Las Cortes fueron el escenario del homenaje con un impresionante discurso del presidente del Congreso. 
 Valiente proclama constitucional del presidente de las Cortes  :   
 Ante el Congreso y el Senado en sesión conjunta con la asistencia de las demás instituciones. 
 Diario 16.    10/12/1981.  Páginas: 3. Párrafos: 65. 

LAS CORTES FUERON EL ESCENARIO DEL HOMENAJE...

El presidente de las Cortes, Landelino Lavilla, pronunció ayer un vibrante

discurso, en representación del pueblo español, durante la sesión solemne que

celebraron conjuntamente el Congreso y el Senado para rendir público homenaje a

la Constitución de 1978. A lo largo de veinte minutos leyó con tono firme y

decidido doce folios, cuyo contenido es una valiente proclama en defensa de la

democracia española frente a la minoría que la amenaza. Dada la importancia

política del discurso pronunciado por Landelino Lavilla, lo reproducimos

íntegramente.

VALIENTE PROCLAMA

CONSTITUCIONAL DEL PRESIDENTE DE LAS CORTES

Ante el Congreso y Senado en sesión conjunta con la asistencia de las demás

instituciones

Madrid — Pasadas las doce y media de la mañana, el presidente del Congreso de

los Diputados, ostentando la representación de las Cortes Generales, se dirigió

a diputados y senadores, asi como a los representantes de las más altas

instituciones del Estado, pronunciando las siguientes palabras:

«Señorías:

El 6 de diciembre de 1978, el pueblo español, consciente de su

protagonismo, refrendó con claridad y decisión la Constitución elaborada por las

Cortes. Recordar una efeméride es, como escribiera uno de los maestros de

nuestra generación, volver a pasar por el corazón lo que en el corazón estuvo.

Recordar aquel 6 de diciembre es revivir Y actualizar el espíritu de

concordia que fue 1a base de nuestra Constitución y ha de ser su permanente

garantía; es volver a vivir la identificación entre el pueblo y sus

representantes, en la magna empresa de definir y proclamar los valores

fundamentales de la comunidad y establecer desde ellos la organización y el

régimen de tos poderes públicos.

Quienes participamos en las Cortes Constituyentes, tuvimos plena conciencia de

su dimensión histórica. Sabíamos, palpábamos, que la demanda con que el pueblo

nos interpelaba, desde diferentes posiciones ideológicas, era clara, directa, y

tenía un denominador común: el pueblo español, del que éramos parte y

representación, nos exigía resolver en diálogo pacífico nuestras diferencias,

para garantizarle una convivencia duradera, en régimen de libertad de justicia,

de igualdad y de pluralismo político.

Se trataba de elaborar una Constitución superadora de la accidentada historia

política de íqs dos últimos siglos, que significara el cierre de una vieja y

enconada herida en los tejidos más vitales de nuestra nación.

Era menester clausurar un ciclo, caracterizado por rupturas de índole diversa, y

se hacia necesario abrir una nueva era, en la que el pueblo español y cada uno

de los hombres y mujeres que lo integran, recuperada su libertad, pudieran

asumir responsablemente su ´destino personal y el destino colectivo.

Y el talante con el que todos abordamos el trance constituyente fue

rigurosamente fiel al mandato asi entendido: lejos de la rigidez del dogma y de

la pasión partidista, con voluntad de conjurar riesgos, con decisión de no

repetir errores y marcando senderos seguros para el armónico convivir de todos

los españoles y para que España sea nuestro solar común y nunca más objeto de

litigio entre quienes, dogmáticos e intolerantes, no saben afirmar sus ideas sin

arrasar violentamente las ajenas.

Es indudable que el mantenimiento del espíritu de enfrentamiento, con el que

nacieron otros textos constitucionales, comportó su breve e inestable vigencia y

marcó el signo pendular de nuestra historia.

Y es indudable, por lo mismo, que la perduración del espíritu de entendimiento,

con el que ha nacido la actual Constitución española, comportará su permanencia

y estabilidad: no hay vencedores ni ve cidos, sino encuentro de todos en un

terreno común, en el que cabe la acción de gobierno de las distintas opciones

políticas y cuyos límites no habrán de ser excedidos por ninguna de ellas.

Podría parecer, a ojos extraños, que una movilización de la conciencia

ciudadana, dando vivas a la Constitución, tiene perfiles de ingenuidad y hasta

de anacronismo, puesto que una Constitución, en cuanto tabla de derechos y

organizacion del sistema político, les prácticamente un dato, «aceptado como tal

en nuestros tiempos y en cualquier país de nuestro desarrollo y cultura.

Pero hay experiencias en nuestra historia, y hay circunstancias en nuestra

realidad política, que dan sentido profundo a esta conmemoración. Con demasiada

frecuencia han resonado en el aire de España ecos desgarrados, propagadores a la

par del júbilo de españoles triunfantes y del lamento de españoles vencidos.

Hay demasiadas páginas en nuestra historia escritas con sangre de hermanos o con

oscuras tintas de odio y rencor, para que los españojes todos no nos esforcemos

en asegurar la fecundidad del momento histórico en el que hemos gritado,

con dolor y con fe, nuestra voluntad de vivir juntos, en paz y en libertad.

Y la Constitución es hoy la traducción articulada y coherente de ese grito de

dolor y de fe.

Firmeza del Rey

La Constitución es expresión de unidad, en cuanto decisión soberana del pueblo

español que afirma su identidad y asume su destino. La Constitución es símbolo

de cohesión, en cuanto manifestación de la voluntad de convivir. La Constitución

es cauce de integración, en cuanto expresión de posibilidades y alternativas,

abierta siempre a lo que se ha llamado el «principio de esperanza» para

cualquier opción política que la acate.

Pero la Constitución es, además, norma jurídica, la principal del ordenamiento,

y es, por lo mismo, mucho más que un marco de referencia lejano y programático:

es la consagración normativa de un conjunto de valores que han de hacerse

realidad en las leyes y en el comportamiento diario de las instituciones y de

los ciudadanos.

Como se han hecho realidad ejemplar en la firmeza del Rey de España, que, .

considerándose desde su proclamación «el primer español obligado a cumplir con

su deber», ha demostrado con sus actos la profunda verdad de las palabras con

que expresó su decidida voluntad de acatar y servir la Constitución en el acto

mismo de sancionarla.

Las reglas_______

Son importantes las reglas formales de la democracia, y todos hemos podido

verificar la validez y eficacia de las que figuran en la Constitución, probadas

ya en circunstancias diversas, no siempre fáciles y en ocasiones delicadas.

Pero más importante es encarnar y hacer realidad, hasta convertirlos en estilo

de vida, los hábitos de respeto, tolerancia y comprensión en que florecen la

libertad y la responsabilidad, como anverso y reverso de una misma medalla.

Y no tengo inconveniente en destacar, porque a nosotros los parlamentarios

corresponde una importante función de ejemplarídad, que en las Cortes Generales,

día a dia, se muestra la realidad de aquellos hábitos, realidad bien

esperanzadora y que fácilmente contrasta con pasadas experiencias.

Aquí concurren ordenadamente fuerzas políticas asaz distintas, que no buscan el

enfrentamiento por el enfrentamiento, que mantienen un alto nivel de respeto

recíproco

Pretensión estéril

Una Constitución se asienta definitivamente en la comunidad política cuando sus

valores se hacen creencias en la conciencia social generalizada. Puede que un

periodo de tres años sea en exceso corto para su plena maduración y

enraizamiento.

Pero es, sin duda, tiempo suficiente para percibir, ya que la liberación de

energias ha generado la dinámica irreversible propia del régimen constitucional;

para percibir que nuestro pueblo ha hecho suyos los valores constitucionales y

para asegurar, en consecuencia, que está dispuesto a su firme y denodada

defensa.

Cualquier intento de mutilar ios derechos fundamentales y las libertades

públicas en España sería contra el sentido de la historia y contra la voluntad

del pueblo; sería, por lo mismo, rigurosamente inútil. La ley es la armonía

entre la libertad y el orden, entre el derecho de cada uno y los derechos de los

demás.

Y la suprema ley, expresión por tanto de la superior armonía, es la Constitución

que a todos, poderes públicos y ciudadanos, obliga. En la comunión activa de los

valares que proclama la Constitución está nuestra esperanza de convivencia;

fuera de esos valores no hay sino barbarie y regresión, suicidio y esterilidad.

Porque estéril, a plazo más o menos corto, habría de ser cualquier pretensión de

imponer el dogma, silenciar la discrepancia, trabar la libertad de expresión,

cercenar el derecho de asociación política o desnaturalizar de nuevo las

organizaciones sindicales.

El régimen constitucional ha restituido plenamente a los españoles su libertad

responsable. La nuestra es una Constitución cualificada por la nota de

autenticidad; es una Constitución verdadera que tiene por objeto, como dijera el

clásico, no la gloria del Estado, sino la libertad de los ciudadanos. Libertad,

¿para qué?

Libertad para vivir dignamente, libertad para convivir civilizadamente, libertad

para que el hombre pueda ser y sea hombre; hombre de pie, capaz de proyectarse

hacia las estrellas desde raíces fecundamente afirmadas en la tierra.

La Constitución española de 1978 es la Constitución de la libertad y es la

Constitución de la democracia. Es la Constitución que configura en España un

Estado social y democrático de Derecho, que ampara los derechos y libertades

inherentes a la persona y los de los grupos en que las personas se integran, y

que impone a los poderes públicos la doble obligación exigible de promover las

condiciones para que la libertad y la igualdad sean efectivas y de remover los

obstáculos que impidan o dificulten su plenitud,

Pacto social_______

Como dijera el profesor Hernández Gil, presidente a la sazón de las Cortes, «la

libertad es atributo de la persona, lo mismo que el don del pensamiento o de la

palabra; integra y define nuestro propio ser; o la libertad comprende a todos, o

no hay libertad; por eso es aliada de la igualdad; si falta la igualdad, la

libertad se degrada y se convierte en instrumento de dominación y hasta de

esclavitud».

Es una formulación clara y precisa de una nota característica que hace de la

nuestra una Constitución superadora, sin desconocerlas, de las libertades

formales, y que impulsa la efectividad de las libertades reales para todos los

españoles sin discriminación.

(Sigue en pág. siguiente)

No hay ninguna razón para

que proliferen actitudes rigurosamente reaccionarias

LA MAS VALIENTE PROCLAMA EN DEFENSA DEL SISTEMA CONSTITUCIONAL...

Alienta así en la ConstituCión española el trasfondo Del pacto social que le dio

vida y que fue posible por la plena aceptación sin reservas mentales, del

principio de solidaridad.

Una Constitución no es una tarea conclusa, sino una exigencia de realización

diaria. Es importante disponer de una Constitución en la que, como he dicho, se

simboliza la unión, cohesión e integración de un pueblo y se expresa su voluntad

de conquistar el futuro.

Pero disponer de una Constitución no supone eliminar los problemas ni arrasar

las dificultades, aunque suponga, desde luego, un necesario punto de partida

para asegurar la eficacia del esfuerzo superadar.

Ha funcionado bien

La Constitución ha funcionado sensiblemente bien. Muchos problemas graves y

algunos endémicos en la convivencia española han hallado cauces razonables para

su solución. Tenemos un Gobierno constitucional, surgido de unas elecciones

generales y controlado por unas Cortes que son representación legítima del

pueblo español; tenemos un , poder judicial independiente, que administra en

nombre del Rey la justicia que emana del pueblo; tenemos un Tribunal

Constitucional, garante de la pureza jurídicoconstitucional de las leyes y

amparador de los derechos fundamentales y libertades públicas.

Tenemos unas Fuerzas Armadas que garantizan la soberanía e independencia de

España y defienden su integridad territorial y el ordenamiento constitucional;

tenemos en construcción una organización territorial fundada en el principio de

autonomía, que ha de permitir rescatar y potenciar los ámbitos de convivencia en

proximidad, fortaleciendo el sentido comunitario y participativo del hombre.

Y tenemos un sistema de Monarquía parlamentaria en el que el Rey, símbolo de la

unidad y permanencia del Estado, arbitra, modera y, en definitiva, asegura el

funcionamiento regular de ¡as instituciones, con la eficacia, prudencia y

firmeza que el Rey Don Juan Carlos ha acreditado.

Actitudes__________

Nunca como hoy se han dado, a mi entender, tantas y tan esperanzadoras

posibilidades de romper lo que, para algunos, es maleficio y, para otros, fruto

de limi taciones congénitas del suelo o del pueblo español.

Hoy las fuerzas políticas y el propio pueblo español se afanan en un esfuerzo

real y decidido de transformación y modernización; diversas son las

concepciones, distintos son los medios y medidas propuestos —y legítimas son en

la discrepancia, la preferencia y la opción de cada uno—, pero es concorde el

objetivo de consolidar el orden constitucional y alcanzar nuevas metas de

progreso y de justicia.

Es evidente que ha habido carencias y faltas de sintonía, imputables más a la

hondura critica de las problemas y a la constitutiva fragilidad de las personas

que a deficiencias del régimen constitucional establecido.

Fuerzas oscuras

Pero ninguna razón hay para que en una situación .que es en sí misma germina!,

proliferen negros augurios o se extiendan actitudes negativas, pesimistas o

nostálgicas que, por serlo, son actitudes rigurosamente reaccionarias.

No faltan, ciertamente, personas incapaces de aprender las lecciones de la

historia, de entenderlos signos de los tiempos o de percibir el pulso firme y

sereno del pueblo español. Unos hay que quisieran domeñar la voluntad de todos,

con violencia y sin razón, abriendo curso al terror o a la revolución.

Otros hay que quisieran secuestrar la voluntad del pueblo entero, arrogándose su

representación y erigiéndose en voceros excluyentes de los más entrañables

valores de España. Son unas y otras fuerzas oscuras que pretenden cuestionar y

hasta borrar ese modo de convivencia, que llamamos democracia y que es conquista

y realización de nuestra civilización.

Pero frente a esas personas y tuerzas forman muralla los valores

constitucionales y las instituciones democráticas, que tienen la autoridad de la

ley, respaldada por la adhesión de un pueblo consciente de su protagonismo y de

su razón.

Voluntad pueblo

Si el pueblo español pudo ser, en otras ocasiones, espectador indiferente del

acontecer político, dócil seguidor de iniciativas sin futuro o fácil secundador

de facciones, hoy es sereno garante de la libertad y firme guardián de la

democracia. Cualquier agresión, cualquier acto de audacia e irresponsabilidad,

resultaría estéril en sus objetivos políticos, ante la firme voluntad de

convivir en paz y en libertad, acreditada por los españoles.

El pueblo español, al que representamos, no puede tolerar que grupos o personas,

por la fuerza de las armas, por la invocación de valores audazmente

secuestrados, o por el fanatismo suicida, suplanten su propia voluntad y se

erijan, con presunción, en jueces y arbitros políticos. Es el pueblo español el

que juzga a sus representantes y el único que arbitra renovando o retirando su

representación.

La conmemoración de la Constitución es ocasión propicia, que el calendario

brindará cada año, para que las Cortes Generales visualicen ante España entera

su significación institucional, reciban a las representaciones más cualificadas

de las demás instituciones nacionales y renueven su compromiso de acatar la

Constitución y servir con entrega y sin reservae al pueblo español.

El poder___________

Y es esta buena ocasión, porque fue el Parlamento, comisionado por el pueblo,

titular del poder constituyente, quien asumió la tarea de elaborar el texto

constitucional; porque al Parlamento corresponde el desarrollo legislativo de la

forma fundamental; y porque del Parlamento depende, en gran medida, que se

mantenga vivo el espíritu de concordia, felizmente entrañado en la conciencia

del pueblo español.

El Parlamento significa el triunfo de la palabra; la palabra es el vehículo de

la idea, que se origina en la razón y se dirige a la razón; la palabra es el

instrumento político para la transacción, el compromiso y la convinción. El

triunfo de la palabra, la eficacia del Parlamento, es la victoria de la razón y

la derrota de la fuerza.

El Parlamento no tiene que ser, ni es, un espectáculo ´diario, un foro para la

demagogia, el torneo o los juegos florales; no es sólo el lugar donde se

pronuncian solemnes discursos y se alumbran frases felices. Es sobre todo un

lugar, una oficina, en que se tramitan y despachan múltiples, importantes y, en

ocasiones, áridos problemas de Estado.

Un lugar en el que diputados y senadores no están para proyectar sobre la

sociedad sus propios problemas, sino para captar los problemas sociales y buscar

su mejor y más eficaz solución; para ejemplarizar en sí mismos los valores

constitucionales y para proponer al pueblo metas colectivas de ilusión y

esperanza.

¡Viva España!______

Desde esa concepción del Parlamento y con ese espíritu que sella el compromiso

de los parlamentarios españoles, las Cortes Generales se suman a la

conmemoración del Día de la Constitución, proclaman su fe en el mejor futuro

para todos los españoles y expresan, con emoción, su respeto y admiración al Rey

de España, Don Juan Carlos,

No hace mucho tiempo, en la inmediata proximidad de una dura experiencia y con

la emoción apenas contenida, rechacé, a fuer de español, que pudiera darse un

viva a España como signo de hostilidad ante quienes creemos en la democracia y

acatamos la Constitución.

Hoy, en este salón que preside la bandera de España y pensando en España como

Patria común de todos, soy yo el que grita ¡Viva España!, un grito sin acritud,

un grito de concordia y unión, un grito de esperanza y de ilusión por nuestra

España. Y cuando digo nuestra, me erijo en portavoz de un nosotros que somos,

sin exclusión, todos los españoles.

" Quisieran domeñar la voluntad de todos, con violencia y sin razón, abriendo

curso al terror o a la revolución "

"El triunfo de la palabra, la eficacia del Parlamento, es la victoria de la

razón y la derrota de la fuerza "

 

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