Autor: Pérez Fernández, Herminio. 
   El verano del 77     
 
 ABC.    06/12/1981.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El verano del 77

¡Qué lejano aparece ya en el recuerdo aquel largo, cálido y aburridísimo verano

det 77, cuando la nueva Constitución española que ahora nos rige comenzaba a

redactarse en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo...!

Todos tentamos conciencia clara de que estábamos viviendo momentos históricos y

trascendentales, pero, al mismo tiempo, aburridísimos hasta el hastío del

estío...

¿A quién se le ocurre encerrarse a trabajar en pleno «ferragosto», el día 22 del

mes más caluroso del año? Pues justo es reconocer que aquellos llamados «siete

hombre justos» iniciaron su tarea con un entusiasmo y una dedicación

envidiables.., aunque también revestidos -por lo menos al comienzo- de una

coraza de mutismo y de silencio que apenas dejaba traslucir algo de lo mucho que

traían entre manos.

No nos quedaba más remedio que acudir cada tarde al Congreso de los Diputados

armados de una santa paciencia para esperar, durante horas y horas, por los

pasillos de la planta baja, por el Salón de los Pasos Perdidos o sentados en la

cafetería, a la espera de que fueran llegando los señores ponentes y se dignaran

anticiparnos algo sobre lo que pensaban hacer cada tarde: si iban a tardar mucho

o si, por el contrario, pensaban terminar pronto... Algunos días anticipaban el

final de su trabajo con bastante aproximación, pero otros muchos, por el

contrario, o terminaban bastante antes de lo previsto o se pasaban un par de

horas discutiendo «a mayores»...

Los señores ponentes se entregaban con verdadera pasión a la altísima tarea

«constituyente» que les había sido encomendada. Bastaba acercarse a la puerta de

la Ponencia para escuchar con toda claridad la voz tonanta del señor Fraga, la

no menos contundente del señor Peces-Barba, como la bien timbrada del señor

Cisneros Laborda y la aflautada pero estridente del señor Herrero y Rodríguez de

Miñón... En cambio resultaba dificilísimo poder escuchar algo de lo que hablaban

-y hablaron mucho- los señores Roca Junyet Pérez Horca y Solé Tura... Los tres

más atemperados y modosos que apenas llegaron a exaltarse nunca, al menos hasta

el punto de que se les oyera desde fuera.

Lo cierto es que las cosas empezaron con bastante rigor: no se nos permitía

acercarnos a la puerta de la Ponencia mientras no recibiéramos aviso de que

podíamos subir porque nos estaban esperando... Una vez que éramos recibidos se

nos facilitaba un escueto comunicado sobre el trabajo del día, escamoteando,

como es lógico, lo más importante o conflictivo y sin admitir demasiadas

preguntas. Luego, andando el tiempo, todos los miembros de la Ponencia se

mostraron mucho más flexibles y abiertos.

La cordialidad primitiva se rompió poco después de terminado el texto bel

anteproyecto de la Constitución, publicado el 5 de enero de 1978. Tras el

período de presentación de enmiendas -4.000 se presentaron en total, formuladas

a través de 1.300 escritos-, los siete «hombres justos» se recluyeron en el

parador nacional de Credos para analizar y clasificar tantas y tantas

enmiendas... Fue entonces cuando, el 7 de enero de 1978, estallaba el segundo

zambombazo en Eorno a la reciente Constitución, al anunciar al señor Peces-Barba

que los socialistas habían decidido abandonar la Ponencia a la vista de que UCD

había formulado enmiendas que trataban de modificar los artículos que habían

sido aceptados en virtud del famoso «consenso»..., concretamente los

relacionados con la enseñanza, la religión y el cierre patronal.

-Herminio PÉREZ FERNANDEZ.

 

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