Autor: Morán López, Fernando. 
   La televisión, el referéndum constitucional... Y después     
 
 El País.    22/11/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

TRIBUNA LIBRE

La televisión, el referéndum constitucional... y después

FERNANDO MORAN Senador del PSOE por Asturias

El 6 de diciembre el pueblo español va a decidir la inauguración de su vida

democrática y constitucional. Va a rebasar, al menos en buena parte, los

condicionamientos impuestos por las circunstancias históricas que han

configurado el modelo integrado por los dos factores re forma/ruptura. Va a

adentrarse en una nueva época que el pueblo ha ganado mediante una opción

reiterada e inequívoca por la convivencia en paz, por la modernización y por el

cambio. En definitiva, por la democracia y el progreso social. Frente a esta

dimensión y sentido del voto, importa menos —aunque importe bastante— que

circunstancias, intenciones y, sobre todo, errores hayan prestado a esta

manifestación de la voluntad popular un carácter —como escribía la revista

Triunfo esta semana— defensivo. AJ menos, la apariencia de un reflejo de sana

conservación. El pueblo va a hablar para defenderse de toda posible involución,

de toda criminal aventura. Pefo su manifestación no se agota —aunque ello sea

tan importante— en un mentís decidido al terrorismo de cualquier signo, a los

catastrofismos proclamados, a los temores inducidos o permitidos. Su alcance es

mucho mayor: se trata de entrar, en base a un texto constitucional suficiente,

decididamente en la construcción del modelo político y social que nos

corresponde. Desde esta perspectiva varias cosas son imperativas. En primer

lugar, que el voto rebase la mera expresión mecánicade confianza en los

representantes —Gobierno y Oposición—, sino que sea un primer acto de

participación. Es bien sabido que en la democracia parlamentaria se produce una

tendencia a distanciar a representantes y representados que ha de corregirse con

la máxima información y participación posibles de los segundos. La democracia es

una forma de organización política que exige una relación muy constante y

renovada entre las formaciones políticas y la ciudadanía.

Todas estas evidencias nos pueden, tal vez, orientar para enjuiciar un aspecto

importante de la actual vida nacional, la cual está siendo entendida por los

medios de comunicación de masas estatales de una manera abstracta y formalista.

El hecho constituyente no se agota en el texto de la Constitución, sino que

apunta a una reestructuración social, jurídica y política: a un modelo propio de

nuestro país en esta hora que no congele las posibilidades contenidas en nuestra

sociedad. Pues bien, este proceso constituyente está siendo presentado como un

producto. Si la guerra, decía Clemenceau, era algo tan importante que no se

podía confiar exclusivamente a sus profesionales, el proceso constituyente no

debe ser presentado en el principal medio de comunicación de masas, la

televisión, por profesionales o aficionados al marketing político, por los

publicitarios; aun me atrevería a decir que ni siquiera exclusivamente por

quienes han optado por la vida poli tica. Mediados 1977 acontece un hecho que

considero decisivo: el fracaso del intento de renovación de TVE, mediante un

consejo en el que participaban representantes de las fuerzas políticas

parlamentarias. La resistencia y maniobras de la Administración a establecer una

paridad real, el que los designados por el Gobierno —aparte los funcionarios del

Ministerio de Cultura no fuesen personalidades independientes representantes de

las fuerzas culturales y sociales reales, sino funcionarios que duplicaban el

peso del poder del Gobierno, obligó a socialistas y a los representantes del

Grupo Mixto a abandonar dicho consejo. Los viejos hábitos franquistas

permanecen, revistiendo, en ocasiones, técnicas y racionalizaciones del mundo de

la publicidad comercial. Desde entonces, la función orientadora de este medio —

que es el más decisivo en la configuración de la´opinión. estado de ánimo e

imágenes para el español medioha oscilado entre la descarada inducción

partidista —el notorio programa sobre el congreso de la UCD— y el formalismo de

los técnicos publicitarios.

El publicitario —hay una enorme literatura sociológica sobre el tema— parte del

principio de inducir y no explicar. La carestía de cada minuto de spot

televisivo, la magnitud y carácter heterogéneo del público obligan a la

abreviación y a reducir el mensaje a la consigna y al mensaje. Es la teoría de

la imagen que conduce a la eliminación de matices y al cultivo de los

estereotipos. Los estereotipos son, se dice, válidos y operativos por si mismos.

Se eliminan las mediaciones en que se asentaba el discurso racional, base del

juicio. La resultante es que. en si, las técnicas de la abreviación descartan el

contraargumento, base de la libertad intelectual. No estoy diciendo. ni

insinuando, que la imagen carezca de función en la vida política. Lo que quiero

decir es que la técnica de imagen y mensaje supone un contexto conocido,

asimilado como una evidencia. No puede suplir a otros procedimientos cuando se

trata de un contexto en periodo de creación. Si en vez de presentar una marca de

bebida, hubiese que introducir algo absolutamente nuevo —ni bebida, ni alimento,

ni fármaco determinado—, habría que recurrir a otros medios. Por ejemplo, al

coloquio, a la discusión.

En cierto modo, en mayo y junio de 1977 se operó en TVE con mayor conciencia del

momento. Los partidos y dirigentes fueron presentados durante semanas; aparte y

con anterioridad de sus últimos mensajes electorales. En aquella ocasión,

decidido el pueblo por el cambio, bastaba, quizá, esta referencia, puesto que no

había llegado la hora de 1a concreción de los programas. Con todo, la obligada

reducción e inconcreción de contenidos iba a ir creando más tarde confusiones y

desconciertos que obligarla a la actual etapa de precisión.

Esta última semana TVE nos está convocando al voto a través de spots —más o

menos atractivos, pero de cuya eficacia instrumental no puedo juzgar. Todos

deseamos que esta operación sea eficaz, lo más operativa posible, puesto que

tiene que compensar una carencia informativa en profundidad y en la dimensión

que era precisa. Presenta a la Constitución como un producto, aislada de las

realidades sociales, culturales, económicas, ideológicas que enmarca; separada

del momento histórico. Hay un extraño aire de atemporalidad y de formalismo en

todo ello.

Es cierto que TVE ha dedicado información a los debates en ambas Cámaras, y

algunas tribunas y coloquios. Pero me temo mucho que el hombre medio haya

carecido de referencias para intuir el sentido en que el texto va a operar,

afectándole. Sobre todo, es posible que no se haya alentado la reflexión y la

discusión, buscándose simplemente la aceptación, conforme a técnicas inductoras.

Tratar de Inducir la aceptación en profundidad de un sistema de organización

regional y de nacionalidades tan abierto y novedoso como el del texto, la forma

de Gobierno o el equilibrio entre la libertad de empresa y la posible

planificación por métodos tan huidizos parece, al menos, una de esas ilusiones a

las que propenden los enamorados de las técnicas que profesan. El español de

edad no proyecta, se encuentra con algo rigurosamente inédito: la participación

en una construcción política. Posee el hábito de dejar al gobernante la decisión

y también la critica de toda acción de Gobierno en la que no ha participado.

Hábitos esclavos. Una verdadera política de preparación para la participación ha

debido provocar al máximo la discusión, la reflexión, la oposición de juicios.

Temer menos a los juicio individuales. En un país donde la lectura de periódicos

y revistas es la menor de Europa, con una audiencia televidente altísima, se ha

debido no inducir la adhesión formal sino facilitar la integracíón del hecho

constituyente en e! individuo como una dimensión de sus asuntos directos. No se

ha hecho.

Mucho tiempo ha perdido TVE durante este año tratando de potenciar la imagen del

Gobierno proyectando la imagen de su jefe como un hecho de naturaleza su

carácter indispensable, como cualquier producto sin el cual nuestra casa estará

vacia. Sin duda, son técnicas probadas en la reducción que una elección

parlamentaria significa. Pero no se olvide que en una verdadera vida

democrática, una elección no es sino el momento en que se concreta y simplifica

un debate mucho más largo. Sin este debate una elección pierde profundidad.

Es de desear que en los próximos días los dirigentes de los partidos —

últimamente apartados de la pequeña pantalla por los dirigentes del medio—

tengan la ocasión de orientar a la opinión. Estas apariciones, positivas,

deseables, indispensables, patrióticas, pueden compensar, en buena medida, las

carencias y errores de quienes dirigen la información. Tenemos delante el

referéndum y su enorme trascendencia, y el español, con un instinto que demostró

en junio de 1977, compensará la deformación informativa que ha venido

padeciendo. No sé sí aún es tiempo para que TVE corrija su error

«publicitarista» y traiga a sus estudios a los hombres que sin ser políticos

activos poseen crédito profesional, intelectual, social y a ciudadanos que

carecen de estas cualíficaciones sociales, para que libre y yo diría que casi

informalmente, expresen sus opiniones, y aun sus dudas. Tengo la convicción tal

vez errada, al no moverme en el mundo de las encuestas y predicciones de que tal

proceder no significa ningún riesgo de abstencionismo. Por el contrario: daría

consistencia y racionalidad al voto; lo motivaría en bases sólidas. Por último:

el 6 de diciembre es el comienzo de un periodo en que proseguirá la

constitucionalización del país. No es una fecha aislada. Cincuenta leyes

orgánicas configurarán nuestro modelo político y dibujaran el marco de nuestras

opciones sociales.

 

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