Cardenal Enrique y Tarancón. 
 La aprobación de la Constitución afianza el desarrollo democrático     
 
 Informaciones.    23/12/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

La aprobación de la Constitución afianza el desarrollo democrático

MADRID, 23/(INFORMACIONES).

El cardenal Tarancón dice en su carta cristiana de esta semana que «podemos

estar contentos porque la aprobación de la constitución afianza el desarrollo

democrático y facilita la participación responsable de todos los ciudadanos»,

"Por eso —añade—, la etapa posconstitucional, en la que han de crearse

estructuras y aprobarse normas de desarrollo y perfeccionamiento en todos los

órdenes. Impone a todos los ciudadanos responsables deberes muy serio» que nadie

puede soslayar. Yo me atrevería a decir que la auténtica responsabilidad de los

ciudadanos empieza ahora.»

El cardenal Tarancón comienza su carta diciendo que «es un buen signo» el que la

Constitución no complazca totalmente a nadie. «No refleja dice la ideología de

ningún partido político ni de ninguna institución social o religiosa. Esto

significa que unos y otros han tenido que ceder para establecer unas reglas de

convivencia y de juego político que puedan servir para todos.»

«La Constitución —añade— no es una meta. Ni es un fin en sí misma, sino un medio

para que se pueda conseguir el desarrollo material y moral de nuestro pueblo en

un clima de convivencia en paz.» Para monseñor Tarrancón «es la primera vez,

quizá, en la Historia que se ha conseguido» un consenso como este, pero al no

ser perfecta la Constitución, «sera licito querer y buscar su perfeccionamiento.

Pero ateniéndonos a las regias de juego: utilizando siempre medios lícitos que

no contradigan la ley fundamental».

Califíca de Ingenuo el que en la campaña del referéndum se haya presentado, a

veces, la Constitución, como un «desiderátum», «como si con ella se solucionasen

todos los problemas que nuestra sociedad tiene planteados», «La auténtica

responsabilidad empieza ahora —añade— Ahora es cuando deberán presentarse y

aprobarse las leyes que lleven a la práctica los principios constitucionales»,

que «tendrán el color que le dé la mayoría de la Cámara legislativa que ha de

salir del voto de los ciudadanos».

Explica el cardenal Tarancón que en España no sólo existen distintas ideologías

políticas, sino distintas concepciones del hombre y de la estructuras social, «y

es lógico que cada partido quiera, trasladar a las leyes su peculiar ideología,

y que los distintas instituciones económicas o sociales pretendan Implantar las

estructuras que hagan posible

la realización de sus propósitos». Por ello, el cardenal Tarancón hace un

llamamiento a «los que tienen una concepción espiritualista de la vida —

auténticamente humanlsta, que reconoce las distintas dimensiones del hombre y

afirma su trascendencia— para que «se apresten para intervenir inteligentemente

en cada época posconstitucional", y esto dentro de las exigencias esenciales de

las leyes que marcan la política y la democracia, «para actuar con criterios y

procedimientos políticos y con verdadero espíritu democrático».

El cardenal Tarancón subraya que «la política, en cuyo entramado tiene suma

importancia la economía, no se endereza con idealismos ni con slogans, aunque se

trate de idealismos sublimes o slogans técnica y moralmente correctos. Estos

podrán servir, quizá, para mover a las multitudes o para enardecer a las masas y

podrán ser útiles para conquistar votos. Pero el ideal nunca se realiza más que

parcialmente en la vida política y los slogans no soluc i o n a n una crisis

económica o un momento politicamente difícil».

«Esta etapa posconstitucicnal —dice—, también impone

unos deberes gravísimos a los cristianos que quieran ser consecuentes con su fe

y que

creen firmemente en la transcendencia del hombre y que no pueden permitir que

éste

se sienta aplastado o esclavizado por las realidades terrenas.»

 

< Volver