Autor: Urbano, Pilar. 
   El parlamento, con su Rey     
 
 ABC.    28/12/1978.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EL PARLAMENTO, CON SU REY

Una verónica de sol sobre Madrid durante la mañana, para que el día luciera.

Un quiebro a la lluvia en la fiesta de San Juan, el de la pluma inspirada,

buena fecha para firmar y rubricar la partitura de la soberanía popular, la gran

ley de la Monarquía parlamentaria, la norma de la concordia nacional.

- Temprano eslabón ya en su tribuna de invitados. Cayetana de Alba y el duque

consorte, A su lado, Carmen, la mujer de Carrillo. Más allá, la de Tamames. Se

espera la llegada de los Reyes, y diputados y senadores, en el hemiciclo,

forman corrillos de amenas conversaciones; Peces-Barba, Tierno y Guerra, a

quien por cierto la «compañera» socialista Carmen García Bloise amonestó

la visperacon toda seriedad: «O te compras un traje oscuro para esta

ocasión... o te lo regala el partido; pero allí no aparezcas vestido de pana» Y

el «dos» de la gonzalería apareció estrenando un impecable azul marino. El

líder ugetista, Nicolás Redondo, se despistó, digo yo, y acudió con camisa de

digno metalúrgico, y descorbatado. «Ca va de soi!» Ello, la

entrada tardía. y apresurada de Carlos Zayas, y la reiterada

negativa al aplauso de los diputados vascos, fueron los tres «feos» únicos

en el diorama solemne de una ceremonia de impecable protocolo.

- Fernández Ordóñez, Rodríguez Sahagún y Fuentes Quintana hablan de economia de

los medios de última hora.

Federico Silva se asoma por una puerta del gran salón de Plenos y vacila...

Evita cruzar el hemiciclo con su «no» constitucional da un rodeo por los

«entrebastidores» del Congreso y luego le veo sentado ya en su alto escaño,

junto a los de Alianza Popular. Allí está también Gonzalo Fernández de la Mora,

sin escayola.. Y Fraga, recién regresado de su pazo Perbes.

- Roca Junyent dedo índice en «indicativo», discursea, a los vascos y

catalanes. Arzallus y Bandrés están muy serios. Pero «están». Recorro en

panorámica las atestadas tribunas. En el palco de «confesiones religiosas,

monseñor Tarancón junto al rabino de la sinagoga de Madrid. En la tribuna de

reloj, la central, los presidentes de las altas instituciones del Estado:

Tribunal de Cuentas, Tribunal Supremo. Consejo de Estado... En otra, los

jefes de estado Mayor del Ejército, Armada y Aire.

- A las once y diez llegan Don Juan de Bortón y Doña. Mercedes;

las infantas Doña Pilar ry Dona Margarita, a quienes acompañan sus

esposos, señores Gómez Acebe y Zurita. Las infantas, de España, Doña. Elena y

Doña Cristina, se acomodan junto a los Condes de Barcelona. Vest das como

dos puedo ver desde «mujercitas» mi emplazamiento que calzan ya un breve

tacón «teenager».

- Los senadores reales Víctor de la Serna, Camilo J. Cela, Guillermo

Luca de Tena... inician un aplauso de bienvenida al padre del Rey. El

«sí» de la Cámara, en pie, prolonga la ovación. Es un momento singular la

primera vez que Don Juan entra en el parlamento de España. El fiscal del reino,

Juan manuel Fanjul, el senador Carlos Ollero y el presidente del Conggreso

subirán al «balcón» de la familia del Rey para cumplimentar a Don Juan. «¡Estoy

emocionado! -dice, en un momento-. ¡Se hace uno viejo!...»

- El alcalde, José Luis Alvarez; ej presidente de la Diputación, Enrique

Castellano; el rector de la Universidad Complutense, Vián Ortuño, y el ex

ministro Cortina Mauri, ocupan una tribuna junto a la Prensa, A mi lado, la

coresponsal de la Radiotelevisión Finlandesa, «recién llegada del frío», me

dice.

Juntas, descubriendo «políticos» en sus escaños, las esposas de Hernández Gil,

de Suárez, de Abril Martorell, de Gutierrez

Mellado y de Alvarez de Miranda. «¿No ha venido Dolores Ibarrurii» pregunta una

de ellas. No, doña Pasionaria está en Moscú. ¿Le habrán entregado allí mi

«christma» navideño?

- De uniforme azul marino y media gala, el rey aparece en el estrado

presidencial, precedido por los maceros de las Cortes. La Reina, con un elegante

vestido de raso color salmón y collar de brillantes, A su izquierda toma asiento

el Príncipe de Asturias. Sorprende a todos los presentes la disciplinada

compostura del heredero, inmóvil y serio, «como un hombre», durante toda, la

ceremonia.

«La crónica del acontecimiento -está diciendo ya el presidente Hernández Gil, en

su último acto público oficial- irrumpe ya convertida en historia...», y así

describe con fiel exactitud el registro personal de lodos los periodistas que

testificaron el momento solemne de la sanción real.

Cuando el Rey estampe su firma, al pie del texto de la «gran ley», y bajo las de

los tres presidentes de las Cámaras, surgirái una espontánea ovación que pone su

pie al hemiciclo entero. También el Príncipe se levanta y, desde su tribuna, Don

Juan de Borbón. Hay una emoci6n contenida pero palpable. Son las doce menos tres

minutos. Hora para la historia del arduo tránsito democrático.

- Felipe González, en la escalinata de la puerta principal, mientras las

Fuerzas Armadas desfilan ante los Reyes, me comenta su satisfacción; «El Rey ha

hecho más que sancionar la Constitución. Ha expresado su voluntad de acatarla y

servirla. Personalmente estoy contento...»

Un diputado grita «¡Viva el Rey de España!» Y «el teniente general Linnbers y

Pidal agrega, con voz potente; «¡Viva la Reina! ¡Viva, el Príncipe de Asturias!»

Desciende Don Juan Carlos del podio y abraza repetidas veces al presidente de

las Cortes Le oigo decir: «¡Gracias, gracias por todo!» Después, con una sonrisa

satisfecha, mirando al cielo: «¡Menos mal que ha salido el sol; Claro que, ¿como

podía llover en un día como hoy?»-Pilar URBANO.

 

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