Autor: Aguilar Navarro, Mariano. 
   Los no alineados y la Constitución     
 
 Ya.    03/09/1978.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

"LOS NO ALINEADOS" Y LA CONSTITUCIÓN

EN la discusión de los veinticinco artículos primeros del proyecto de

Constitución remitido por el Congreso a la Comisión Constitucional del Senado se

ha advertido un hecho aparentemente singular. Las deliberaciones han sido más

prolijas de lo esperado, las alteraciones introducidas en el articulado, más

amplias de lo previsto; el protagonismo en las enmiendas y en la defensa de las

mismas no ha estado tan monopolizado por los grandes partidos como fuera el caso

en el Congreso. Es un fenómeno que interesa analizar, pues de él pueden

deducirse consecuencias políticas para el futuro, y ahora no me refiero al texto

constitucional que no quedara sustancialmente desvirtuado. Leyendo las crónicas

en las que los distintos periódicos nos informan de la marcha, de los trabajos

en la Comisión senatorial registramos una serie de nombres que, perfectamente

conocidos en el orden personal e intelectual, no se corresponden con las

figuras políticas comprometidas y descollantes.

En suma, ahora los papeles se van igualando y se produce una alternancia y un

diálogo entre los portavoces de los partidos y los senadores que no figuran

incluidos en ninguna de las grandes formaciones políticas ¿Podría hablar de la

hora de los independientes, de los estrictamente especialistas, de los

senadores de designación real, etc.? Yo he creído útil introducir aquí el

termino y el concepto de la "no alineación". Se trata, simplemente,

del protagonismo, siempre relativo, de los "no alineados".

SABEMOS por el estudio de la política internacional y de las relaciones

internacionales la génesis y valoración del concepto de la "no alineación".

Sabemos también su carácter ambiguo y su autenticidad relativa. Conocemos, sin

embargo, que el "no alineado" ha nacido siguiendo tres propósitos que se

escalonan en el orden del tiempo: el primero es no verse arrastrado a formar

parte de uno de los grandes bloques enfrentados. Actitud que se justifica por

dos grandes motivos: oposición al sistema bipolar de los bloques y no total

identificación con las posiciones que defienden, en ocasiones con cierta

cerrazón dichos bloques. Posteriormente la "no alineación" ha pretendido lograr

una mayor participación en los asuntos internacionales, una democratización en

la sociedad internacional y un tipo de universalismo más autentico.

En último término la "no alineación" ha luchado, sigue haciéndolo, por crear un

orden internacional nuevo más en consonancia con los problemas reales que

presenta la humanidad. Traslademos ahora todo lo anteriormente dicho al campo de

la política doméstica española, y más concretamente a la acción parlamentaria.

Al efectuar esta extrapolación nos encontramos con unas ciertas semejanzas. La

primera se refiere al concepto mismo de la "no alineación". El "no alineado" no

es equivalente al neutral, ni siquiera al plenamente independiente. El "no

alineado" tiene sus posiciones políticas e incluso forma parte de

constelaciones y está incluido en grupos (igual sucede en el orden

internacional). De esta forma puede definirse por contraposición al "no

alineado": es aquel que no está integrado en ninguna de las cuatro principales

formaciones parlamentarias de implantación a nivel de Estado.

Podríamos precisar aún más para decir que el "no alineado" es aquel que quiere

mantener su propia opción política frente a UCD y PSOE. Esto no quiere

significar que se trate siempre de una acción de rechazo, o de que estemos en

presencia de una idéntica intensidad de distanciamiento de las tesis mantenidas

por los dos grandes partidos. Hay "no alineados" que se aproximan abiertamente

a posturas ucedistas. Los hay también que se sienten muchas veces cercanos a

los postulados defendidos por el PSOE. Al igual que en el campo de las

relaciones internacionales, lo definitivo no es la solución propuesta, sino el

sistema en el que se adoptan las decisiones. Existe en estos "no alineados" la

impresión de que antes de que ellos decidieran su "no alineación", los grandes

habían decidido su marginación.

La práctica del "consenso", a la que tantas veces se ha hecho referencia en el

largo proceso de elaboración de la Constitución, era en la mayoría de las

ocasiones casi un diálogo bilateral entre UCD y PSOE. Si en ciertas ocasiones se

alteraba la regla era para abordar temas que reclamaban la participación de

partidos de implantación regional. Este proceso se imponía al tratar el tema de

las autonomías. Y es precisamente frente a este protagonismo bicéfalo como hay

que entender la acción en el Senado de los "no alineados". Acción que era de

prever que se produjera precisamente en el Senado y no en el Congreso. La

composición del Senado y la biografía de muchos senadores hacían presumir esta

conclusión. El "no alineado" puede justificar su posición de distintas formas

Una de ellas supone indefectiblemente un cierto ataque a la manera de conducir y

resolver los graves problemas, los bloques enfrentados o concertados

El "no alineado" puede pensar que la solución que se les da ya hecha responde

más a los intereses de poder de los grandes que a las exigencias propias de los

problemas. En este sentido el "no alineado" se cree el mas fiel representante de

la opinión general y más condicionado por la objetividad de los problemas. En

suma, el "no alineado" cree encarnar mejor la universalidad, el bien de todos.

El "no alineado" acude en ocasiones a otro argumento, que no es otro que el de

la realidad con la que encara loa problemas, que no trata de desvirtuar ni de

manipular unilateralmente.

En nuestro caso el "no alineado" viene a coincidir en buen número de casos con

el "especialista". En este terreno su capacidad de crítica aumenta enormemente,

dado el grado de relativa imperfección que presenta el texto aprobado por el

Congreso. Imperfección que, en parte, viene condicionada por el método seguido

para la elaboración. Al tomar como pieza clave el "consenso", la negociación

política, (al igual que la diplomática) ha tenido que recurrir a la omisión, a

la ambigüedad y en ocasiones hasta a la confusión. El rigor técnico en ciertos

temas ha cedido a las exigencias políticas de la negociación y del acuerdo.

Todo esto es comprensible y hasta defendible, especialmente por quien esto

escribe, que no es precisamente un "no alineado". Lo que sucede en mi caso es

que el hombre políticamente alineado y comprometido no asfixia al estudioso, al

profesional, y al permitir a éste seguir sobreviviendo hace posible la

comprensión de ciertas actitudes de los "no alineados". Estos "no alineados"

podrían al final representar al grupo de senadores que se han identificado con

"el compromiso de hacer una Constitución para todos, incluso para aquellos

que no tienen esperanzas en necesitarla como cancha para realizar un gran juego

político o una acción de Gobierno. Será interesante analizar los resultados

logrados por estos "no alineados" cuando se haya consumado el proceso

constituyente. De momento yo creo que es digno de seguirse este fenómeno, y ver

de qué modo se monta otro tipo de diálogo y de consenso: el que debe presidir

la acción dialogante y constructiva de los comprometidos con los "no alineados".

M. AGUILAR NAVARRO

 

< Volver