Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Por primera vez     
 
 ABC.    05/12/1978.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Por primera vez

Por Ricardo de lo CIERVA

NO es ésta la primera vez que lo» españoles estrenamos Constitución. Pero en

todas las demás circunstancias esenciales de la Constitución ésta sí que es la

primera vez. ¿Seremos capaces de repasar brevemente la Historia con sentido

histórico, y no para llevarla, como siempre, a nuestro molino partidista? Si

hacemos este repaso con ojos claros, pensando sólo en España, veremos que la

historia de España está, inequívocamente, a favor del si a la Constitución de

1978. Ante la que cabe el no. porque la Constitución nace —por primera vez— de

un proceso plenamente democrático; si bien convendría que quienes se decidan por

el no se refieran a lo que de verdad dice u omite esta Constitución, y no a las

patrañas con que los voluntariamente marginados la han querido envolver e

incomunicar. Recuerden la experiencia de 1936, cuando media España estaba segura

de que luchaba contra el comunismo —y el noventa por ciento de la zona

republicana no era comunista— y media España estaba segura de luchar contra el

fascismo, cuando «I noventa por ciento de los hombres y mujeres de ia zona

nacional no fueron ni se sintieron jamás fascistas. Aquello no fue el combate

del fascismo con el comunismo, como pensaba y sigue pensando Europa, sino del

anticomunismo con el antifascismo. Trágico combate de sombras y fantasmas, con

la España rea! violada, según frase terrible de Orwell, entre el proyectil y la

mentira.

Por primera vez vamos a utilizar ahora los materiales de la Historia como

materiales de construcción común, no como armas arrojadizas. Porque en este

proyecto constitucional número quince hemos logrado, por primera vez, tres

circunstancias salvadoras que nunca se dieron en los anteriores.

En primer término ésta es le primera Constitución forma! que se elabora en unas

Cortes indiscutiblemente democráticas y se propone después al pueblo para su

ratificación. Ninguna de las Constituciones entre el proyecto usurpador de 1809

y la republicana de 193t fue después sometida al refrendo popular. ¿No advierten

ustedes los ecos de protesta que los demócratas portugueses elevan hoy a su

Gobierno cuando advierten que su Constitución del clavel tampoco ha sido

directamente aprobada por el pueblo? La Constitución española de 1978, elaborada

por los representantes del pueblo en una y otra Cámara, retorna ahora al propio

pueblo cuya soberanía fue reconocida —y ratificada por ni pueblo— en la ley de

Reforma Política, originalísimo vector de reforma profunda que ahora se retira

tras haber agotado su misión y su función histórica. La Associated Press

preguntaba con cierta sorpresa —ayer— al historiador si de verdad ésta iba a ser

la primera Constitución refrendada. Lo es.

En segundo lugar, ésta es la primera Constitución elaborada por ef conjunto de

las fuerzas políticas representativas, previamente seleccionadas por el pueblo

en unas elecciones generales. Las experiencias constitucionales anteriores se

montaron desde el otorgamiento real o desde fa articulación partidista. En

algunos momentos de especial lucidez —como 1837 por la izquierda y 1876 por la

derecha— apuntó fa concesión, pero nunca el consenso. Por primera vez todas las

fuerzas políticas organizan su terreno de juego y enfrenamiento. Por primera vez

la inmensa mayoría de los españoles excluyen sólo a la idea de exclusión. Por

primera vez se marginan sólo quienes desean marginarse.

La tercera razón es todavía más profunda. Resumamos telegráficamente la película

constitucional de la España contemporánea. Cada uno de los catorce proyectos

constitucionales anteriores nacía de una convulsión, traducía una victoria

partidista que trataba de plasmar en un texto impuesto a la otra medía España.

La Constitución de 1809 fue un dictado napoleónico a través de la minoría

afrancesada; España respondió con la guerra de la Independencia y ka

convocatoria de Cortes que abre nuestra historia constitucional contemporánea.

Pero la Constitución de 1812, por tantos conceptos admirable, acabó por ser la

Constitución de los liberales contra los serviles. Reaccionaron los serviles en

la anticonstitución que forman los decretos de 4 de mayo de 1814, restauradores

del antiguo régimen. Renace en 1820 la Constitución de Cádiz; renace en 1823 la

anticonstitución absolutista. El estatuto real de 1834 es una carta otorgada

para organizar las Cortes Cristinas; es decir, anticarlistas; fa Constitución de

1837 es obra de los progresistas contra los que dejaban de ser moderados por

talante para convertirse en moderados como partido. Media España contra otra

media, bandazo tras bandazo. 1645 es la Constitución de los moderados, la

derecha dura de la época que trata de afianzarse con el proyecto totalitario de

Bravo Murillo en 1852. Lógicamente, trágicamente, los progresistas vuelven a la

carga excluyente en su Constitución de 1856, modificada por el acta adicional de

1857. Sin un adarme de imaginación creadora fuera del puro bandazo, los

moderados imponen en 1867 la anacrónica Constitución del 45. Con ello se vacia

la Monarquía Isabelina .y surge la Constitución revolucionaria de 1869 en pos de

una Monarquía democrática; porque de estos quince proyectos sólo dos —

explosivos, disgregadores, frustrados— han intentado el marco republicano para

encauzar, inútilmente, la gestación de las Españas hacia su entrada en e! mundo

moderno. Uno de ellos fue la nonnata Constitución federal, y delirante, de 1873,

aventada por los cascos del caballo de Pavía. Se ensayaría entonces, en 1874,

ante el fracaso de todos los sistemas, la falta misma del sistema; por eso la

República ducal del general Serrano no intentó en serio darse una Constitución.

Sí lo intentó, con Antonio Cánovas, la primera Restauración en 1876, la más

duradera de nuestras Constituciones; que nació con menos aristas excluyentes,

pero no pudo desterrar en su aplicación práctica el truco que llevaba dentro de

su método, que no de su espíritu. Hasta que el general Primo de Rivera, tras

suspender a esa Constitución, quiso sustituirla por las Leyes Fundamentales de

1929, no promulgadas entonces, pero bien aprovechadas por et régimen del general

Franco, El bandazo siguiente tocaba a la izquierda, y la izquierda excluyente

urdió contra media España la Constitución de 1931, donde sí que estaba Dios

fuera de verdad. Para que, con dos pronunciamientos encontrados y una guerra

civil por medio, el bandazo posterior tratara de imponer lo que se llamó con

cierto sentido vergonzante una Constitución abierta, la vertebrada en 1967 por

la Ley Orgánica del Estado, esa gran decepción nacional que se brindó como

apertura y originó, ante el engaño consciente, la agonía del franquismo.

El 6 de diciembre de 1978, por primera vez, el pueblo español tiene ante si una

Constitución en que los republicanos se amparan en la Monarquía, los socialistas

consiguen, en la segunda Restauración, el puesto al sol que tes negó la primera;

la derecha parece decidida por primera vez a dejar de actuar como extrema

derecha y la extrema Izquierda asume su virtualidad terrorista sin tapujos

populares. Por primera vez una formación de centro ha conseguido ocupar e! eje

de la dialéctica política en España, con lo que la derecha y la izquierda se

sitúan en sus lugares propios y la confrontación puede verterse en un impulso

constructivo, no perderse en el corto circuito histórico de la guerra civil. Por

primera vez los progresistas incorporan a los moderados, y los moderados no

destierran ni fusilan a los progresistas. Por primera vez centralistas y

federales pactan su convivencia en un Estado de autonomías imposible con la

Repúbica. viable en el marco de la Corona. Por primera vez los carlistas votan

una Constitución alfonsina; y los Reyes alfonsinos llevan en su emblema la cruz

de Borgoña. Ya no será posible una resurrección espectral del antiguo régimen,

como en 1814; como en 1864; como en la praxis de 1967. Alguien ha intentado

resucitar inútilmente a! cadáver constitucional de 1931; o a la metodología

anacrónica det pronunciamiento sincronizado con la declaración de cruzada

política, como lograron los apostólicos desde el Manifiesto de los Persas hasta

el gironazo. Todo eso ya es Historia. El 7 de diciembre de 1978 no empiezan,

desde luego, las soluciones; la Constitución de 1978 no es, como ia de 1931, una

panacea. Pero tampoco va a conducirnos, como aquélla, a la guerra civil. Hemos

enjaulado, entre ios últimos coletazos de nuestra historia asesina, a la guerra

civil para siempre. Hemos cortado las flores del odio, las raíces del miedo.

Ahora las vamos a ahogar, a sabiendas de que podrán retoñar en cualquier rincón

perdido de nuestra ´ muerte inconforme, protagonista de nuestra historia moderna

entre persecuciones y cruzadas. Pero ya es una muerte ilegal,

anticonstitucional, anacrónica. Por primera vez.

 

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