Autor: Vaca, César. 
   Una constitución centrífuga     
 
 Ya.    17/08/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

UNA CONSTlTUCION CENTRIFUGA

ESTE apelativo tomado de la dinámica requiere una aclaración. Hay regímenes

políticos centrípetos, cuyo prototipo ES el totalitarismo y su consecuiencia

inmediata del centralismo. Su opuesto es el federalismo. Con el primero se

produce una concentración no sólo de poderes, sino de organización

administrativa. Cuantos asuntos atañen a la vida común se piensan, se proyectan

y se rigen desde unos centros ministeriales a los cuales es preciso acudir hasta

para tas cuestiones mas triviales. Se monta asi una máquina monstruosa y

complicadísima que se ve obligada a almacenar toneladas de expedientes, de

reclamaciones y de solicitudes. Nada tiene de extraño que se pierdan o se

olviden documentaciones y pasen meses y añoshasta que "llegue el turno" de su

estudio, que lógicamente requiere la multiplicación de empleados y funcionarios,

escalonados en distintas categorías en cuya ascensión se pierden. El humorismo

ha tenido siempre un material muy fecundo en la presentación caricaturesca de

los "hombres de la ventanilla" y de las angustias, las colas y las

desesperaciones de loa pobres ciudadanos.

ES Inevitable en este sistema la recomendación, el "unte" monetario y la

búsqueda de Influencias para hacer que el asunto marche. Por ese camino se llega

a soñar con la descentralización, como un paraíso y una liberación de la

máquina. Se espera que, si las cosas se resolvieran en la capital de provincia o

en el propio pueblo, todo marcharía sobre uwdas. Y cuando este senUmirnto se

generaliza en una nación, otros deseos más arraigados, siquiera sean de

minorías, encuentran eco fervoroso para apoyar con sus reclamaciones deseen ti

atizadora» las separatistas.

LA Constitución actual está potenciada por esta corriente de cansancio y al

mismo tiempo de esperanza. SI las cosas se pueden arreglar en casa y muy cerca

de ella irán mucho mejor. Yo también lo creo asi; pero no estoy del todo seguro,

porque la descentralización tiene también sus riesgos. Además de la carga

económica y de caciquismo, de loa cuales ya me ocupé en estas páginas, hay que

tener en cuenta los condicionamientos de la sociedad actual en ciertos aspectos

que deben hacernos pensar.

PONGAMOS algunos ejem plos. Los trabajos de artesanía han quedado como

curiosidades y objetos de arte —c u a ndo lo son—sustituidos por las fábricas.

Los pequeños talleres, por grandes empresas. Las tiendas pequeñas están siendo

derrotadas por los grandes almacenes. Los caminos vecinales, por grandes vías de

comunicación y por autopistas para cuya construcción

y planteamiento no sirven los limitados presupuestos de ayuntamientos o de

regiones, y en todo caso sólo podrían construirlas las regiones ricas, dejando a

las pobres con los caminos llenos de baches. La coordinación de intereses y la

creación de sentimientos de solidaridad no es nada fácil cuando se alimentan con

exceso los contrarios de egoísmos regionales.

LA polémica sobre las palabras de nación y nacionalidades puede servir también

de "botón de muestra en un pequeño detalle. Quien viaje fuera de España, en

algunos países se ve obligado a rellenar ciertos escritos, entre cuyos datos

suele ponerse la pa labra nacionalidad. De ahora en adelante, lo lógico seria no

escribir español, sino gallego, catalán o castellanoleonés. ¿Qué cara pondrán y

que pensarán si hacemos semejante disparate ?

CON todo esto no pretendo defender la centralización, cuyos defectos son bien

patentes ; me conformo con llamar la atención sobre esa tendencia "centrífuga"

que está invadiendo al pueblo español, favorecida en forma excesivamente

Incontrolada y convirtiéndola más en arma política y partidista que en proyecto

bien maduro. Los cambios radicales en loa regímenes políticos de un pueblo, por

pacíficamente que su produzcan y el nuestro está dando un ejemplo que el mundo

no esperaba y por eso se asombra , son un material muy delicado, como lo es un

frágil cristal o un artefacto explosivo; pueden romperse o estallar en las manos

incautas que los manejen como si fueran de piedra berroqueña. Me parece muy bien

la "centrifugación", pero sin forzar la velocidad de rotación. En el texto

escrito se puede ir de prisa; en las disposiciones y sentimientos de los hombres

hay que proceder con mucha prudencia, porque los españoles tenemos un carácter

explosivo.

César VACA

 

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