Apoyo militar a la Constitución     
 
 El País.    10/11/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Apoyo militar a la Constitución

LAS DECLARACiONES del capitán general de Madrid sobre su disposición a acatar y

defender la Constitución que ha sido aceptada por el pueblo español ni pueden ni

deben pasar inadvertidas para cuantos se preguntan por el ambiente militar. Las

palabras del teniente general Quintana Lacaci, en el sentido de que si el rey se

lo hubiera pedido el 23-F él habría sacado las tropas a la calle para defender

la legalidad, se inscriben en el panorama más amplio de la cantidad de jefes y

oficiales de las tres armas abiertamente comprometidos con las instituciones

vigentes. La bravuconería golpista y la actitud, quizá equivocada, de silencio

por parte de muchos mandos militares fíeles servidores de las instituciones

democráticas provoca a veces una impresión distorsionada y falsa del verdadero

sentir de las Fuerzas Armadas, impresión que beneficia los propósitos del

golpismo y perjudica la imagen de los ejércitos en la sociedad civil. Pero es un

hecho que en la noche del 23 de febrero hubo tropas preparadas y dispuestas para

tomar al asalto, si el Rey y el Gobierno en funciones así lo ordenaran, el

Congreso de los Diputados, en manos de los rebeldes, lo mismo que el capitán

general de Valencia supo, antes de retirar los tanques, que una escuadrilla de

aviones de caza estaba presta a disparar contra las fuerzas que él desplego

sobre la desarmada ciudad de Valencia. Sin duda también, este es un hecho que le

ayudo a reflexionar sobre su actitud.

Las declaraciones de apoyo militar a la Constitución, con ser obvias por la

obediencia debida que los militares tienen al ordenamiento jurídico vigente, no

resultan, sin embargo, innecesarias en los momentos de confusionismo y nervios

que la sociedad española vive. Frente a quienes se empeñan en ver por todas

partes campañas de desprestigio contra los institutos armados, es preciso

señalar la realidad de que son una concreta minoría, aquellos en quienes anida

el sentimiento y la pasión golpista.

Los sucesos del 23 de febrero pasado, al margen de suponer un ataque directo y

frontal a la convivencia pacifica de los españoles, incidieron también de manera

desafortunadamente funesta en la idea que sectores de la sociedad civil puedan

tener respecto a las Fuerzas Armadas y de Seguridad del Estado. Las

contradicciones y mutuas acusaciones en que los acusados del intento sedicioso

han incurrido han contribuido aún más a deteriorar esa visión, lo mismo que

sucesos tan infantiles y deleznables a un tiempo, como el del capitán Milans del

Bosch, fanfarroneando de su actitud injuriosa para con el Rey, fanfarronería que

ha tenido lamentable corolario en la sentencia dictada al respecto por el

Consejo de Guerra. Que militares de honor y de probada honestidad levanten su

voz públicamente como acaba de hacer el capitán general de Madrid para hacer

explícito su compromiso con las instituciones democráticas y su lealtad en todos

los órdenes al Rey de España y Capitán General de los Ejércitos es, por eso, una

satisfacción. Pero también supone un toque de atención para aquellos que piensan

que son los exclusivos depositarios del sentimiento patrio o del honor militar y

abandonan conscientemente el servicio y el respeto a la legalidad objetiva, en

aras de una moral subjetiva y discutible que, en ocasiones desemboca,

abiertamente en la delincuencia y el terror.

 

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