Después de aprobada la Constitución. 
 Todos seremos protagonistas de nuestra historia  :   
 El presidente del Gobierno y de la UCD cerró la campaña constitucional con un mensaje televisado. 
 ABC.    05/12/1978.  Página: 1, 95-96. Páginas: 3. Párrafos: 71. 

DESPUÉS DE APROBADA LA CONSTITUCIÓN

"TODOS SEREMOS PROTAGONISTAS DE NUESTRA HISTORIA"

El presidente del Gobierno y de la U.C.D. cerró la campaña constitucional con un

mensaje televisado

EL presidente deí Gobierno, Adolfo Suárez, se dirigió ayer a la nación en

vísperas del referéndum constitucional como jefe del Gabinete y presidente

del partido gubernamental. Unión de Centro Democrático. Tras la

intervención televisiva del presidente, la campaña electoral ha quedado

cerrada. Hoy, «jornada de reflexión», los partidos políticos, asociaciones,

grupos y personalidades deberán suspender todo acto público relacionado con

el referéndum constitucional. Según los últimos sondeos oficiales, un 75 por

100 de los españoles participará en la consulta, mientras que la abstención se

sitúa en unos porcentajes muy similares a los registrados en las pasadas

elecciones generales y en el anterior referéndum sobre la ley de Reforma

Política.

El texto del mensaje del presidente es el siguiente:

«En una nueva ocasión, en vísperas del referéndum constitucional, acudo ante

ustedes como presidente del Gobierno de la nación para pedirles que voten

afirmativamente la Constitución.

El 6 de julio de 1976, al día siguiente de prestar juramento como presidente del

Gobierno, les dije, de conformidad con el primer Mensaje de la Corona, que todo

mi esfuerzo tendría un solo fin: devolver la soberanía al pueblo español; que

cada minuto de mi trabajo estaría dedicado a sentar las bases de la concordia y

la paz duradera en nuestra Patria. Desde aquel día han transcurrido casi dos

años y medio. Me concederán ustedes que no han sido tiempos fáciles, pero hemos

recorrido el camino, con la permanente decisión de evitar que los españoles

volviéramos a enfrentarnos radicalmente unos a otros y con la mirada puesta en

el logro de una España en la que hubiera un sitio para todos y cada uno de los

españoles, independientemente de su edad, sexo, posición y convicciones

políticas y religiosas.

Prometí que llevaríamos a cabo la transición mediante una reforma política

gradual y pacifica, auténtica y profunda. Creí y sigo creyendo que de esa forma

interpretaba el sentir mayoritario de todos ustedes.

Y así lo aceptaron ustedes el 15 de diciembre de 1976 al votar en referéndum la

ley para la Reforma Política, que abrió la puerta a la gran esperanza de la

democratización de España.

Prometí que desde el 15 de junio de 1977 serían nstedes, a través de sus

representantes libremente elegidos, los que gobernasen los destinos de España.

Y así, desde esa fecha, el Gobierno, los diputados y los senadores que ustedes

eligieron se han afanado en cumplir el mandato que recibieron de su pueblo.

Prometí, en fin. que todos los hombres y mujeres de U. C. D. y yo, como

presidente, lucharíamos con todas nuestras faenas para que, en colaboración con

las demás representaciones parlamentarias, elaboráramos una Constitución basada

en la libertad, la justicia, la igualdad y la solidaridad; que enterrase

definitivamente las «doe Españas» y condujese a España, unida en la rica y

profunda variedad de sus pueblos, hacia nuevas metas de paz y de progreso.

Pienso, sinceramente, que si ustedes dan el voto afirmativo, pasado mañana los

españoles dispondremos de una norma suprema de convivencia que amparará a to-dos

por igual.

SEGUIMOS TENIENDO PROBLEMAS

Nada se nos ha regalado; hemos tenido y seguimos teniendo grandes problemas. Ni

un solo paso hemos dado sin sentir sobre nuestras espaldas el peso de las

dificultades y, a veces, de las incomprensiones.

- Sin sentir el duro peso de los problemas económicos, en parte

heredados del pasado, en parte consecuencia de la crisis mundial.

- Sin sentir el peso de los temores y la desconfianza, que a mi

juicio, son graves enemigos de la convivencia pacífica.

- Sin sentir también el amargo peso del terrorismo, que ha intentado

frenar con sus acciones cada paso hacia mayores cotas de libertad, porque sabe

que puede poner en peligro un proceso de transición política, pero que será

inoperante en una España consolidada democráticamente.

Nada se nos ha regalado, pero los españoles hemos sido capaces de instaurar de

nuevo la esperanza. Éste es, en mi opinión, el auténtico sentido del proyecto de

Constitución que ustedes van a refrendar.

Ustedes saben que un país democrático necesita una ley suprema que guíe y

oriente la vida política, social y económica; una

Constitución que recoja todas las libertades y derechos y señale a la vez los

compromisos y obligaciones, tanto a nivel personal como social.

LA SOBERANIA DEL PUEBLO

Pues bien, eso es lo que las Cortes han elaborado a través de los legítimos

representantes de todos ustedes, y la Constitución qne vamos a votar es la

reafirmación solemne de que la soberanía reside única y exclusivamente en el

pueblo español.

Esta Constitución rompe el mito de la España diferente, de la España

ingobernable, de la España anárquica.

El testo constitucional está jalonado de compromisos de futuro, de actitudes

integradoras y es la expresión última de la voluntad de los españoles de

convivir y de gobernarse a sí mismos.

Al pedirles que voten afirmativamente a la Constitución no les estoy pidiendo

que renuncien a sus más profundas convicciones, ni a sus ideas políticas; no

solicito su voto como expresión de confianza en una persona o en un determinado

partido. Si les pido el respaldo a una tarea realizada entre todos. Sí les pido

que tengan fe en el futuro de nuestra Patria, en la grandeza de sus gentes y en

el trabajo de sus hombres y mujeres. Votar sí a la Constitución creo que es

asegurar desde el presente nuestra futuro y el de todos aquellos que nos

sucedan.

Estoy seguro que ustedes, en sus hogares, en la intimidad de sus conciencias,

habrán sopesado y valorado el contenido de la Constitución. Durante todos estos

días hemos escuchado la valoración que del texto constitucional han hecho los

partidos, los grupos sociales y económicos e innumerables personalidades de

todos los estamentos de la vida nacional.

DE TODOS Y PARA TODOS

Yo quiero manifestar, como presidente del Gobierno y de Unión de Centro

Democrático, que esta Constitución ha nacido con el deliberado propósito de ser

de todos y para todos los españoles, propósito plenamente alcanzado, pues

también acoge para el porvenir a quienes han levantado su voz para formular

críticas o para manifestar su radical desacuerdo.

Hay quienes querrían ver en la Constitución con letras de molde determinadas

afirmaciones dogmáticas acordes con sus ideas, quienes querrían establecer

prohibiciones expresas y tajantes que otros españoles no comparten,

quienes querrían prohibir con la coacción jurídica actitudes Que han de tener

su cabida y su cauce en una sociedad libre y pluralista. Desgraciadanente éste

es el tipo de Constituciones que han caracterizado la historia constitucional

española. Constituciones en las que se reflejaban las ideas de unos

españoles vencedores de otros españoles. Constituciones fugaces en el

tiempo o sin aplicación en la práctica. Constituciones que, en definitiva, nos

condujeron una y otra vez al enfrentamiento civil y al conflicto armado.

MENSAJE DE SUAREZ AL PAIS

"LA CONSTITUCION POR SI MISMA NO RESOLVERA TODOS LOS PROBLEMAS

Con esta Constitución nos hemos propuesto recoger un sistema de ideas y valores

compartidos por las fuerzas políticas con representación parlamentaria, es

decir, por la representación de la inmensa mayoría de los españoles, y entre

esos valores los hay de honda raigambre en la ética de tradición cristiana, como

no podía ser de otra manera por el peso de nuestra historia.

Y es también el peso de nuestra historia lo que nos ha llevado a aceptar que la

Constitución, desde nna perspectiva política y como norma destinada a rerular la

convivencia y la vida pública, no puede ser otra cosa que la expresión de un

compro-miso entre las distintas fuerzas políticas que emergen del pueblo

español.

Precisamente por ser un compromiso básico de convivencia entre todos hay

cuestiones que la Constitución no resuelve, no puede resolver a Plena

satisfacción de todos. Y ello es así porque para comprender cómo un texto

constitucional debe enfocar ciertos temas es conveniente recordar previamente

que en un régimen democrático y pluralista, como el que establece la

Constitución española de 1978, se traslada la responsabilidad de la decisión

sobre los problemas de la comunidad política al pueblo español mediante el

ejercicio del dere-cho de voto en elecciones libres y perió-dicas.

AUTENTICOS CiUDADANOS

La Constitución hace de todos nosotros auténticos ciudadanos, responsables y

libres. Y será asumiendo plenamente la responsabilidad que se nos atribuye, como

habrá de decantarse la voluntad de la mayoría del pueblo español en cada caso o

en cada circunstancia. En el futuro tendremos que elegir responsable y

libremente un programa de gobierno votando a las fuerzas políticas que mejor

representen nuestras ideas, nuestros valores o nuestros legítimos intereses. Asi

es como los seres racionales y libres resuelven los problemas normales de la

vida pública y tal es el sistema que rige en las sociedades avanzadas de nuestro

tiempo.

En cualquier caso, no puedo dejar de afirmar que desde la perspectiva de Unión

de Centro Democrático, la Constitución es enormemente positiva. Y con el propio

texto constitucional en la mano no resulta difícil salir al paso de ciertas

críticas.

No es cierto que esta Constitución consagre el aborto, porque el artículo 15

dice textualmente que «todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y

moral». Y cuando se habla de «todos», no cabe excepción.

No es cierto que esta Constitución proclame el divorcio, porque el artículo 32

remite a una ley posterior el establecimiento de las formas de matrimonio y las

causas de disolución y separación. Y es claro que la fuerza de] principia de

libertad religiosa proclamado por el Concilio Vaticano II impide desde luego

imponer a todos los ciudadanos una única forma de matrimonio que en algunos

casos podría ir contra su conciencia religiosa.

No es cierto que esta Constitución prescinda de la familia, porque el artículo

39 afirma expresamente que los poderes públicos asegurarán la protección social,

económica y jurídica de la familia.

No es cierto que esta Constitución deje de garantizar la libertad de enseñanza,

porque por primera vez en la Historia constitucional española, el artículo 27,

tras proclamar qiue "todos" tienen el derecho a la educación, reconoce

solemnemente la liber-tad de enseñanza. interpretándose el alcance de estos

conceptos de conformidad con la Declaración Universal de los Derecbos Humanos y

los Tratados y Acuerdos internacionales sobre esta materia ratificados

por España.

NO ATENTA CONTRA LA UNIDAD

No es cierto tampoco, finalmente, que esta Constitución atente contra la unidad

de España, al tratar de las nacionalidades y regiones, porque el articulo

segundo proclama que la propia Constitución se fundamenta en la indisoluble

unidad de la nación española, patria común e indivi-sible de todos los

españoles.

De este modo, la Constitución deriva su propia validez de la unidad de la nación

española, entendida como realidad histórica superior y previamente existente a

la Constitución misma. Pero la Constitución de 1978 asume, eso sí, España en su

diversidad real, es decir, contempla España como realmente es, no como a algunos

les gustaría que fuese. Es la primera vez en nuestra Historia que se abre la

puerto a la solución, por vía de razón, de viejos problemas historícos. Por eso

la Constitución reconoce y garantiza el derecho a la autonomía en un marco

obligatorio de solidaridad, que evite o suprima privilegios y encauce el proceso

hacia situaciones de igualdad interregional.

Y por eso, también esta Constitución establece amplias posibilidades de

autogobierno y proclama su respeto y amparo hacia los derechos históricos de los

distintos pueblos de España, en el marco de la superior e indisoluble unidad de

la nación española.

Debo también referirme, como hombre de profundas convicciones católicas, y por

eso mismo esencialmente respetuoso con todos los que piensan de distinta manera,

a aquellas afirmaciones que en ciertos sectores de nuestra sociedad han

intentado presentar a la Constitución como contraria a una recta conciencia

cristiana.

Lo que ahora se debate no es el hecho religioso en sí, sino la valoración

política que necesariamente tiene que hacer el Estado en ese hecho religioso en

el seno de una sociedad pluralista y en el juego de las libertades que la

caracterizan.

CAMPOS DESLINDADOS

Afortunadamente, los máximos responsables de la iglesia católica española han

deslindada a tiempo los campos para prevenir que volviéramos a incurrir en

errores pasados.

Con el Concilio Vaticano II hemos entendida que «el establecimiento de los

fundamentos jurídicos de la comunidad política» compete a «todos» los ciudadanos

creyentes o no creyentes, y que «el bien común consiste primordialmente en el

respeto a los derechos y deberes de la persona humana.»

El Estado no puede discriminar a los ciudadanos por razón de sus creencias.

Frente al Estado doctrinario e intervencionista en la esfera de la conciencia

religiosa, tanto de signo confesional como de intención atea, que ha venido

vapuleando durante los últimos siglos nuestro proceso histórico, la misma

Iglesia católica nos ofrece la concepción cristiana de un Estado auténticamente

neutral, que garantice la libertad religiosa tanto en la esfera individual como

en la propiamente institucional de la comunidad; y no sólo la garantiza nuestra

Constitución, sino que previene la existencia de relaciones de cooperación con

la Iglesia católica y demás confesiones religiosas como establece en su artículo

16.

Tengo la seguridad, señoras y señores, de qne por primera ven en nuestra

Historia moderna se ofrece también en este campo una fórmula de convivencia que

va a superar el viejo dilema de clericalismo y anticlericalismo.

Por último, pienso que es falso e injusto calificar de atea a una Constitución

que respeta al hombre y al santuario de su conciencia. Una cosa es que para los

cristianos nuestra fe nos diga que el hombre y la sociedad tienen que rendir

culto a

Dios verdadero y otra cosa muy distinta que ese deber religioso haya de ser

establecido necesariamente con leyes coactivas del Estado que obliguen

indiscriminadamente a todas los ciudadanos, e incluso a aquellos que no profesan

nuestra fe.

Pienso que algo que es por su misma naturaleza civil como un ordenamiento

jurídico, será acatable para un cristiano si espresa, respeta y garantiza los

derechos y las libertades del hombre, tanto en su dimensión social como en

aquella vertical de sus convicciones respecto a las cuestiones últimas, si hace

posible la justicia, la convivencia y la puesta en práctica de los valores

religiosos.

Y afirmo que esos principios y valores están garantizados en la Constitución.

NO TODO HABRÁ CAMBIADO

Señoras y señores, si ustedes dan su voto afirmativo, pasado mañana todo será

diferente y, sin embargo, no todo habrá cambiado.

No todo habrá cambiado porque la Constitución no resuelve por sí misma los

numerosos problemas que tiene planteados España. Son muchos y graves los

problemas que tenemos que ir resolviendo.

Ante nosotros tenemos tareas tan importantes como la recuperación económica,

positivamente iniciada; la promoción de nuevos empleos, como perentoria y

urgente labor a realizar; la lucha firme contra la inflación: la reducción y

erradicación del cáncer terrorista y de las manifestaciones de violencia; el

continuo perfeccionamiento de nuestras estructuras de seguridad; la

instrumentación legal y operativa de las autonomías en un clima de sinceridad y

solidaridad; el amplio desarrollo legislativo de la Constitución, y la

consolidación e insulso del protagonismo español en la internacional.

Quiero sisgnificar que son evidentes los riesgos y que sigue siendo todavía

difícil el camino, pero me gustaría alertar a todos los españoles a que no

creyeran en aquellos que al presentar éstos y otros muchos riesgos lo hacen como

si fueran absolutamente irremediables. Naturalmente que los peligros pueden

acechar por todos los lados, porque la maravillosa aventura de vivir en libertad

y en justicia entraña ese riesgo, pero todos ellos son absolutamente superables

sí existe, como entiendo que existe, la voluntad de un pueblo que quiere, de una

vez para siempre, superar sus viejos antagonismos, y colectivamente, desde sus

más intimas convicciones y desde el pluralismo de sus legítimas opciones

políticas, está dispuesto, con el trabajo y el esfuerzo, a lograr las cotas de

la modernidad que todavía no hemos alcanzado en los terrenas económicos,

sociales y culturales.

Desde la perspectiva de U. C. D. yo afirmo que, conseguida la libertad, vamos a

alcanzar también ilusionadamente la justicia; que poco a poco irán

desapareciendo las injusticias y privilegios que todavía existen y que lo

haremos desde la referencia a nuestras más íntimas convicciones y principios.

Y he dicho antes que pasado mañana, si ustedes dan su voto afirmativo, todo será

diferente, porque nos habremos dado una nueva forma de convivencia en la que

habrá un oído atento para cada reivindicación justa y en la que habrá un camino

seguro para cada proyecto de vida.

ORGULLO

Señoras y señores, hace muy pocos días Su Majestad el Rey manifestaba su orgullo

de ser español, y, efectivamente, pienso que todos nosotros tenemos que sentir

ese mismo orgullo. Orgullo:

De servir a un pueblo solidario, que ha escrito una Constitución solidarla.

De servir a un pueblo generoso, que quiere aprobar una Constitución en la que

ca-

De servir a un pueblo que quiere hacer de la Justicia la base de la sociedad.

De servir a un pueblo libre, que se ha dado una Constitución de libertades.

De servir, en fin, a un pueblo antiguo, pero joven, que proclama desde la

Constitución su voluntad irrenunciable de gobernarse a sí mismo.

Creo que todos debemos participar en ese orgullo.

El orgullo de una Constitución que no impone nada contrario a nuestros

principios; que es fiel reflejo del verdadero modo de ser del pueblo español.

Que establece definitivamente la concordia, la comprensión v el respeto a los

puntos de vista contrarios.

El orgullo de una Constitución que va a terminar para siempre con la dialéctica

de vencedores y vencidos, sometiendo las relaciones entre los españoles al

imperio de la ley en la libertad, la justicia y la solidaridad.

Pasado mañana, gracias al poder moderador de la Corona, a la madurez del pueblo

español y a la responsabilidad de los partidos políticos, todos seremos

protagonistas de nuestra historia.

Pasado mañana todos estamos convocados a inaugurar de nuevo la esperanza.

Estoy convencido de que votar afirmativamente a la Constitución es el mejor

servicio que podemos hacer a la grandeza de nuestros pueblos.

Porque España lo necesita, yo, sinceramente, les pido que acudan a votar y les

pido que votensi con optimismo y esperanza a esta Constitución de la concordia.

 

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