La sanción de la Constitución. Don Juan Carlos, ante el pleno de las Cortes. 
 Resultado del entendimiento entre los principales sectores políticos  :   
 Es el mejor aval para que España inicie un período de grandeza. 
 ABC.    28/12/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

LA SANCIÓN DE LA CONSTITUCIÓN

DON JUAN CARLOS, ANTE EL PLENO DE LAS CORTES

"RESULTADO DEL ENTENDIMIENTO ENTRE LOS PRINCIPALES SECTORES POLÍTICOS"

Su Majestad el Rey, tras la firma de un ejemplar de la Constitución, pronunció

el siguiente decurso, que fue largamente aplaudido a su término por /os

diputados y senadores puestos en pie:

«Como expresión de los momentos históricos que estamos viviendo, y cuando acabo

de sancionar, como Rey de España, la Constitución aprobada por las Cortes y

ratificada por el pueblo español, quiero que mis palabras, breves y sencillas,

sean, ante todo, de agradecimiento hacia los miembros y grupos de estas Cámaras

que han elaborado la norma fundamental por la que ha de regirse nuestra

convivencia democrática.

Y para proyectar hacia el futuro este sentimiento de gratitud por la labor

realizada, formulo mi más sincero deseo de que todas las fuerzas políticas vean

cumplidas cuantas esperanzas han depositado en el texto constitucional, a la vez

que confio en su buena voluntad para aceptar y ejercer la responsabilidad que en

su aplicación les corresponde.

Mi saludo, lambién, al Gobierno de la nación, a la sala de Gobierno del Tribunal

Supremo, a la Junta de Jefes de Estado Mayor. a las representaciones de los

altos organismos e Instituciones del Estado, así como a las religiosas y del

Cuerpo diplomático que hoy se encuentran aquí

EMPRESA COLECTIVA

En todos ellos quisiera significar el reconocimiento hacia las distintas

Instituciones que, de una u otra forma, han contribuido a esta empresa colectiva

que ahora culmina, y concretar el mensaje de paz y solidaridad de los españoles

hacia las demás naciones de la Tierra.

Y gracias, por fin, al pueblo español, verdadero artífice de la realidad patria,

representado por las distintas fuerzas parlamen larlas, y que ha manifestado en

eli referéndum su voluntad de apoyo a una Constitución que a todos debe regirnos

y todos debernos aca lar.

Con ella se recoge la aspiración de la Corona de que la voluntad de nuestro

pueblo quedará rotundamente expresada, y, en consecuencia, al ser una

Constitución de todos y para todos, es lambién la Constitución del Rey de todos

los españoles.

Si ya en el mismo instante de se proclamado como Rey señalé mi propósito de

considerarme el primero de los españoles a la hora de lograr un futuro basado en

una efectiva concordia nacional, hoy no puedo dejar de hacer patente mi

satisfacción al comprobar cómo todos han sabido armonizar sus respectivos

proyectos para que se hiciera posible el entendimiento básico entre los

principales sectores políticos del país.

Pienso que este hecho constituye el mejor aval para que España inicie un nuevo

período de grandeza.

Y hoy, como Rey de España y símbolo de la unidad y permanencia del Estado, al

sancionar la Constitución y mandar a todos que la cumplan, expreso ante el

pueblo español, titular de la soberanía nacional, mi decidida voluntad de

acatarla y servirla.

Importante es el paso que acabamos de dar en la evolución política qua entre

todos estamos llevando a cabo. Importante es la aprobación de una ley básica

como la que hoy ha sancionado y que constituye el marco jurídico de nuestra vida

en común; pero pensemos que la ruta que nos aguarda no será cómoda ni fácil, y

que, al recoger el fruto de Ia etapa que se cierra, debemos abrigar lambien la

ilusión de no desfallecer en nuestro empeño, el propósito de no ceder terreno al

desánimo y la seguridad de mantener el pulso necesario para sortear escollos y

dificultades.

SI hemos acertado en lo principal y lo decisivo, no debemos consentir que

diferencias de matiz o Inconvenientes momentáneos debiliten nuestra firme

confianza en España y en la capacidad de los españoles para profundizar en loa

surcos de la libertad y recoger una abundante cosecha de justicia y de

bienestar.

Porque si los españoles sin excepción sabemos sacrificar lo que sea preciso de

nuestras opiniones para armonizarlas con las de los otros; si acertamos a

combinar el ejercicio de nuestros derechos con los derechos que a los demás

corresponde ejercer; si postergamos nuestros egoísmos y personalismos a la

consecución del bien común conseguiremos desterrar para siempre las divergencias

irreconciliables, sí rencor, el odio y la violencia, y lograremos una España

unida en su deseos de paz y de armonía.

MONARQUÍA, INSTITUCIÓN INTEGRADORA

De acuerdo con estos propósitos, la Monarquía, que como Institución íntegradora

debe estar por encima de discrepancias circunstanciales y de accesorias

diferencias, procurará en todo momento evitadas o conjugadas para extraer el

principio común y supremo que a todos debe impulsamos: lograr el bien de España.

Los pueblos de España tienen planteadas grandes demandas en el orden del

reconocimiento de sus propias peculiaridades, del trabajo, de la vida familiar,

de la cultura y la Igualdad efectiva de las oportunidades en el ejercicio

cotidiano de la libertad.

A todo ello hemos de consagrar nuestros esfuerzos en el tiempo que se avecina.

Intimamente identificados con el pueblo, siempre cerca de él, en contacto

directo con sus preocupaciones y urgencias, podremos garantizar para el futuro

el orden social justo a que todos aspiramos.

Al reiterar a todos mi agradecimiento y mi satisfacción, quiero terminar

expresando el orgullo que siento por estar al frente de los españoles en estos

tiempos decisivos en que nuestras miradas deben dirigirse al porvenir con fe,

con optimismo, con decisión y valentía, con la más ilusionada de las esperanzas.

El día de mi proclamación tuve ocasión da decir que "el Rey es el primer español

obligado a cumplir con su deber".

Por eso repito ahora que todo mi tiempo y todas las acciones de mi voluntad

estarán dirigidas a este honroso deber que es el servicio de mi Patria.»

«Es el mejor aval para que España inicie un período de grandeza»

 

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