Autor: Zabala, Vicente. 
 La larguísima corrida de la Beneficencia. 
 El premio a la seria reaparición de Manolo Vázquez     
 
 ABC.    12/06/1978.  Página: 74-75. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

58/ABC LA FIESTA NACIONAL

VIERNES 12-6-81

La larguísima corrida de la Beneficencia

El premio a la seria reaparición de Manolo Vázquez

Había ambienté de corrida de Beneficencia, «el festejo más importante del

año», como siempre se le denominó. Y los que somos partidarios de la tradición

en el más noble y limpio sentido de la palabra (que no quiere decir jamás vuelta

atrás, sino marcha hacia delante sin olvidar el pasado, lo bueno del pasado se

entiende) gozamos con estos festejos, que cuentan con el inconfundible sabor de

la solera, de esa solera que sustenta nuestro espectáculo.

La corrida -comenzó con un pelín de retraso. Sus Majestades, probablemente por

el tráfico, llegaron unos minutos tarde. Las palmas dé tango ya estaban en

acción" cuando el Monarca, acompañado de Doña Sofía, que lucía la clásica

mantilla española, hizo cambiar con su presencia la impaciencia por una cerrada

ovación, mientras sonaban las notas de la Marcha Real, que el público escuchó

respetuoso puesto en pie. Y YA ESTÁN AHÍ... Las cuadrillas, encabezadas por el

portugués Joao Moura se hacen presentes en la puerta de cuadrillas. Los aplausos

brotan jubilosos. El cartel es prometedor.

Un buen cartel, sobre el papel, de toros y toreros. Corrida de expectación,

corrida de desilusión, dice el refranero taurino. Y yo les pregunto a los que se

fueron a París a ver jugar al Real Madrid: ¿Qué les ocurre cuando ellos también

ponen su corazoncito y vuelven con él hecho cachitos...? El público se asombra

en el paseo del magnífico tiro de muías. Un auténtico lujo. Son de don Félix

Arranz, ese caballero de Méntrida, aficionado hasta los tuétanos, que las cede

todos los años, para ornamento de la función, que no sólo de derechazos y

naturales vive la fiesta. La corrida comenzó con la actuación, deslucida,

desdibujada, lamentable del portugués Moura.

Esta tarde ha perdido una buena batalla en esa guerra de las espuelas, que han

montado los rejoneadores y que empiezan a tenernos hasta el gorro a los

aficionados. Esta vez Moura, espectacular toreando, ha estado rematadamente mal

a la hora de clavar. Y ha alargado innecesariamente la ya de por sí larga,

larguisima corrida, montada sin duda con la máxima ilusión por los

organizadores. La empresa confecciona carteles a lo largo del año, la Diputación

cumple puntualmente con su , corrida de Beneficencia, la Prensa organiza la

suya, ¿por qué no se deja a los aficionados que una vez al año den también la

suya? No estaría nada mal que todos pudiéramos comprobar lo que se pasa en ese

duro ajetreo que tanto sueño quita y tan pocas satisfacciones produce, porque la

fiesta de los toros es un espectáculo que habitualmente está mal, porque es así,

por naturaleza, con Reglamento en mano, o sentados encima del Reglamento. Lo que

salva a la fiesta, lo que la sostiene durante siglos es que lo bueno queda en el

recuerdo, se rumian las contadas tardes felices, hasta media verónica, un quite,

un pase de pecho... EL MAESTRO.

Pocos toreros cuentan con tanto cartel en Madrid como Manolo Vázquez. El diestro

con más fuerza en esta capital, con perdón, fue don Antonio Bienvenida. Algunos

cuando quieren quitarle importancia dicen: «Era un torero para Madrid.»

Como si lo bueno fuera ser torero para Benidorm, Marbella o Andalucía la

Nueva... Lo cierto es que Manolo, después de Antonio, es el torero con más

cartel en Madrid. Ganado de parecida manera. En las Ventas consiguió sus mejores

triunfos, en las Ventas sufrió graves cornadas, délas Ventas salió por la puerta

grande con las orejas en las manos innumerables veces. Por eso se respeta a

Manolo Vázquez en Madrid, por eso se le quiere, por eso se le espera y por eso

se ha llevado esta tarde para Sevilla ¡tres millones de pesetas! ¿Se acuerdan

ustedes cuando la gente decía que el que sex llevaba el dinero era El Cordobés?

Lo que cambia la vida. Ahora Madrid por vivir unos recuerdos, unas añoranzas de

hace treinta años, por paladear la solera de esos muletazos al primero, dándole

!a distancia al toro a la hora de citar, no colocándose al lado del toro, sino

en ese lugar donde los toros tienen más recorrido y mayor alegría, le han

puesto un montón de miles de duros en las manos. Y yo me alegro. Y digo que se

lo merece, porque Manolo ha vuelto de verdad.

Manolo, como Antonio, no ha venido a jugar al escondite. Reapareció en Sevilla,

repitió en Jerez y luego dos tardes en Madrid, ambas televisadas, dando la cara,

haciendo el esfuerzo, tragándose miedos y preocupaciones, años y recuerdos de

lejanos quirófanos, pero que parecen de ayer mismo a la hora de vestirse de

torero. Por eso yo, aficionado de Madrid, madrileño nacido en la carrera de San

Jerónimo, número 10, amo con toda mi alma a Sevilla, cuna indiscutible del

toreo. Hace unos día me hablaba Marcial Lalanda de mi debilidad por Sevilla. Y

yo no la niego, aunque le haga palmas a Antoñete como se las hice a Manolo

Escudero y también en mi adolescencia a Julio Aparicio, en aquellas tardes

de temperamento. Pero yo le pregunté a Marcial: «Maestro, ¿usted ha sido

partidario de dos toreros, verdad?» No lo oculta. Marcial ha sido acérrimo de

Joselito, su ídolo, su patrón, su modelo de torero y de toreo, después fue

partidario de Pepe Luís, el hermano de nuestro Manolo de hoy.

Y ahora yo me pregunto, ¿dónde habían nacido Joselito y Pepe Luís? Manolo,

Vázquez tenía hoy en la Monumental la representación de Sevilla. Y la huella ha

quedado patente con ese primer toro de Samuel, noblote, de cara alta y escaso

celo, soso, como toda la corrida, y aburrido. Pero el torero estaba más alegre

que unos cascabeles, porque alegría quiere decir todo lo contrario que

aburrimiento. Y eso es lo que no fue en ningún momento la faena del maestro de

San Bernardo.

Tuvo color, calor, sabiduría e inteligencia. No son tiempos de apreturas, de

aquellas apreturas de los años 50. Manolo no puede — ni debe hoy — rebozarse con

los toros. La faena de Manolo Vázquez resultó de arte y ensayo. La pena es que

luego, el muy pinchaúvas, no fuera capaz de rematarla a la primera. Escuchó una

ovación desde ese lugar donde se recogen las ovaciones que suenan con fuerza,

desde los medios, desde ese sitio que hace temblar a algunos aficionados...,

aficionados al reglamento, ¿qué reglamento?, temiendo siempre que el diestro

inicie una vuelta al ruedo, que no viene en su libro, ni en el artículo 43, ni

en el 22, ¡qué pena! En el Otro, Manolo no anduvo confiado. El toro le andaba.

Se los «tragaba» por el derecho, pero el de Samuel, pegajoso y molesto, se le

ponía por delante y no le dejaba estar a gusto. La gente notó que Manolo no

andaba dispuesto a exponer ni los alamares de su flamante vestido Verde y oro. Y

le pitaron fuerte, cómo se pita a los grandes toreros que toman prevenciones. Lo

cierto es que el de San Bernardo ha resuelto dignamente, pero que muy

dignamente, las papeletas de Madrid y Sevilla. Ahora a circular por provincias

con más tranquilidad, menos toro y menores sobresaltos. El domingo a Marbella,

alternando con Camino y El Cordobés, con esos dos que también reaparecen...

¡en Mar-bella! EL SANTO DE ESPALDAS. José Mari Manzanares,

independientemente de sus defectos, del mal momento que atraviesa, de la

declarada y abierta hostilidad de determinado sector del; público (la siembra ha

dado se fruto...), también es verdad que la fortuna le , ha abandonado. Todo le

sale mal. Sus toros (no falla) son los cojos. Por fin se las tuvo que ver con un

sobrero de El Sierro, que le tiró dos gañafones a la barriga nada más comenzar

la faena de muleta. El astifino animal (astifina fue toda la corrida) se

defendía.

Manzanares hizo lo mismo en medio de una bronca. Su otro toro de Samuel fue

bueno. Soso, pero bueno. Se le apuró mucho en quites, y llegó al último tercio

como el de Cuadri del otro día, sin viaje, sin apenas recorrido, muy aplomado.

La faena tampoco pudo ser. Y la bronca se desató. COMO SIEMPRE. Julio Robles

anduvo como casi siempre. Su primer toro por el lado derecho se prestaba al

lucimiento. Embestía con nobleza, pero el salmantino no se entregó. Le entraron

las prisas. De pronto se cambia la muleta de mano. Y le salen unos trapazos con

la zurda. Vuelve a la mano derecha. No pasa de discreto. Todo queda en palmas.

El sexto de Samuel, cornalón y áspero, derrumbó las poquísimas ilusiones que le

quedaban al público. La corrida de la esperanza se deslizaba por el tobogán del

cansancio — tres horas sentados en el tendido — entre derrotes, trapazos y

deseos "de vernos todos fuera de la plaza,, empezando por el propio Julio

Robles.

Las últimas palmas sonaron para los Reyes, que presidieron esta corrida — no me

duelen prendas — que me pareció muy bien organizada, con sentido de aficionados

con paladar, pero que los sosos y escasamente . bravos toros de Samuel, las

cojeras, los sobreros y ese «previsto» e ¿imprevisto? show de todos los días

acabaron por llevarse por delante. ¡Ah! Se tiró un espontáneo con una muleta que

decía Viva la Constitución, solicitando el premio Nobel para el Rey. El

propietario de la muleta, antiguo novillero, hoy político, de izquierdas, es El

Chocolate, que dio su «golpe» particular en el ruedo de las Ventas en un toro

devuelto que no perjudicaba a nadie. Marchemos todos y El Chocolate el primero

por la senda de la Constitución... — Vicente ZABALA.

El Chocolate, ex novillero, hoy político de izquierdas, se tiró de espontáneo

con una muleta vitoreando al Rey y a la Constitución. El hombre se defendió

bien.

 

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