Autor: Carandell, Luis. 
   La fiesta que no fue     
 
 Diario 16.    22/07/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

La fiesta que no fue

Luis Carandell

De no haber sirio por los hechos del día, condenados por todos, la aprobación

del texto constitucional habría podido terminar en fiesta. Los diputados se

felicitaban unos a otros y, en el bar, algún discreto brindis celebró el

acontecimiento.

El hemiciclo se puso solemne cuando el señor Alvarez de Miranda anunció que se

iba a votar la totalidad del texto del proyecto. AI presidente del Congreso no

debió parecerle suficientemente ceremonioso el sistema electrónico y anunció que

se votaría por el procedimiento ordinario de levantarse los diputados para

expresar su voto.

Si la aprobación del proyecto hubiese podido ser una fiesta, entonces el

aguafiestas del día habría sido Alianza Popular. Con su abstención, aunque era

esperada por algunos, AP echó un Jarro de agua fría sobre la Cámara. No faltaba

quien afirmaba que Fraga se había hecho políticamente el harakiri. Y si esto era

cierto, Silva, con su «no» a la Constitución, se arrojó desde una torre de

veinte pisos.

El señor Fraga, que había venido dando a su actuación ante la Cámara un aire

distendido y hasta humorístico, volvió a desenterrar ayer las hachas de guerra.

Maltrató a Letamendia después que éste hubiese defendido una enmienda que quiso

que fuera para la concordia.

Cuando Fraga terminó de hablar, el diputado abertzale consumió su turno de

alusiones para decir que «la tergiversación, el abuso del débil y el insulto son

procedimientos Fascistas».

El señor Arana, de Esquerra Republicana de Catalunya, fue protagonista de un

sabroso episodio. Subió a la tribuna para explicar su voto a una disposición

transitoria y lo que hizo fue explicar por qué los dos republicanos de la

Cámara, el señor Barrera y él mismo, iban a abstenerse en la votación a la

totalidad. El presidente le dijo que no era el momento de hacerlo, pues aún no

se votaba la totalidad del proyecto. Pero el señor Arana ganó la simpatía de la

Cámara cuando dijo: «Señor presidente. Estoy haciendo trampas. Pero como no

puedo usar el turno del grupo mixto, utilizo éste para explicar mi futuro voto a

la totalidad.» Hizo un encendido elogio al Rey y terminó diciendo que «nosotros

seguiremos la senda constitucional, los primeros de verdad, y no como aquel

señor que lo dijo y luego no lo hizo».

Hubo mucho más ni este Pleno. Discursos importantes, unanimidad en la condena

del atentado, alegría por la Constitución. Pero no debe dejar de mencionarse el

momento en que, antes de votar la disposición derogatoria, el secretarlo de la

Cámara leyó las leyes del franquismo que la Constitución derogaba. Y a medida

que mencionaba cada una de tas leyes, se oían, apagados, en la Cámara, como en

los campos de fútbol, cuando dicen en los altavoces la alineación del equipo,

murmullos de «Bien», «Bien», «Bien».

 

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