Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Se bordeó el abismo     
 
 Informaciones.    19/07/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Se bordeó el abismo

Por Abel HERNÁNDEZ

TODOS los esfuerzos de aproximación han resultado inútiles. La negociación con

los nacionalistas vascos quedó ayer tarde rota. Cuando el socialista Alfonso

Guerra propuso en el último momento que la restitución de los derechos forales

históricos se incluyera como un artículo más en el cuerpo de la Constitución, y

los «peneúves» saltaron con un «no» rotundo, se vio meridianamente claro que no

había nada que hacer. Ellos querían los fueros «por encima de la Constitución».

En el fondo, buscan su propio Estado vasco; quieren arrancar una parcela de

soberanía —o la soberanía total— al margen del Parlamento, genuina

representación de la soberanía nacional. La transferencia de competencias del

Estado al Consejo General Vasco y la lista de estas transferencias exigidas por

el P.N.V., dejaba al Estado como una barca vacía de contenido.

Parece que lleva razón el P.N.V. en que hubo marcha atrás. La propuesta inicial

sobre la que se negociaba había sido, de acuerdo con nuestras fuentes, del

socialista Peces-Barba. No se había medido bien el alcance de la propuesta.

Sobre este «error inicial» se estaba intentando fabricar el consenso. Parece que

fue el presidente Suárez, en persona, tras una reunión de cuatro horas con la

plana mayor de las fuerzas armadas en la Moncloa, el que dio la voz de alarma.

«Se había bordeado el abismo —nos ha dicho uno de los negociadores—. Es

preferible un consenso roto a una España rota». El propio vicepresidente Abril

Martorell nos confiaba anteayer por la mañana: «Seremos generosos hasta el

límite de lo posible; todo, menos rozar la soberanía.» Se había rozado y se ha

reculado a tiempo. Queda abierto, entretanto, el abismo del País Vasco. La

responsabilidad de todas las partes, especialmente del Partido Nacionalista

Vasco, es excepcional. Allá cada cual con su conciencia.

La defensa del federalismo por el dirigente socialista Felipe González ayer

tarde, en el Pleno del Congreso, no ha podido ser más inoportuna, según

observadores neutrales. Su carrera de estadista acaba de perder muchos puntos.

Presumiblemente, desde ayer el Ejército tendrá menos confianza aún en la

alternativa socialista. En los momentos cumhres es cuando se demuestra la

capacidad de un gobernante. No era momento de echar leña al fuego, sino de

buscar la concordia, porque España no puede convertirse en un muñeco roto, ni

ahora ni después.

 

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