Autor: Bueno Vicente, José Miguel. 
 El orden público. 
 Un Cuerpo General de Policía diferente     
 
 Informaciones.    18/02/1978.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

UN CUERPO GENERAL DE POLICIA DIFERENTE

Por José Miguel BUENO (Miembro de la Comisión de Defensa del P.S.O.E.)

HABLAR del Cuerpo General de Policía sin incluirlo en el contexto propio y más

amplío, que para mí debe llamarse fuerzas de seguridad pública, concepto que

incluye la seguridad del Estado, es hablar por hablar. Sólo conociendo el modelo

general se puede entrar en consideraciones particulares y ramificadas. Por eso,

brevemente, empezaré por describir una alternativa global para las fuerzas de

seguridad pública, para dedicar después el grueso de este escrito a la Policía

superior no uniformada.

En el seno de una sociedad democrática, meta que pretendemos lograr para la

española, el pueblo debe proponerse, a toda costa, proteger sus libertades

Individuales y colectivas. Para ello debe concebir un instrumento adecuado,

auxiliar ideal de una justicia, indiscutible en el ejercicio de sus

prerrogativas. Tal instrumento son las fuerzas de seguridad pública. Estas

fuerzas, a mi entender, deben ser de dos tipos: uno, más encarado a la

protección y defensa del Estado, cuya jurisdicción debe abarcar a todo el

territorio nacional, con dependencia orgánica del Ministerio de Defensa y

funcional del de interior, en el que se encuadraría la Guardia Civil, y otro,

más descentralizado y dedicado principalmente a la segundad pública y ciudadana,

ministerio del Interior y funcional de con dependencia orgánica del Mi los

poderes locales, regionales y, en su caso, judiciales. En este tipo se

incluirían las actuales Policía Armada y Cuerpo General de Policia (C.G.P.).

Sobre las bases previas de protección de las libertades, y desaparecida la

pasada concepción de la defensa de un determinado orden político, la situación

de los miembros del C.G.P. queda perfectamente clarificada. No puede hablarse ya

de que constituyan la Policía gubernativa, de tal Gobierno, o al servicio de tal

ideología; hay que decir que son la Policía del Estado, que son funcionarlos al

servicio de un Estado democrático, y por tanto constituido por todos,

absolutamente todos los ciudadanos. En este sentido han de llevar hasta sus

últimas consecuencias, durante la práctica profesional, su apartidismo político,

que no les debe privar en absoluto, como a cualquier español, de su libre

politicidad. Hay que hablar, pues, de que el C.G.P. ha de estar al entero

servicio de la justada. Ante ésta, amparado por ella, y para ella debe realizar

su cotidiana, dura y ejemplar labor.

A mi entender, esta labor no es fácil y sencilla, si se ha de trabajar en un

marco de respeto a las leyes y bajo la fiscalización de la autoridad Judicial.

Era fácil en años pasados, recurriendo a los métodos expeditivos. Pero si la

Policia quiere, no sólo hacerse respetar, sino también hacerse querer, para

descubrir la verdad ha de recurrir a la inteligencia, a conocimientos cada vez

más amplios y profundos y a las técnicas policiales modernas basadas en el

método científico. Sólo así, junto a una profunda compenetración con el pueblo

mediante una apertura hacia el exterior, mostrando la Imagen real de sus

entresijos, deparando un trato respetuoso y cordial, y demostrando una

intachable honradez y honestidad, podrá el C.G.P. labrarse un lugar honorable y

preminente en la sociedad española. Las Policías que han procedido así en otros

países pueden atestiguarlo con claridad.

Todo esto muy bonito, me dirán los funcionarios del C.G.P., pero a ello no se

llega únicamente con buenas palabras de querer cambiar. En efecto, es preciso

contar, en primer lugar, con un ordenamiento estructural y funcional adecuado, y

después con la solidaridad y apoyo decidido de todos, no sólo de los políticos,

sino también del conjunto de los ciudadanos. La amnistía se hizo para todos, y

aunque es innegable que algunos puestos son incompatibles con determinadas

conductas pasadas, el respeto a que una operatividad de funcionalidad hoy ya

diferente no se paralice, debe encontrar eco hasta en los más reticentes.

Líneas atrás hablaba del ordenamiento, de reorganización. Es, a todas luces. la

piedra angular del problema. El C.G.P, debe caer más de lleno en la dependencia

funcional de justicia que lo está en la actualidad. Debe, de igual manera,

operar de forma descentralizada y más ligado a los entes locales, con los

mecanismos necesarios de coordinación derivados de su dependencia orgánica del

Ministerio del Interior. En cuanto a sus funciones, soy de la opinión de que

deben circunscribirse exclusivemente a la espera de la prevención y detección de

los delitos contra las libertades sociales y económicas legalmente establecidas,

en toda su amplia gama da variedades, abandonando otras que, por estar más

ligadas a la defensa del Estado, caigan dentro del ámbito del resto de las

fuerzas de seguridad pública. De igual manera, el C.G.P. debe traspasar las

funciones típicamente burocráticas a otros cuerpos más idóneos y preparados para

ellas.

El C.G.P, debe ser, ante todo, un plantel de técnicos superiores que sin

distinción de sexo sean seleccionados por sus dotes de inteligencia y adecuación

personal. No se concibe hoy día un «sabueso» sin una preparación amplia, bien

documentada y a niveles realmente elevados y diversificados. El inicio de una

rentabilidad de largo plazo está en dotar de una buena formación a estos

profesionales. El delito, en la actualidad, adquiere formas copiosamente

diversas, y es previsible que con el desarrollo de la inteligencia humana, la

diversificación aumente. Hoy es preciso que la Policia cuente; no só1o con

funcionarios formados de forma general en vanas ramas de la ciencia y de las

humanidades, sino también con auténticos especialistas en física, química,

biología, medicina, economía, arte, derecho, etc. Esto, unido a unos adecuados

medios operativos tales como gabinetes, laboratorios, servicios informáticos,

medios móviles, etc., sin los cuales es imposible llevar a la práctica los

conocimientos adquiridos, harán que las funciones asignadas al C.G.P. puedan

cumplirse con buenas garantías de éxito.

En otro orden de cosas, los funcionarios del C.G.P. deben estar, a la vez que

sometidos en sus actuaciones a la jurisdicción ordinaria, protegidos también

ante la ley ordinaria, contra posibles arbitrariedades e incomprensiones. En el

aspecto de derechos y deberes es imprescindible que el C.G.P. cuente, junto a un

Reglamento interno que fije sus íneas de actuación acordes con el orden

democrático, con un Estatuto del policia donde queden perfectamente fijados

aquéllos. Entre los derechos que el policía debe tener han de figurar

principalmente el de la libre sindicación o asociación como cualquier

funcionario civil, el de expresión, el de reunión y el de acceder a unas

remuneraciones a la altura del resto de los demás funcionarios, con los

incremento diversos propios de las funciones desempeñadas Además, de cara a una

práctica, prolesional eficaz y con unos sueldos acordes, entiendo q.ue se debe

exigir al policía no uniformado una dedicación absoluta y exclusiva que lo sitúe

en una esfera contraria a toda dispersión de esfuerzos o captación de

corruptelas.

Un C.G.P. visto así tiene asegurado él éxito y el reconocimiento en esta nueva

España que estamos empeñados en construir. La reconciliación, el comenzar de

nuevo, hemos de practicarlo todos. Y la mejor manera de hacer democracia es

fijar unos esquemas claros que se correspondan con la realidad. La realidad para

la Policía técnica superior es iniciar la devolución de sus auténticas

funciones, clarificando para ella un presente y un futuro de profesionales

dignos, eficaces y honestos al servicio de la justicia y la seguridad del pueblo

y sus libertades.

de febrero de 1978

INFORMACIONES POLITICAS 5

 

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