Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Jesús Fueyo Álvarez     
 
    Páginas: 3. Párrafos: 31. 

DIALOGOS CONSTITUYENTES

Por Jaime CAMPMANY

Jesús Fueyo Alvarez

«La Constitución es un tema demasiado serio para dejarlo en manos de los

constitucionalistas» - «No existe precedente histórico de abrir un proceso

constituyente a través de un cambio» - «Esta Constitución no es ni buena, ni

mala, ni regular; está condenada a ser efímera y fatalmente necesaria» - «Lo

normal es que sean las revoluciones las que hagan las Constituciones, y no al

revés»

Un día de hace años le escuché un debate en las Cortes -en las Cortes orgánicas,

claro- y dije que parecía un campeón de pesos pesados de) pugilismo

parlamentario. Era como un boxeador incansable que te aporreara implacablemente

con frases tan intrincadas como luminosas. Apoya el juego de piernas y los

ganchos dialécticos en citas de Hegel, o de Marx, o de quien quieras. Nunca he

podido saber si piensa, luego existe, o existe, luego piensa. Casi todo lo que

fue, lo que no fue y lo que pudo ser la etapa franquista, pasa por su cabeza.

Las lenguas maliciosas de aquel periodo decían que se quedó con muchas ganas de

ser ministro. Pero yo creo que no. Si hubiera querido ser ministro no habría

dicho tantas verdades impertinentes al lucero del alba. Y así sigue. Tiene la

misma costumbre que don Manuel Azaña: toma notas todos los días en unos pequeños

cuadernos de tapas de hule. Me parece que los cuadernos se los traen de Francia,

como si fueran buenas cosechas de Dom Periqnon o «foie» de Las Láridas. Ahí, en

las páginas de esos cuadernos, deben de reposar, apretados, muchos graves,

ignorados o regocijantes sucesos de la última Historia de España.

Vive acosado de libros. Los libros invaden las habitaciones, trepan por las

paredes, se abrazan por encima de las puertas, se encaraman hasta los techos,

muestran en ei lomo sus títulos en españo!, en inglés, en francés, en alemán, en

italiano. Me empieza a hablar con un poco de desgana, como si le produjera un

cierto aburrimiento sabérselo todo ya, de antemano. Luego, se anima, se embala y

se ilumina. Lo que sucede es que quererle apresar la palabra es como querer

coger la luz con la mano. Esto son sólo chispazos.

-En primer lugar, profesor, quisiera que me dieras una impresión general del

texto constitucional y del momento de España en que este texto constitucional se

elabora.

-Pues esa es una de las dificultadas esenciales del texto constitucional, del

proceso constituyente, porque me parece que he escrito en algún sitio que lo

normal es que sean las revoluciones las que hagan las Constituciones, y fno las

Constituciones las que hagan las revoluciones. Y, claro, el intento de hacer la

Constitución llega en una fase histórica tan complicada como la que vive el

mundo de hoy, en un verdadero proceso de mutación a escala planetaria, en un

momento de crisis económica de una profundidad que esté desbordando los propios

análisis de los economistas (como diría alguien: es algo demasiado serio para

dejar su análisis en manos de los economistas), en un momento en que el sistema

de fuerzas y de tensiones sociales está quizá cambiando desde su horizontalidad

a una nueva verticalidad: el conflicto entre generaciones, la tercera edad, la

generación madura y las generaciones jóvenes o adolescentes. En este momento

creo que reducir el problema constituyente a un problema de técnica de

profesores de Derecho Constitucional es también una excesiva benevolencia hacia

la sabiduría de los constitucionalistas; o, para decir lo mismo que antes, quizá

la Constitución sea un tema demasiado serio para dejarlo en manos de los

constitucionaiistas.

-Y entrando en algún punto concreto, ¿cuál es el detecto mis grave que tú le

encuentras a la Constitución?

-Jaime, cómo te diría yo... Pues su condición, su parte, su partenogénesis...

Como quieras llamarlo... Es decir, es la placenta misma del proceso

constituyente lo que a mi me na puesto en guardia. Porque, en rigor, los

españoles fuimos convocados a las urnas después de una larga fase de

mentalizacíón; después de un proceso político, económico y social como no lo

tiene ningún pueblo del mundo en cuarenta años, en un pueblo de reflejos tan

rápidos y de movimientos tan pendulares como el nuestro. Todo eso, en

definitiva, está entregado ya al juicio de los historiadores; lo que pasa es que

algunos hacen de la Historia un noticiario. Pero fuimos convocados a una ley de

Reforma de las Leyes Fundamentales, que no es lo mismo que unas Cortes

Constituyentes. No es lo mismo facultar a unas Cortes, incluso de nueva

composición, para reformar Leyes Fundamentales que para levantar un Estado de

nueva planta.

Creo que los españoles, con esa verticalidad generacional a que me acabo de

referir; los españóles producto de ese cambio socio-económico no ya de esos

cuarenta años, sino de los últimos quince o veinte años, en que cada uno había

alcanzado ciertas posibilidades de interés y muchas oportunidades de reflexión

que no había tenido antes, pues si tenían vocación de cambio. Pero si hoy se le

hubiera planteado, clara e inequívocamente, al país una cuestión opcional, el

cambio absoluto a una democracia constituyente, no sé lo que hubiera pasado ni

si habría habido un Gobierno con condiciones de fuerza suficiente para plantear

esa opción. Si hubiera habido un Gobierno con condiciones de fuerza suficiente

para plantear esa pregunta, apenas habría necesitado más que un coro nacional;

porque entonces es que se habría producido una revolución, y la Constitución

vendría como la secuela natural del proceso revolucionario. Este defecto, casi

genético. este fallo de método, quizá importe por las circunstancias más que por

la concepción, pero entraña otros muchos, y eso lo puede decir porque no tengo

ningunas razones para haber coincidido, ni generacional mente, ni

existencialmente, ni ideológicamente, en nada con el eminente colega don José

María Gil-Robles; mas lo cierto es que yo he hecho también esa afirmación suya,

porque es que,

de verdad, no existe precedente histórico de abrir un proceso constituyente a

través de un cambio.

Por ejemplo, el problema del bicameralismo une su filosofía política especifica;

pero abrir un proceso preconstituyente con dos Cámaras colegislativas supone

embarcar la elaboración técnica y parlamentaria de la Constitución en un proceso

de tal longitud. y expuesto a tales baches y a tales circunstancias, que no hay

realmente quien pueda saber cómo y cuándo va a terminar esto.

Los que hoy se quejan de ta morosidad y de la lentitud del proceso constituyente

tienen razón, pero una razón que debían de haber expuesto desde el momento en

que se planteó un método para hacer la Constitución; procoso quo no fue

suficientemente matizado. (O quizá sí, porque pudo venir to bastante velado como

para obtener unos resultados determinados; eso no lo sé.) Entonces la

Constitución resultante de toda esa mala placenta, a fuerza de traer detrás da

sí mucho más un aluvión democrático de cambio que una filosofía concreta y

precisa de ordenación del Estado, de la sociedad y del sistema de las formas de

vida dentro de esa sociedad, resulta que trata de dar una acogida consensúal

(que es a eso a lo que se llama consenso) a todo: a! pasado, al presente y al

futuro. Y esto me parece un tanto utópico. Por eso es por lo que yo veo que esta

Constitución no es que sea ni buena, ni mala ni regular; es que está condenada a

ser efímera y fatalmente necesaria.

-Acabas de decir que la Constitución es ambigua. ¿Cuáles son las ambigüedades

que tú encuentras más peligrosas en la Constitución? ¿Dónde y en qué es ambigua

la Constitución?

-Pues mira, una está en el tema de las autonomías. Este es, para mí, un tema de

previo pronunciamiento. Hay que saber cuál es la imagen de Estado o de nación

que se quiere tener, y entonces, a la vista de esto, se hace una Constitución u

otra. Si los hechos diferenciales históricos de las regiones, nacionalidades,

etc., se consideran tan acusados, yo habría preferido, en el sentido de preferir

un mal menor, una respuesta jurídicamente coherente de tipo federal a una

indefinición absoluta y a esta posibilidad de que cada uno tenga la autonomía

que se merece. Pero como yo he escrito de este tema no quisiera insistir sobre

eso; sólo subrayar, eso si, que es no un tema intrínseco de la propia

Constitución, sino de previo y especial pronunciamiento a la Constitución. Hay

que decir antes de nada: España no está constituida; España se constituye;

España está constituida. Y esto, por su carga emocional, por su carga histórica

y por su carga sociocultural, es completamente diferente de la descentralización

administrativa. Por eso podríamos citar aquí al presidente de la Generalidad

preconstituyente y preautonómica cuando dijo, y con toda razón, que no son lo

mismo las circunstancias históricas de Cataluña que las de otras regiones. Pero

ése, insisto, es un tema aparte.

Hay que distinguir entre los temas de 4a mecánica constitucional, que son

fundamentalmente tres, al nivel del constitucionalismo español. El primer tema

es el del sistema de libertades de fa sociedad; el segundo, el tema de ía

ordenación y equilibrio de poderes, y el tercero, el modelo de convivencia

social y económica. De modo que yo despejo el tema de las autonomías; lo otro yo

creo que está todo muy verde.

Vamos a una primera cuestión: ¿por qué a la Monarquía le llaman «Monarquía

parlamentaria»? La Monarquía puede ser: o 4o que es etimológicamente, en cuyo

caso no le hace ninguna falta la Constitución, o una Monarquía -constitucional».

Lo que yo no en-tiendo, o mejor dicho, si lo entiendo, porque es de una

transparencia casi de destape, como se dice ahora, es lo de «Monarquía

parlamentaria», porque eso significa que el Parlamento es la instancia absoluta

del orden político constitucional. La Monarquía puede ser constitucional, y en

este sentido la Corona no es nada más que órgano, si se quiere, central,

arbitral, moderador, de la Constitución. Pero la Constitución no es un proceso

regalado o donado por la Monarquía; la Constitución no es una Carta otorgada.

Ahora bien, el Parlamento es sólo un órgano, llámese si se quiere importante,

capital, representativo; un órgano de proceso y de equilibrio de poderes. En

este sentido Mamar «parlamentaria» a la Monarquía me parece pues no sé si un

disparate, pero me parece algo tan desaforado como llamarla judicial o llamarla

administrativa. Y eso, creo yo, es concederle a la conformación neodemocrática

de España una matizaclón no exenta de riesgos y de preocupaciones, al menos para

mi.

Porque esto, Jaime, me lleva de segunda mano al tema del Parlamento hoy; no det

Parlamento ní de la democracia, sino del parlamentarismo. Todos los estudiosos

de esta materia sabemos que, a lo largo de muchos años, concretamente después

del desenlace de la i Guerra Mundial, sobre todo en las décadas tremendas de los

20 y de Jos 30, todos los textos de Historia de las ideas Políticas, de Ciencia

Política, están plagados (salvo excepciones brillantísimas, como la de Kelsen)

de una crítica feroz acerca de la incompetencia e impotencia del Parlamento para

conducir las realidades que devinieron como consecuencia de varios sucesos: la

debilitación de Europa, ya en 1918; la primera manifestación de una crisis en la

economía norteamericana que equivalía a una crisis eco-nómica mundial; la

génesis de los fascismos (que en Italia empezó antes por el proceso típicamente

italiano); la terrible época dictatorial; la solución a la espada o a la -

autoritas- que se abre en los años treinta, y de la cual nosotros terminaremos

por ser el ex-ponente histórico más espectacular. Todo esto está tratado en el

análisis, no de los propagandistas fascistas.., Yo podría citarte, si no temiera

incurrir en pedantería, textos y textos, a cual más brillante, sobre esta

critica.

Pues bien, nosotros en 1978, después de esos cuarenta años, nos planteamos el

tema del cambio democrático, de la reconversión democrática, de la mal llamada -

como dice con mucha razón Torrente Ballester- remodelación y que, quizá con más

razón, llamo yo la fundación de nueva planta de una democracia. Recuerdo (y

aprovecho la circunstancia para contarla, porque es una anécdota mínima, pero no

deja de ser histórica) que, cuando la famosa Comisión mixta del Gobierno Arias

yo planteé, como cuestión previa del cambio democrático, si se elegía una vía

ipresidencialista o una vía parlamentaria. Bueno, tuve tan poco éxito que nadie

recogió siquiera la pregunta. Pero es una cosa que me ha seguido preocupando

siempre, porque quizá hubiéramos podido habilitar, bajo la cobertura monárquica,

una solución presidencialista que luego hubiese ido graduando el cambio, ya que

tampoco vamos a incurrir en Ja ingenuidad de creer que de la tacada de la

próxima Constitución resolvamos un siglo. Aqui todo pensador o político que

discurre secularmente ya está condenado, pero para la eternidad. Todos vivimos

en un ritmo histórico trepidante y ni siquiera nuestra anatomía ni nuestro

espíritu objetivo, que diría Hegel, están preparados para elfo. Aquí hay que

discurrir como los americanos y los rusos, que son los hombres de la nueva

década, contando la Historia no por el argumento de los siglos, sino por los

argumentos de las décadas. No existe ningún historiador norteamericano que se

atreva a escribir una Historia de los Estados Unidos. Los historiadores,

especialmente los americanos, escriben por décadas. En cuanto a los rusos te

podría decir lo mismo; pero, en fin, ya me estoy perdiendo...

Regreso al punto esencial: este era un problema también de previa filosofía, y

no de este proceso aluvional democrático y de confusión entre democracia y (iba

a decir «y absolutismo parlamentario) hegemonía parlamentaria. Han bastado, en

!a fase preconstitucional, los primeros chirridos de la máquina parlamentaria

para que la gente ya empiece a notar el cansancio de! Parlamento, la distancia

entre los representantes y los representados. ¡Pues estos son argumentos de la

época de Hermano Heller! Esto está en Hermann Heller como está en todos tos

críticos det parlamentarismo de entonces. Pero, ¿cómo es posible que el hombre

de la calle se saque de su cabeza un Plan Energético, y que el nombre del

Parlaimento no tenga en su cabeza un Plan Energético? Lo que pasa es que el

hombre de la calla se encuentra con que te suben la gasolina, y el hombre del

Parlamento no sabe cómo conseguir que el hombre de la calle le vote a base de

subirle la gasolina...

Creo que esta cuestión de la crisis del parlamentarismo, sobre todo bajo el arco

monárquico, es una cuestión muy diflci! de ventilar porque constituye el enfoque

general del proceso constituyente español.

-Habías hablado del modelo económico y social de la Constitución...

-Si, con eso quisiera terminar. Pero voy a referirme al tema del bicameralismo,

que (antes te lo he dicho) como método de producción de una Constitución es

algo, que yo sepa, sin precedentes. Me echo realmente a temblar (y se lo he

dicho a algunos senadores que todavía se honran con mi amistad) por lo que puede

pasar aquí si no tenemos una Constitución. Estamos en la apremiante necesidad de

tener una Constitución. Si alguien ha interpretado mi actitud, por esto de las

autonomías, en el sentido de que no haya Constitución, yo te digo que si no hay

Constitución es como si no tenemos firmamento. El que quiera votar que se caigan

los astros sobre nosotros, que lo vote; yo no puedo votar.

Yo digo que una mala Constitución, en estos momentos, es mejor para España que

ninguna Constitución. Pero si he criticado el bicameralismo como método de

elaboración de la Constitución, tengo que decirte, Jaime Campmany, que el

problema del bicameralismo como estructuración, como articulación del proceso de

elaboración de las leyes, como representación política del país, es un problema

en el que hay que atinar mucho por una razón fundamental: porque en rigor el

tema de doble Cámara responde a una concepción clasista, «elitista», que es de

donde viene lo de «Alta Cámara», o responde a una re presentación de intereses

nacionales, regionates, etc., y es una estructura fundamental en un sistema

federal, o responde a eso tan, ¿cómo te diría yo?, deteriorado, llamado

orgánico.

Lo que no se puede hacer es reduplicar la representación democrática, porque

entonces se oblíga a la clase política a que, por dos veces, se exhiba ante el

país, extraiga su legitimidad de esa exhibición, y, luego, por las cosas de lo

que es la vida política en sí y por sí, establezca sus propias contradicciones,

que no pueden resolverse más que por otra nueva comparecencia; con lo cual el

parlamentarismo es reduplicatívo y todas sus deficiencias pueden ser

multiplicadas dos veces y dar lugar a una ingobernabilidad democrática y

representativa del país. ¿Qué le van a hacer ahora al Senado: la misma operación

que se le hizo a las últimas Cortes de Franco? Pues me parece un mal comienzo.

Yo no sé si lo nuestro sería un brillante final, pero esto es una mala génesis.

En una sociedad no estabilizada, como la nuestra, yo soy partidario de una sola

Cámara. El bicameralismo aquí o responde a un intento de dar salida al problema

autonomista o no responde absolutamente a nada.

-¿Cómo ves el documento ideológico P, S. O. E. - P. S. P, en relación con la

Constitución?

-Yo estoy impresionado con ese documento ideológico. Porque creo que es el

documento con más plasticidad ideológica que se ha producido en España desde

hace más de medio siglo. No me importa decirte que los ideólogos de las décadas

pasadas no tuvimos (y empleo el plural sin eufonía, sin pedantería y sin

protagonismo) la capacidad de plasticidad ideológica que hay en este documento.

Pero dejando al fondo ia literatura ideológica, lo cierto es que este documento

introduce una filosofía leninista en el planteamiento socialista y democrático.

Es decir, coloca al Partido Comunista Español en la derecha monárquica y sitúa

al nuevo socialísmo unido en la posición de propiciar un modelo de sociedad que

está a la altura de la enfermedad infantil de! Socialismo a la que se refiere

Lenin en una obra famosa. Las posibilidades de cohonestar una sociedad sin

clases con una sociedad libre me parecen puro angelismo de teología política

terrenal. En una sociedad sin clases siempre hay una clase, que es la clase

poíftica. Y entonces yo me pregunto: ¿qué es lo que significa este documento de

cara a lo que estábamos hablando, de cara a la elaboración constitucional, que

es el tema de esta entrevista? (Porque no quiero entrar en críticas políticas de

mes o menos alcance, entre otras cosas porque yo me he retirado o me han

retirado al Aventino del pensamiento, que tampoco es tan incómodo. ¡Peor es el

campo de concentración!) Pues esto significa el fin de las posibilidades de una

socialdemocracia; el fin de una alternat:va poder social-democrático en España,

el planteamiento descarado (descarado en el sentido noble, esto es, sin

máscaras, sin ataduras) de decir: nosotros vamos a una edad sin clases, a una

sociedad con nacionalización, con estatificación de los medios de producción, y

a mi esto me parece una convocatoria a una reacción de la derecha natural. Creo

que esto es lo que la «gran derecha» estaba propiciarlo y esperando para poder

unirse; ahora no tiene más que copiar y traducir todo lo contrario de lo que

dice el documento ideológico.

¿Por qué se ha hecho esto? Yo creo que los dos grandes vencidos de esta

operación son el presidente Suárez y el líder Felipe González; porque, claro, la

energía antimarxista del presidente Suárez va a ser puesta en tela de juicio

pasado mañana, y la capacidad de dirigir ese proceso revolucionario marxista-

democrático por parte del líder Felipe González lo va a poner en duda, ¿quién

te di re yo?, pues hasta Bárbara Rey...; bueno, es un modo de hablar, ¿Esto es

e) regreso a) largo-caballerismo? Pues no se lo doy a Felipe González, tal como

yo lo veo de tejos. Con esto hemos llegado a una situación verdaderamente

preocupante, hasta el extremo de que yo no sé sí el proceso constituyente o

constitucional puede abortar. Puede abortar no por el golpismo; puede abortar

porque no consigamos un esquema minimo de ideas claras y sencillas, de ideas

generales. En esto estoy conforme con Marías, al que yo no conozco más que de

estudiadas. El planteamiento de Marías corresponde a una filosofía como la suya;

una filosofía de la razón vital exige tener unas cuantas ideas generales, claras

y sencillas, y esta Constitución puede que tenga demasiadas soluciones,

artículos. tesis, posiciones, lo que sea, pero un esquema anatómico normal de

ideas claras y sencillas no lo tiene.

Es posible que los españoles no le demos la menor importancia a la Constitución,

que también puede ocurrir, y esto sí que hace definitivamente abortiva la

Constitución: que la Constitución, siendo la superlegalidad, no tenga la menor

importancia porque a los españoles les dé lo mismo que haya esa Constitución o

que haya otra. Pero si hacemos una Constitución en serio,

me cuesta mucho trabajo creer que los españoles nos pidamos poner de acuerdo en

un texto con una virginalidad y, al mismo tiempo, con una astucia tan complicada

que quepan ahí, juntos, en un modelo de sociedad capitalista, un modelo de

sociedad neocapitalista, un modelo socialista, un modelo comunista, y todas las

llamadas alternativas de poder, que no son más que alternativas de un vuelco de

la sociedad. Yo te confieso que eso es una cosa que no entiendo y que puede

llegar un punto en que no funcione nada y el vuelco se produzca a diestra o a

siniestra, y las dos cosas me parecerían catastróficas.

Esto nos conduce al principio de nuestra conversación, porque aquí se ha

producido una revolución invisible, tapada, insonora, siendo así que para

producir un Estado de nueva planta, una Constitución de nueva planta, se tenía

que arrancar por el principio revolucionario que es lo que hace la Constitución

transparente y ciara, Por ejemplo, ¿tiene algún problema Breznef para haber

hecho la nueva Constitución, que la tengo ahí? ¿Lo van a tener los sucesores de

Mao para hacer la nueva Constitución, que ia van a hacer? Pues esos son los dos

hechos constituyentes sociológica e ideológicamente más importantes del siglo.

¿Y por qué Breznef puede poner en su Constitución que la defensa de la Patria

soviética, por parte de todos los ciudadanos en el servico de las Fuerzas

Armadas y en la guerra, es un deber patriótico, y aquí no nos atrevemos poner

nada de eso? Bueno porque él tiene una revolución hecha y los demás estamos

empezando. Todo esto hace que la senda constitucional sea algo así como un

camino quebradizo por los mares del Báltico en pleno invierno.

-Y respecto a la forma de Gobierno.

-En realidad el problema estaba despejado por la posición de que primero es la

democracia y luego es la forma de Gobierno. Esa es la posición de la izquierda.

En segundo lugar, porque el Partido Socialista. bajo al liderazgo de Felipe

González, habla establecido la idea de que, en definitiva, su voto republicano

era un voto de puro testimonio. Pero ahora las cosas se hacen más quebradizas.

Porque en una sociedad sir clases, ¿cuál es la clase del Monarca? No quiero

seguir añadiendo: ¿cuál es la clase de la nobleza, y cuál es la clase cortesana

etcétera? Yo veo sumamente difícil cohonestar la esencia del principio

monárquico cor una filosofía de la sociedad sin clases. Este me recuerda, para

terminar, una frase verdaderamente feliz de un colega mío, malogrado, que apenas

escribió nada porque era, como tantos de nosotros, un poco lento para escribir y

acelerado para pensa que me decía hace un par de años en Santander... (era

Nicolás Ramiro Rico, si lo citas me darás una gran alegría)... me decía «Jesús,

¡es que España es un pais tan trascendental y tan poco serio!» Pues este

problema a mí me parece tan trascendental y tan poco serio... Hace años ser

monárquico o ser republicano definía a ur hombre desde el alma al cuerpo, en sus

estilos de vida, en sus afiniciones, en todos los matices; ahora hay un

confusionismo en que se puede plantear la eventual esperanza utópica, idealista

y arcádica de que una sociedad sin clases, marxista, revolucionaria y

democrática, además ¡sea monárquica! Esto ya es un atentado contra todo lo que

yo tengo aquí y lo que tengo ahí... (y Jesús Fueyo se señala la frente y señala

después las estanterías repletas de libros)... y añade:

-Eso es una sublevación de los libros, que también puede producirse un día la

rebelión de los libros.

«Llamar "parlamentaria" a la Monarquía me parece algo tan desaforado como

llamarla admi-nistrativa o judicial»

«Los textos de ciencia política están plagados de una crítica feroz acerca de la

incompetencia e impotencia del parlamentarismo»

Jaime

 

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