la disciplina militar.

De este doble origen nacen las mejores características de la Guardia Civil,

perfectamente plasmadas en sus normas constitutivas y reglamentarias,

perfectamente concebidas por su ilustre fundador, el duque de Ahumada. Las

«mangas verdes» y los tricornios fueron pieza esencial en el asentamiento de la

España contemporánea, de su paz civil, de la estirpación de la bárbara violencia

en las aldeas y de la creación de una vida segura y ordenada. La España de los

viajeros románticos y de los bandidos más o menos generosos dio paso a otra

menos pintoresca, pero más seria, gracias en gran parte a la Guardia Civil.

El Instituto ha demostrado una gran capacidad de adaptación a nuevas misiones y

nuevos tiempos. Hoy se enfrenta, sin duda alguna, con la necesidad de acometer

con imaginación y decisión una etapa de reformas importantes.

Las razones y criterios son los siguientes. En primer lugar, el cambio en la

estructura y los asentamientos de la población española. De una mayoría

residente en zonas rurales se ha pasado al predominio de los núcleos urbanos y

las áreas metropolitanas.

En segundo lugar, los cambios de la técnica. La motorización, en helicóptero y

la lancha rápida han cambiado por completo los medias para la defensa de costas

y fronteras y la vigilancia del territorio.

En tercer lugar, los métodos del adversario. El terrorista moderno esta mejor

anímelo y organizado que el viejo bandolero, y lo mismo ocurre con el resto de

los delincuentes y contrabandistas.

Ello hace necesaria una mayor especializaclón y formación técnica, así como una

atención mayor a las cuestiones de material, que por cierto supone unas

inversiones elevadas, pero también justificadas como ninguna.

Sin embargo, lo esencial de una institución son el espíritu y los principios.

Estos siguen siendo válidos. La Guardia Civil es una de las cosas en las que

España puede, sentirse segura y orgullosa. Su pasado ejemplar es la mejor

garantía de su futuro.

 

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