Reflexiones sobre la pastoral del primado     
 
 ABC.    01/12/1978.  Página: 2-3. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

ABC. VIERNES, 1 DE DICIEMBRE DE 1978. PAG.2.

REFLEXIONES SOBRE LA PASTORAL DEL PRIMADO

El documento que acaba de hacer publico el cardenal primado ~y al que

posteriormente se han adherido otros ocho obispos— ha venido a estallar en )a

conciencia nacional como una granada, produciendo en algunos el entusiasmo, en

otros el desconcierto, en no pocos tristeza. Y pensamos que es obligación

estudiario desde el más absoluto respeto y medirlo con esa misma libertad de

opción que si documento reconoce a todos los españoles.

Nos parece que éste es uno de esos textos en que hay que distinguir muy

cuidadosamente «la música y la letra», el contenido del documento y las

circunstancias de su publicación, así como la utilización que de él se está

haciendo y se hará, Es sabido que el texto más genial puede producir extraños

efectos publicado fuera de sazón y utilizado interesadamente.

Y nos parece que no ha podido elegirse más crítico momento que el que le

acompaña; a ochos días de la votación, a otros ocho del documento del Pleno de

los obispos, el texto del cardenal González Martín —aun siendo, como no dudamos

que son, purísimas sus Intenciones— nos tememos que sea interpretado y manejado

como un documento político v hasta como un signo de ruptura de la comunión con

sus hermanos, los demás obispos, y casi como una consagración de la existencia

de dos iglesias en España.

Creemos —y aceptamos que esta opinión sea discutible— que el cardenal primado ha

tenido año y medio para hablsr del problema a todo lo largo de la elaboración

constitucional, cuando su palabra hubiera sido verdaderamente ütil. Creemos que

pudo intervenir decisivamente en la elaboración del texto de la Permanente (y

según nuestros informes se abstuvo de toda oposición al mismo, hasta el punto de

que ni fue votado porque en su elaboración hubo tai acuerdo entre los 21

reunidos —el cardenal primado entre ellos— que se dio por supuesta la unanimidad

en las formulaciones que se hicieron públicas). Este largo silencio, que se

rompe ocho días antes de un referéndum y que provoca automáticamente una serie

de adhesiones, será quizá Interpretado como una estrategia política, minuciosa y

calculada.

Desgraciadamente, un texto publicado en estas circunstancias está llamado a

producir lo contrario de lo que se pretende: polémicas y no luz, angustias y no

clarificaciones, tensión y no madura meditación del voto, versión política y no

. iluminación religiosa. Ei propio cárdenal primado podrá comprenderlo sólo con

que compare la poquísima repercusión política que hicieron los periódicos

partidarios del «sí» del texto votado por la Permanente y la entusiástica y

explosiva que están haciendo ya da su texto los partidarios dal «no». Y es que,

efectivamente, el texto mayoritario de los obispos podía decepcionar a muchos —

Incluso a quienes esperaban un apoyo más decidido de los obispos a la

Constitución—, pero no era un texto políticamente utilízabie. Ño cabe decir io

mismo del texto del primado. Y acaso mucho más por su tono y por su momento que

por su mismo contenido.

Porque si acudimos a éste advertimos que, en realidad, coincide en casi toda la

parte crítica del documento de la Permanente y la plenarla. Son prácticamente

Idénticos los temores que esgrime el cardenal de Toledo y los que la mayoría

episcopal señalaba. Sólo qua allí esos males se veían como algo superable en el

futuro con el esfuerzo de los ciudadanos y como algo que quedaba contrapesado

por muchos otros valores —no sólo políticos; tambien morales y cristianos— de la

Constitución, mientras que en el texto del primado el análisis se reduce a los

aspectos negativos, y éstos se presentan con una cierta gravedad preocupante

Honestamente hemos da decir que el texto de la Permanente nos parece más

completo, ponderado y oblativo que el dsl primado, Y trataremos de explicar muy

rápidamente por qué.

1) En primer lugar, porque el texto del cardenal de Toledo parte y se apoya en

algo que, con todo los perdones, nos parecs una ingenuidad. Pensar que en España

ha de hacerse una Constitución de cara a un país de bautizados que no han

abdicado de su fe» es olvidar que desventuradamente hace ya décadas que España

no es eso. Son muchos los españoles que, sin abandonos o negaciones

espectaculares de sufre, viven de hecho con una ética y unos modos de pensar

ajenos al catecismo. Y también son españoles. Y también tienen derecho a que su

pensamiento se vea reflejado en la Constitución.

De hecho, intentar imponer en todo el pensamiento del cardenal González Martín,

lo que lograrla es dejar al margen da la Constitución a media España. Es decir —

y lo diremos con inevitable crudeza—, el planteamiento del arzobispo da Toledo

en la España real de hoy, parte del candor de su alma pura. Que la paz y la

convivencia no sean valores morales y cristianos qua hayan da ser puestos en el

tablero y que puedan olvidarse, es algo que difícilmente se entiende.

2) En segundo lugar, parece que el texto del cardenal González Martín hablará

mucho más de una ley de Iglesia que de una ley civil y de una ley civil hecha en

y para una sociedad pluralista. La Constitución no es una ley ideal —no

aplaudimos todos sus artículos—, no es una estructura legal dogmática; es

simplemente un camino de convivencia en el que deben ser respetados los derechos

de todos y las libertades de todos, pero en el que por su propia naturaleza no

parece posible recoger ni la dialéctica de lucha de clases de loa marxistas ni

la Interpretación que de la ley natural hacemos los cristianos. En ella es

evidente que no debe ser pisoteada la familia, pero habrá que aceptar que en la

regulación concreta de los derechos familiares hay diversas visiones que deben

ser conjugadas y equilibradas. No deberá ser pisoteada la libertad de enseñanza,

pero habrá que poner las cautelas necesarias para que no se pisotee por los

mismos que enarbolan esa libertad. Y la Iglesia sabe que, de hecho, ha

conseguido tanto en el texto constitucional como en los más abiertos países con

grandes grupos de católicos.

3) La tercera y más qrave razón es que cuando un documento sólo señala los

aspectos negativos de un texto, se muestra, por de pronto, injusto. Decir media

verdad —por muy verdad que sea esa media— no es decir la verdad. Y el texto del

cardenal primado, desgraciadamente, no mantiene eí equilibrio de sus hermanos en

al Episcopado.

Decir que todo son fallos en los aspectos religiosos «aunque haya valores

políticos que se estimen positivos» no es servir enteramente a la verdad. ¿No

hay ningún valor religioso positivo en los mismos apartados que el cardenal

crltica? ¿No los hay en la defensa de la

libertad, el afán de Justicia, el respeto a los derechos de todos? En la

«Gaudium et Spes», que cita para criticar e! tratamiento del divorcio y lo

referido ai. aborto, hay también numerosos apartados en los que encontraría

textos para elogiar como cristiano muchos aspectos dé la Constitución.

Sin duda ha querido tranquilizar la conciencia de quienes pensaban votar no.

Lástima que al mismo tiempo haya intranquilizado la conciencia de quienes —sin

renunciar a su cristianismo— pensaban votar «sí».

Por eso pensamos que el documento del cardenal González Martín sólo encuentra su

plena objetividad si se une al de la Permanente. Sería, entonces, válido como

iluminación de los temores. que ya habían señalado antes la gran mayoría de los

obispos. Pero debe ser complementado con todos los aspectos positivos que daban

equidad al texto de la Permanente. Pensamos, en fin, que sólo a esa doble luz

puede un católíco valorar la Constitución.

 

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