Autor: Pérez Bilbao, Jesús. 
   Español del español     
 
 ABC.    26/07/1978.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Español del español

Hoy es triste ser vasco. Y más en Vasconia. La locura arrebata a algunos, los

hace agresivos y resentidos, frente a lo que para nosotros es nuestro orgullo:

España.

Pero es más desalentador ver que, junto a la irracionalidad de los de nuestra

tierra, algunos españoles nos son indiferentes, cuando no hostilmente

resentidos; tal nos parece cuestionar o someter a la sombra de la duda que aquí

en esta tierra, de las más viejas de España, se nos proponga un referéndum, de

vinculación o no, a la Madre Patria, concepto hoy en desuso y término

vilipendiado por esta democracia consensual y multinacional.

¡ Qué tiempos de incultura y de desconocimiento histórico! Un periódico de

Bilbao, «DEIA», titulado de independiente, aunque oficioso del P.N.V.,

reclamaba, hace poco, la condición de euzkaldun nacionalista de don Miguel de

Unamuno, reivindicándole para la cultura independiente. Euzkaldun, por supuesto.

Pero con un sentimiento y un amor de lo hispano y de todo cuanto signifique

nuestra Patria, España, como pocas personas lo han sentido en nuestra cultura

nacional.

Si nuestros parlamentarios, en lugar de «hacer pasillos» e irse de cenáculos

intentasen imitarle en conocimiento, mejor nos irían las cosas y otro contenido

hubiera tenido nuestra Constitución. La mediocridad en los debates, salvo

excepciones, ha marcado la pauta de este proceso parlamentario.

He releído estos días el «Martín Fierro», de José Hernández. También un articulo

publicado en «La Revista Española», en 1894, por don Miguel Unamuno, donde

trascendía al público español la significación del gaucho, «español hasta los

tuétanos», opinión consolidada en 1935 por el filólogo Kart Vossler.

Sin duda, antes de 1894 don Juan de Valera, en las «Cartas americanas», era el

celador y autoridad aduanera indiscutible de todo cuanto llegaba de América a

España, y hasta Unamuno, José Hernández era traído como un payador, a la par que

Ascásubi y Estanislao del Campo.

José Hernández fue periodista y culto. Y agresivo, pues así lo demuestra su

actividad periodística en «El Río de la Plata», por sus campañas contra el

presidente Sarmiento, también admirado por Unamuno.

Hoy no pretendemos ahondar en lo que Martín Fierro pueda significar. Hoy

queremos recordar la dimensión española de esa obra que «recuerda a las veces

nuestros pujantes y bravios romances populares». Unamuno reclama no solo al

personaje, a sus ideales y sentimientos, sino los «modismos, fonetismos y formas

dialectales tan poco indígenas de la Pampa, que aún se usan en no pocos lugares

de España». Reivindica el idioma y la expresión escrita, el español. Ese español

que la Constitución ha castellanizado. Y lo reclama un vasco, un euzkaldun. como

ninguno, con estas palabras: «Por eso su canto está impregnado de españolismo,

es española su lengua, españoles sus modismos, españolas sus máximas y su

sabiduría, española su alma...»

Hoy se retuerce y se deforma la Historia. También la cultura. El error llega

hasta ignorar los sentimientos de Unamuno, quien avisa que los gauchos, cuando

oigan la poesía de sus pampas, «Sentirán sin saberlo, sin poder de ello darse

cuenta, que les brotan del lecho inconsciente del espíritu ecos inextinguibles

de la madre España...»

Basta un solo artículo de Unamuno para aclarar sus sentimientos españoles, como

también bastaría ese mismo articulo, el que hoy contamos, para que nuestros

diputados comprendan que el español es nuestro idioma, nacional y universal,

hablado, escrito y sentido desde esta convulsionada Vasconia hasta la desierta

Patagonia. Sus ausencias al escaño en los debates bien merecen estos versos del

«Canto de Martín Fierro»:

«De los males que sufrimos,

hablan mucho los puebleros, pero hacen como los teros para esconder sus niditos:

en un lao pegan los gritos y en otro tienen los güevos...»

Unamuno forma parte de nuestra vizcainía y de nuestra españolidad. Si Vasconla,

en los momentos difíciles de la Madre Patria, ayudó, no nos merecernos en estos

tiempos de rebeldía irracional que nadie, eso sí, animado de una imparcial buena

voluntad, nos solicite un referéndum. Eso, para nosotros los vascos, es un

insulto, porque además de serlo, somos muy españoles.

Jesús PÉREZ BILBAO

Ldo. C. Esc. U. C. de Deusto

y Derecho

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