La Constitución. 
 Dura respuesta de Pérez Llorca a Letamendía, que intentó justificar la actuación de ETA  :   
 Cuando existe libertad de expresión para hablar así, toda violencia es injustificable, dijo el portavoz de UCD. 
 ABC.    16/06/1978.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 21. 

LA CONSTITUCIÓN

DURA RESPUESTA DE PÉREZ LLORCA A LETAMENDIA, QUE INTENTO JUSTIFICAR LA ACTUACIÓN

DE E. T. A.

"Cuando existe libertad de expresión para hablar así, toda violencia es

injustificable", dijo el portavoz de U. C. D.

Madrid, (De nuestra Redacción.) Cuando pasadas las ocho y media de la tarde de

ayer, el presidente de la Comisión Constitucional, don Emilio Attard. se

disponía a levantar la sesión, dirigió a todos los diputados asistentes estas

palabras:

«Sus señorías han trabajado hoy duro y bien. Los felicito. Creo que era el mejor

modo de conmemorar la fecha en que se cumple el año de nuestra elección.»

Sin embargo, sólo se habían aprobado —durante las laboriosas sesiones de mañana

y tarde— dos artículos de la Constitución: el l40 y el l4l. ¿Por qué decía el

presidente que se había trabajado duro?

Por una razón muy simple: el artículo l4l —que, como anticipábamos ayer, fue muy

debatido— se compone de dos apartados, el primero de los cuales recoge, en 30

párrafos numerados, las competencias que se reserva el Estado de manera

exclusiva.

Es evidente, que en esos 30 párrafos se habla de muchísimos temas: desde la

igualdad de los españoles hasta la convocatoria de consultas populares, pasando

por las relaciones internacionales, la defensa y las Fuerzas Armadas, la

Administración de Justicia y un larguísimo etcétera.

Sobre casi todos los puntos hubo enmiendas, intervenciones y debates. Pero el

gran choque dialéctico —desarrollado, por cierto, con una extraordinaria calma

exterior— surgió en torno al número 25, que se refiere al tema de la seguridad

pública y que ha sido modificado mediante una enmienda «in voce». por U. C. D.,

para establecer la posibilidad de creación de policías territoriales.

Ni el texto primitivo de la Ponencia, ni siquiera las numerosas intervenciones

que le precedieron, resultaron satisfactorios para el señor Letamendia, de

Euskadiko Ezkerra, que, abogando por la supresión de este número, afirmó:

«Aquí se ha hablado de muchas cosas, pero todas son músicas celestiales, porque

no se ha hablado de la madre del cordero, que es la situación de represión en

que están viviendo ciertos pueblos del Estado, ni de las organizaciones que

combaten a las Fuerzas del Orden Público.»

Tras afirmar que era consciente de su responsabilidad y de cuanto iba a decir,

aseguró que «la pacificación de Euzkadi no se consigue simplemente con un

acuerdo entre el P. S. O. E. y el Partido Nacionalista. Vasco. Hace falta

también —dijo—el acuerdo de la izquierda abertzale, de la que yo soy

representante». Señaló que este partido se encuentra dividido por discrepancias

sobre los métodos a utilizar: «Yo pertenezco a la parte pacífica», afirmó.

Añadió luego que para comprender la visión que de las Fuerzas de Orden Público

tiene un gran sector del pueblo vasco, hay que pensar que desde el fin de la

guerra civil hasta la muerte del dictador, fueron, fuerzas de ocupación. El uso

del euskera fue perseguido con saña, hasta el punto de borrarlo a martillazos de

las lápidas de los cementerios. El pueblo vasco tiene un recuerdo hiriente de

esa etapa, dijo.

Hizo luego un balance de la represión, y destacó que en l969, en un país con

menos de dos millones de habitantes, pasaron, por las Comisarías y cuartelillos

l.953 personas, de las cuales 350 sufrieron tortura con primer grado y l60 en

segundo y tercero.

Respecto a la época que siguió a la muerte de Franco recordó que antes del

nombramiento del presidente Suárez, tuvieron lugar los hechos de Vitoria y

Montejurra; que desde el nombramiento de Suárez hasta las elecciones de hace un

año continuaron los hechos represivos...

En este punto de la intervención del señor Letamendia, el presidente le llamó a

la cuestión «para llevar por vía derecha la Constitución». Pero el señor

Letamendia prosiguió recordando que hasta el l9 de enero del 77 no se legalizó

la ikurriña y que si últimamente ha menguado la represión legal en cambio se ha

recrudecido la actuación de los incontrolados, algunos de los cuales se ha

podido comprobar que eran policías o guardias civiles de paisano.

El señor Letamendia debió comprender, en este punto, que se le había olvidado

hablar de algunos muertos tan significativos como los señores Araluce Villar,

Berazadi Ibarra y Bergé... Por eso, seguramente afirmó:

«No soy portavoz de E. T. A., no soy partidario de la violencia y lamento todas

las muertes que se han producido.» La situación descrita y la actuación de los

incontrolados explica, según el señor Letamendia, que el pueblo vasco no haya

cambiado su visión de las Fuerzas de Orden, Público, lo que provoca la

exasperación de estas Fuerzas y el aumento de las actividades de los

incontrolados, «como una pescadilla que se muerde la cola».

Reconoció que las Fuerzas de Orden Público que hay actualmente en el País Vasco

son muy jóvenes y no son, por tanto, responsables de hechos anteriores, «pero

sufren sus consecuencias, son víctimas inocentes de la situación». Terminó

combatiendo las soluciones policiales adoptadas hasta ahora y afirmó que la

solución real está en los puntos que E. T. A. —insistió en que no se

identificaba como su portavoz— ha presentado «para un alto el fuego», y entre

los cuales se encuentra el de la sustitución de las Fuerzas de Orden Público por

una Policía autóctona que sería seleccionada — anunció — por los partidos

políticos en forma proporcional a su propia importancia.

REPLICAS DE U. C. D.— Apenas finalizó la intervención del señor Letamendía,

pidió la palabra el portavoz de U. C. D., señor Pérez Llorca, que, en una

exposición brillante y serena, replicó el diputado de Euskadiko Eskerra,

afirmando que intervenciones como la suya «no tienden a la concordia, ni a la

pacificación. Lo que ha llamado «fuerzas represivas» puede ser aceptado en un

Estado dictatorial. No es licito seguir utilizando esa terminología en un Estado

democrático. .Las fuerzas de Orden Público son guardianes de la democracia y de

la libertad. Airear los agravios recíprocos no contribuye a solucionar los

problemas, sino que es una manera de sabotear las soluciones. Por esta razón el

señor Pérez Llorca se resistió a presentar una contraestadística que podría

oponer a la que, «con tan poca fortuna», expuso el señor Letamendía. «Si en

algún momento histórico pudo estar justificada la violencia, desde que se

implantó el Estado democrático la violencia es injustificable. Cuando existe una

libertad de expresión amparada por la inviolabilidad parlamentaria, que permite

intervenciones como la del señor Letamendía, ninguna violencia puede ser

justificada. No se puede admitir, por eso, que se hable de «alto el fuego» ni de

una especie de «cascos azules».

«Las paredes de este caserón — dijo finalmente el señor Pérez Llorca— , que

tantos discursos han presenciado, no escucharon seguramente nunca que la

libertad de expresión fuera utilizada como lo ha hecho hoy el señor Lelamendía.

Esperamos la colaboración de todos, pero no se ayuda a hacer un debate

constructivo con mitines electorales. No es con discursos como el del señor

Letamendía como se soluciona el problema del País Vasco, sino definiéndonos

todos claramente hacia una solución pacífica y de concordia, que es precisamente

la que ofrece la enmienda de U.C. D.»

Defendiendo precisamente estos aspectos de respeto, pacificación y concordia

había intervenido, antes que el señor Letamendía, el señor Mellán Gil, de

U.C.D., para exponer la enmienda que establece un equilibrio entre la concepción

global del orden público a nivel del Estado y la participación de las

comunidades, «porque la paz — dijo — se consigue más establemente mediante la

colaboración de to-dos». Afirmó que la enmienda «in voce> de U. C. D.

perfecciona y amplia el primitivo texto de la Ponencia, al admitir la

posibilidad de quee las comunidades autónomas creen su propia política, «con

arreglo a lo que se establezca en sus Estatutos y dentro del marco de una ley

orgánica».

El sefior Vizcaya, del Partido Nacionalista Vasco, aceptaba esta enmienda de U.

C. D. si se limitara a lo establecido en los Estatutos, ya que al ser aprobados

éstos por ley Orgánica, le parecía una duplicación innecesaria el final

Fue el gran debate de la jornada. Las numerosas intervencion es culminaron en la

aprobación de los treinta y tantos apartados de este artículo l4l, que se

completó con un apartado nuevo — propuesto por Socialistas de Cataluña — en el

que se contempla la lista de las competencias compartidas entre el Estado y las

entidades autónomas, así como la posibilidad de que el Estado pueda atribuir a

dichas comunidades algunas de las materias que le están reservadas.

Por la mañana se había aprobado el artículo l40, que faculta a las Cortes para

autorizar la constitución de una comunidad autónoma cuando su ámbito territorial

no supere al de una Provincia y no reúna las condiciones del artículo l36.

También se podrá acordar un Estatuto de autonomía para territorios que no estén

integrados en la organización provincial. Consignemos, como dato curioso, que

para aprobar el artículo l4l y aceptar a desestimar las enmiendas a él

presentadas fueron necesarias treinta y siete votaciones consecutivas.

 

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