Un editorial de Blanco y Negro. 
 Hacia la Constitución     
 
 ABC.    29/03/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

MIERCOLES, 29 DE MARZO DE 1978.

UN EDITORIAL DE «BLANCO Y NEGRO»

HACIA LA CONSTITUCIÓN

En su último número, la revista «Blanco y Negro» publica el siguiente editorial,

que por su interés reproducimos.

EXISTE ya un borrador de Constitución; es decir, estamos en puertas de que sobre

esa sólida base los partidos políticos puedan dar muestras públicas de su buena

disposición hacia las concesiones mutuas, de tal modo que no se pueda volver a

decir lo que dias pasados se dijo con acierto de la Constitución de la

República: «Estaba hecha por media España contra la otra media.» Ese era el

objetivo que había que alcanzar y que, en principio y si las cosas no se

deterioran gravemente en los Plenos que hayan de discutir finalmente el

proyecto, parece a punto de lograrse.

NINGUNA otra función más importarte que ésta tenían las Cortes. Pero es lo

cierto que a través de los meses transcurridos desde el verano pasado los

españoles tuvimos algunas veces la impresión de que la preparación de la carta

política fundamental de la nueva democracia española aparecía subordinada o

incluso olvidada tras las pasiónes que despertaban temas de muy inferior

categoría. Y todo ello se debía a que un discreto silencio rodeaba los debates

de la Ponencia y la Comisión Constitucional, donde hombres de buena voluntad, en

representación de sus respectivos grupos parlamentarios, hacían lo posible y lo

imposible por negociar las diferencias de criterios e intereses politicos y

alcanzar fórmulas que por no ser de ninguno de esos grupos en particular

resultase aceptables para todos ellos. Es lo que se ha dado en llamar el

consenso, que es lo mismo que consentimiento. La democracia es irrealizable si

el espíritu beligerante prevalece sobre el espíritu negociador, y de ahí viene

el hecho de que en estos momentos no tenga la joven democracia española enemigo

más temible que el terrorismo y en general todas aquellas formaciones o grupos

que postulan la violencia como medio habitual de acción política.

EL incidente protagonizado por el diputado del P. S. O. E., que abandonó la

Ponencia Constitucional por entender que U. C. D. incumplía determinadas

promesas al introducir enmiendas relativas a las autonomías, la enseñanza y el

régimen de las empresas sobre eI despido, fue recibido en los prlmeros momentos

con verdadera alarma. Porque si la segunda formación política de España se

retiraba de la negociación el hecho se debía a que la actitud de asentimiento a

las mutuas concesiones quedaba an suspenso. Y esa alarma llegó a tal altura que

el país pudo contemplar cómo Incluso Su Majestad el Rey se interesaba por lo

ocurrido en el curso de una reunión celebrada a petición del secretario general

del P. S. O. E. con asistencia del jefe del Gobierno y presidente de la U. C. D.

Aunque al representante del P. S.O. E. no regresó al seño de la Ponencia

Constitucional, éste prosiguió trabajando y dio finalmente cima a su labor que

estaba por otra parte, ya casi totalmente rematada cuando se produjo aquella

retirada.

PERO lo importame y digno de ser subrayado es que la actitud del P. S. O. E. no

paso de ser un modo de expresión pública de una discrepancia que probablemente

en el Pleno del Congreso se repetirá, si antes no logra el jefe del Gobierno

establecer un acuerdo previo que suavice y matice aquellas diferencias. La falta

de publicidad que estaban teniendo las sesiones de la Ponencia facilitaron, por

una parte, el avance de los trabajos hacia la preparación de un texto base,

pero, por otra, engendraron en ciertos circulos políticos la idea de que todo

estaba pertectamente «amañado». Y no sería nada extraño que la retirada deI

representante del P.S.O.E. tuviese como verdaderamente fundamento la necesidad

de manifestar con amplia resonancla que ese partido sigue fiel a sus propios

postulados políticos respecto a temas como las autonomías, la enseñanza y el

despido más o menos libre. Lo que ahora queda por ver es si una vez logrado el

eco que el P. S. O. E. buscaba, llegaremos, por fin, a tener una Constitución

que merezca una aprobación tan mayoritaria del pueblo español que nadie pueda

considerarla en un plazo razonable como documento preparado por unas minorías.

CON la Constitución proclamada, España debe prepararse para entrar plenamente en

la realidad de la vida democrática que tiene su expresión en el sufragio

universal y el predominio en la vida política de la voluntad de la mayoría. ¿Qué

dirían ustedes si los socialistas y comunistas franceses respondiesen al triunfo

de sus adversarios derechistas con el rechaza de los resultados arrojados por

las urnas? Es ahí, precisamente ahí, donde nuestra democracia hará sus primeras

pruebas con «fuego real»: en las elecciones que hayan de celebrarse una vez

disueltas las actuales Cortes.

 

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