Cómo hacer viva la Constitución     
 
 ABC.    06/12/1981.  Página: 2-3. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

Cómo hacer viva la Constitución

«Con la Constitución se ha instaurado una esperanza nueva en el país y en sus

hombres.» Estas palabras, que escribíamos hace tres años en nuestro editorial

las reafirmamos hoy. Creíamos entonces, y creemos hoy, que esta Constitución es

«un texto legal suficiente y suficientemente integrador». Veíamos entonces, y

vemos hoy, que se trata de un texto legal «perfectible» y que cabía «una

aspiración legítima a su reforma dentro del propio marco constitucional». Pero

también reconocíamos entonces, y reconocemos ahora, que «sus defectos no borran

el ser obra de todos» y que «una de las innegables virtudes de esta Constitución

es que dentro de ella caben todos». Y nos atrevíamos a esperar entonces, y

seguimos esperando ahora, que esta Constitución «no sirva nunca para crear de

nuevo esas dos Españas permanentemente enfrentadas» y sea, en cambio, "una

aspiración de concordia y un desafía a la esperanza".

Queda, con todo ello, dicho que nuestro periódico se mima gozoso a esta tercera

conmemoración de nuestro máximo texto legal; que en él vemos el camino hacia la

paz y la libertad; y que unimos nuestra voz, no sólo sin reticencias sino con

entusiasmo, a ese «Viva la Constitución» que dicen hoy la mayoría de los

españoles y que seguramente dirían todos si algunas torpezas en la realización

de esa misma Constitución no hubieran enturbiado los limpios caminos que en ella

se inauguran.

Pero no diríamos toda la verdad si nuestro comentario se quedara en un grito

retórico. Decir «Viva la Constitución», llenar las calles de carteles con. ese

grito, inundar las páginas de los periódicos o las emisiones televisivas con

esas palabras puedo ser hermoso e incluso necesario. Pero no es suficiente. Lo

importante, lo decisivo no es decir «¡Viva la Constitución!", sino "hacer viva

la Constitución".

Lo escribimos también hace tres años: «Con la Constitución no se ha llegado a

una meta, sino a un punto de partida.» La Constitución es un solar sobre el que

construir, o unas leyes para una construcción. Hoy, además de expresar nuestro

entusiasmo, parece que habría que preguntarse qué coeficientes de paz, de

progreso, de unión, de solidaridad, de libertad total, de cultura, de respeto

mutuo hemos conseguido. Una Constitución es más una responsabilidad que un

orgullo. Y su tercer aniversario es más tiempo del examen de conciencia que del

botafumeiro. Es hora de preguntarse cómo han realizado esa Constitución los

políticos, los militares, los partidos, los sindicatos, los medios de

información, los ciudadanos, los intelectuales, los patronos, los trabajadores,

las amas de casa, los mismos niños. La Constitución no es un regalo llovido del

cielo, no es un texto hecho de una vez para siempre; es algo que se realiza

viviéndolo, realizándolo, completándolo, haciéndolo pasar de las palabras a la

vida.

Bueno será, por tanto, que, ademas de reafirmar nuestros deseos de que la

Constitución viva y siga viviendo, nos preguntemos cómo se hace vivir y cómo se

hace morir una Constitución. Cómo ae la honra viviéndola y cómo se la inutiliza

reduciéndola a papel y teoría.

Y así podemos decir que se hace viva la Constitución manteniendo apasionadamente

la unidad de España dentro del lógico respeto a las particularidades regionales

o autonómicas (art. 2.°), enarbolando su bandera con orgullo y sin

particularismos (art. 4.°), subordinando todo —y muy especialmente los intereses

de grupos y partidos— a los supremos intereses nacionales (art. 6.a). Que la

Constitución crece y se realiza si los sindicatos se convierten en palancas

pacíficas para lograr la justicia y el mejoramiento de las clases menos

favorecidas (art. 7.°); sí las Fuerzas Armadas defienden y acrecientan su honor

vigilando activamente el mantenimiento de la paa y los interesee nacionales, al

servicio siempre de la nación y bajo el más escrupuloso respeto de las leyes

(art. 8.°); si todos loa españolea se someten a la Ley sin privilegios para

nadie y sin discriminaciones contra nadie (art. 9.°). Que la Constitución pasa

de la letra a la vida si se respetan todos loe derechos de todos a la vida, a la

libertad de expresión sin coacciones ni mentiras, sin insultos y sin agresiones

al honor de todos (arts. 10, 15, 20). Que la Constitución es digna de la

tradición española si respeta la libertad religiosa de todos, pero no se

convierte en un olvido de nuestra Historia o do nuestras costumbres mayoritarias

(art. 16). Que la Constitución es mas que un papel mojado si hace verdadero el

derecho y el deber de todos a tener y realizar un trabajo (art. 35); si

realmente son protegidos los intereses familiares (art. 39); si todos tienen

acceso a la cultura en libertad, sin monopolio» ni clasicismos (art. 44); si se

atiende con especial amor a ancianos y minusválidos (art. 49); si los

consumidores se ven defendidos en su elemental derecho a no ser envenenados

(art. 51).

Todos tenemos responsabilidad en la vida real de la Constitución. Pero la tienen

muy especialmente aquellos hombrea sobre los que se ha depositado la confianza

popular. Y harán ellos viva la Constitución si el Parlamento es realmente un

órgano de participación de la comunidad, un lugar de trabajo, de búsqueda de

soluciones comunes en donde se anteponga siempre el bien común a los de grupas y

partidos, si el Congreso y el Senado son dos ejemplos vivos de la libertad. la

democracia auténtica

Tienen muy especial reuponsabilidad los hombres del Gobierno. Y es su vida

diaria, su ejemplaridad. su trabajo, su honradez, su ausencia de ambiciones

quien mayormente realizará a diario la Constitución.

Y ea también el Rey quien tiene entre sus manos el más delicado do loa servicios

a la nación, convirtiéndose —y aquí tenemos obligación de añadir; como de hecho

se ha convertido— en el primer defensor, en el primer cumplidor de la

Constitución

No basta vitorear la Constitución todos los 6 de diciembre. Hay que vivirla los

días 7, sufrir por ella los días 8, urgir su cumplimiento los días 9, estar a su

escrupuloso servicio todos los días del mes y del año.

Porque también puede «matarse» la Constitución. Y podrían estarla vulnerando y

destruyendo muchos de los que hoy —baratamente— la vitorean.

Se asesina la Constitución abusando de las autonomías en detrimento de la unidad

de España, monopolizando o menospreciando a la bandera, abusando de la fuerza

sindical para hacer política, menospreciando las Fuerzas Armadas o

traicionándolas en acciones partidistas contra la Constitución y no a su

servicio. Sa traiciona la Constitución cayendo en la partitocracia, utilizando

la libertad de expresión para encizañar, despreciando los valores religiosos,

abusando de la libertad de reunión para conspirar contra la Constitución, que la

protage y garantiza. Ofenden a la Constitución los políticos qus traicionan a

sus electores incumpliendo sus programas políticos o aquellos que, mas qus

promover la participación de los ciudadanos, la manipulan a través de loa

caprichos de las secretarías de sus partidos. Devalúan la Constitución los que

se amparan en ella para atacar los valores familiares, para mantener la

incultura o el clasismo. La injurian quienes ofenden o desfiguran la gestión del

Rey en su defensa. La tergiversan los parlamentarios que incumplen con su

trabajo, que ofrecen espectáculos lamentables de rencillas de patio de vecinos;

los que juegan a entrar y salir de sus partidoe malversando el poder que

recibieron de sus electores; los que convierten la politica en una torpe lucha

de ambiciones.

Hay muchos modos de atacar la Constitución: desde el golpismo violento a la

mediocridad política, desde la exaltación de la intolerancia hasta el

incumplimiento del trabajo diario.

Valdría la pena reconocer hoy que si no se ha cumplido plenamente el sueño de

nuestro editorial de hace tres años —«que esta Constitución no sirva para crear

de nuevo dos Eapañas enfrentadas»— es en buena parta por errores no de la

Constitución, sino de su incumplimiento. ¡Cuántos que se dican enemigos de la

Constitución lo que realmente están pidiende es que se cumpla! A la Constitución

la han hecho probablemente más. daño sus falsos amigos que sus enemigos.,

Por eso deberíamos todos gritar "Viva la Constitución» airando hacia nuestro

interior, redescubriendo nuestra obligacion de realizarla. Porque al camino de

España está, en esas páginas, Sólo falta que todos —políticos, militares,

representantes de la justicia, periodistas, ciudadanos— hagamos ese camino al

andar.

 

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