Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La declaración militar     
 
 Informaciones.    31/07/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA DECLARACIÓN MILITAR

Por Abel HERNÁNDEZ

LOS Ejércitos de España están al servicio de la democracia. La declaración

oficial de la Junta de jefes de Estado Mayor es un acontecimiento político de

primera magnitud. Con brevedad y claridad castrense, en el momento oportuno,

cuando han pasado los días suficientes para distanciarse del terrible atentado

del 21 de julio, la nota de la plana mayor de las Fuerzas Armadas es una solemne

toma de posición de los militares a favor del proceso democrático «bajo el mando

supremo de Su Majestad el Rey y la autoridad y dirección del Gobierno».

A nuestro juicio, los Ejércitos se integran así formalmente en la nueva etapa

histórica iniciada en España como la ascensión de don Juan Carlos al Trono y

responde a la voluntad mayoritaria del pueblo español y de sus fuerzas sociales

y políticas. La declaración cobra más fuerza por tener su origen inmediato en el

primer atentado directo del terrorismo al Ejercito, en el que perdieron la vida

dos altos jefes militares. Este es su mejor contraste de garantía. Desde ese

momento, las Fuerzas Armadas españolas son más del pueblo y para el pueblo.

De esta declaración se desprenden, por lo menos, tres avisos: El primero, a los

propios terroristas, que desde ahora saben muy bien que «ningún acto terrorista

desviará a las Fuerzas Armadas del cumplimiento de su deber al servicio de

España, bajo el mando supremo de Su Majestad el Rey y la autoridad y dirección

del Gobierno». Es decir, los militares no saldrán de sus cuarteles, pase lo que

pase, a no ser que se les ordene

salir. El segundo aviso es para los que se empeñan desde la extrema derecha, por

medio de determinados periódicos «carroñeros» y catastrofistas —alguno ni

siquiera ha recogido la nota de la Junta de Jefes de Estado Mayor—, en sembrar

cizaña en las salas de banderas y airear supuestas conjuras y malestares; el

tercer aviso, probablemente es para ese pequeño reducto del Ejército que todavía

no había entendido ni aceptado hasta ahora el camino democrático, con todos sus

riesgos, pero con sus inmensas ventajas.

El Gobierno Suárez y la clase política democrática han visto meridianamente

confirmado que los Ejércitos españoles no son enemigos de la democracia, sino

sus principales aliados, y que el Rey es la gran garantía. La Constitución está

en buenas manos, y los políticos pueden irse de vacaciones este año con mucha

mayor tranquilidad. El año pasado, tal día como hoy, la víspera de irnos de

vacaciones, titulábamos esta columna: «El túnel». Todo estaba oscuro. La

economía era un desastre, al borde de la quiebra, con una inflación galopante,

con millares de empresas amenazadas de cierre. Ño había ni sombra de

Constitución. Los socialistas seguían sacando a la calle banderas republicanas.

Los sindicatos eran puro germen. La amnistía era una peligrosa bandera en la

calle. La mayor parte de los derechos humanos eran una simple aspiración. Las

autonomías eran un polvorín: Cataluña explotaba y en el País Vasco no había ni

interlocutores. Quedan problemas por delante, pero este año me voy de vacaciones

con el convencimiento cierto de que este país marcha y de que la democracia está

perfectamente encarrilada y consolidada. No es triunfalismo. Es así. La

declaración de los militares ahuyenta todos los fantasmas.

 

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