Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Landelino     
 
 Diario 16.    10/12/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luís Gutierrez

Landelino

ERGUIDO y serio se encaramó al atril y habló. Levantó el perfil heráldico, de

alcotán vegetariano y distinguido, con los cabellos húmedos y alisados como un

personaje de Evaristo Carriego, como un orillero del Borges porteño, y habló.

No me gusta ponerme trascendente, lectores, porque a mí no me impresionan las

solemnidades -prefiero la sencillez cotidiana-, pero no hay más remedio que

admitir que Landelino Lavilla es un soberbio «médium» democrático, un

impresionante transmisor de vibraciones, tal como se comprobó ayer tras su

magistral pieza oratoria en el Congreso de los Diputados, hablando de La

Constitución, La Libertad, La Democracia y otras mayúsculas.

Cuando Landelino bajó del estrado tenía los ojos enrojecidos por esa

conjuntivitis del espíritu que los ultracuerpos y demás extraterrestres de

Ibáñez Serrador llaman despectivamente «emoción» y que Landelino logró

transmitir a toda la Cámara, que quedo suavemente electrizada.

No voy a hablar de las opiniones sobre su discurso, porque ya se reflejan en

otro lugar de este periódico, pero la unanimidad en el elogio -izquierdas y

derechas, radicales y moderados- fue tan vivificante coma sobrecogedora. Los

parlamentarios husmearon mentalmente en el diario de sesiones de la Cámara, para

encontrar entre los Castelarr y similares proceres un referente B tanta

brillantez. Algún diputado de la izquierda corto de vista, con esa estúpida

ceguera que caracteriza a algunas señorías, aplicaba el análisis marxista: la

derecha ya tiene un líder.

Y, sin embargo, el discurso de Landelino podría haberlo suscrito cualquiera de

los líderes parlamentarios -y de hecho lo han rubricado con sus declaraciones-,

porque fue una pieza rigurosamente institucional, con ese sentido de la

equidistancia que tiene Landelino en el uso del cargo y que ha provocado en más

de una ocasión quejas de su propio partido.

Landelino recordó en su intervención la breve y tensa historia de la transición

reflejada en la elaboración de la Carta Magna y subrayó el esfuerzo de concordia

y cesiones mutuas que ha inspirado nuestra Primera Norma, como exponentos de la

unidad y cohesión de todos los españoles en su deseo de vivir juntos, en paz y

libertad. Y une frase pare los golpistas de uno y otro signo, pero sobre todo de

uno: «Fuera de estos valores (los que encarna la Constitución) no hay sino

barbarie y regresión, suicidio y esterilidad.» Los exponentes de la locura ya

se conocen: imponer el dogma, silenciar la discrepancia, trabar las libertades

de expresión, cercenar el derecho de asociación política o desnaturalizar las

organizaciones sindicales.

HA sido el discurso de Landelino Lavilla una auténtica intervención de Estado

que ha tenido la virtud de eclipsar por completo, durante unas horas, la figura

del presidente Calvo-Sotelo, que ahora tiene frente si -antes de su actuación

parlamentaria de hoy- un listón realmente alto en el discurso de Landelino

Lavilla, que no ha sido un programa de gobierno, ni siquiera un programa. Ha

sido una bella exaltación de la razón, de la palabra, de la libertad, de la paz,

de la concordia democráticas.

 

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