Autor: Ferrando Badía, Juan. 
 Ante el proyecto constitucional: enmiendas. 
 Nación y nacionalidades     
 
 Informaciones.    18/02/1978.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

ANTE EL PROYECTO

NACIÓN Y NACIONALIDADES

Por Juan FERNANDO BADÍA

(Catedrático de Derecho Político.)

SOBRE el borrador constitucional elaborado por la ponencia han caído, como

bloque aplastante, 1.133

enmiendas, que implican quo no existe el presunto consensus en torno al mismo.

Analizaremos las

enmiendas por grupos no de partidos, sino por razón del tema o artículo al que

se refieren o afectan. Este

artículo se centra en las enmiendas presentadas al artículo 2.º del

anteproyecto, que dice: «La

Constitución se fundamenta en la unidad de España y la solidaridad entre sus

pueblos y reconoce el

derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran.»

A) Los dos grandes partidos, U.C.D., y P.S.O.E., coinciden en Introducir en el

artículo la expresión

«nación española, sí bien cada uno de ellos le añade adjetivos que no

afectan, en ningún sentido, a

lo que se entiende por nación... Pero ambos partidos continúan respetando el

resto del articulado y

así conservan el término nacionalidades y esto implica a nuestro criterio • una

flagante

contradicción. Luego lo veremos.

B) El P.C.E. la minoría Catalana, el P.N.V. y el P.S.P., en sus respectivas

enmiendas, no introducen

modificación sustancial al articulo A.) citado, cuestión de matices y de

redacción.

C) El A.P., aunque sus enmiendas presentan múltiples variantes, sin embargo el

denominador común de

todas ellas es la supresión del termino nacionalidades, permaneciendo tan sólo

el de regiones...

REGION, REGIONALISMO Y NACIÓN Y NACIONALIDADES

Los términos región y regionalismo son inconfundibles con los de nación y el de

nacionalidades. Y así,

mientras con el vocablo regionalismo apuntamos a esto: el regionalismo

representa la idea regional

como fuerza actuante, como ideología o como base teórica de una

planificación política

descentralizada legislativa y administrativamente, por el contrario, el

nacionalismo y el principio de las

nacionalidades como diria Manciní no es más que la fuerza actuante, de la

nación hacia la consecución

de su propio Estado, hacia la separación o independencia. En síntesis cuando

se habla, o escribe, o se

usan los términos nación o nacionalidades, se está apuntando a un mismo

objetivo: convertir las regiones,

que son grupos sociales territoriales interdependientes —no autosuficientes.

pues , en unidades políticas

soberanas.

La nación ha sido considerada como el resultado de un proceso histórico que

había concluido antes del

nacimiento del Estado; éste aparecía en la opinión dominante— como un ultimo

término, como la

cristalización jurídico-política de la nación preexistente. De ahí que se

plantease lógicamente el problema

de si a toda nación corresponde un Estado. La realidad desborda, evidentemente,

un enfoque similar. Hay,

incuestionablemente, naciones que han sido divididas o que se hallan parceladas

en varios Estados, y hay

viceversa— Estados que incluyen diversas naciones diferentes. En virtud del

principio de las

nacionalidades, toda nación tiene derecho a convertirse en Estado. Principio

arraigado a la Revolución

francesa; se trata, en efecto, de un postulado revolucionario. El origen del

poder interno reside en la

nación, en el plano del Derecho interno. En el internacional, el primer derecho

de la nación es realizarse

política y jurídicamente de formo, íntegra, lo que es postular una forma

estatal. En el tratado de Viena, el

principio de las nacionalidades fue vigorosamente combatido por la Santa

Alianza, que pretendía

instaurar un orden estable, pero resurge tal principio a partir de la Revolución

de 1848, impulsado por

Napoleón III, permitiendo las unidades rumana, italiana y alemana. La aplicación

más amplia de este

principio se halla en los tratados de 1919, con la reconstitución de Polonia, el

desmembramiento de

Austria y la Carta de Europa oriental.

La nación y el principio de las nacionalidades está hoy en boga en el «tercer

mundo»;

Tras las anteriores puntualizaciones sobre el concepto de «nación, nacionalidad

y región», justo es que

nos preguntemos lo siguiente:

1. ¿Qué se entiende en el anteproyecto constitucional por «nacionalidades» y qué

por «regiones»?

2. ¿Acaso cuando se utiliza el término «nacionalidades» se está

pensando en las regiones especiales italianas?

3. ¿Qué "cuadrantes de la geografía española serán considerados como

«nacionalidades» y cuáles como

«regiones»? ¿Qué criterio se seguirá?

4. ¿Qué competencias se atribuirán a unas y cuáles a otras? ¿Las mismas o

diferentes? Según las

respuestas, las cuestiones y problemas políticos que en el futuro se puedan

plantear entre las regiones son

imprevisibles. Si se atribuyen las mismas competencias, ¿para qué duplicar los

términos?, y si diferentes,

no se suscitarán recelos y tensiones...

5. Teniendo en cuenta que el término «nacionalidad» —como decíamos antes—

apunta a que cada

nación tenga su Estado, el hecho de utilizar el término «nacionalidades» parece

que implique que se está

apuntando a que la estructura del futuro Estado español será «federal» o

«federable»; y teniendo en cuenta

que el término «región» es la base del «Estado regional», al usar la comisión

constitucional dicho término

parece, por el contrario, que está apuntando a que el futuro Estado, que

surgirá de la Constitución, será

Un Estado «regional», o regionalizado», o «regionalizable». Entonces, ¿qué tipo

de Estado nos van a

fabricar los constituyentes para nuestra España?

Tras la exposición hecha, se puede constatar que resulta contradictorio afirmar,

por una parte, como hace

U.C.D., en su enmienda, que «la nación española es una e indivisible, o como el

P.S.O.E., que establece en su enmienda, La unidad de la nación española..., y

por otra,

reconocer, como hacen, los

dos partidos citados, el derecho a la autonomía de las nacionalidades...».

Pues, como creemos haber

demostrado, nación y nacionalidad se Implican y complican. Y,, por tanto, no

puede existir al mismo

tiempo una única e Indivisible nación y otras nacionalidades —en el mismo

territorio—, porque éstas

apuntan a que «sus» naciones tengan «sus» respectivos Estados. Luego si se

admiten las enmiendas de

los dos grupos políticos mayoritarios, se tiene que ser coherente y

eliminar o suprimir del

anteproyecto constitucional el término nacionalidades. Decía el profesor García

Pelayo que: ... del

término nacionalidades se puede desembocar fácilmente en la concepción de

España como un Estado

de nacionalidades, y está en la dialéctica de las cosas, lo que no

quiere decir necesariamente en la

fatalidad histórica, que del Estado de las nacionalidades se pase a su

disgregación en varios Estados

nacionales...» («El País», 1-II-78.)

En consecuencia, para evitar este peligro que denunciara García Pelayo y, a su

vez, en aras de la

coherencia y de la claridad del texto constitucional, una vez: que ambos

partidos citados han presentado

enmiendas tan importantes, sería conveniente que dieran un paso más, y

coherentes consigo mismo,

solicitaran también la supresión del vocablo nacionalidades. Si esta fuera

—y ojalá sucediera—,

como conclusión final indicaríamos que el artículo 2.º del anteproyecto,

constitucional se redactase

de la siguiente forma: «La Constitución; se fundamenta en la unidad de la

nación española y reconoce el

derecho a la autonomía de sus regiones y promoverá la solidaridad entre

ellas.»

POLÍTICAS

18 de febrero de Ü978

 

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